NUESTRA CONFIANZA EN DIOS NOS RENUEVA

Por: Héctor E. Contreras.

hector.contreras26@gmail.com

Salmo 1:1-3 y Ezequiel 47:12.

En su carta a la iglesia de Éfeso, el apóstol Pablo dice: “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”, Efesios 2:20. Hechura, del griego “poiema”, del verbo poleo, que es igual a “hacer”. Poiema hace énfasis en Dios como diseñador-Maestro en el creyente. Antes de nuestra conversión, nuestras vidas no tenían razón ni rima. La conversión a Cristo Jesús nos trajo equilibrio, simetría y orden. Todos somos poema de Dios, su obra de arte más perfecta que pueda existir. Es lo que nos enseña el salmista en el verso 3 del Salmo 1. Crecer una planta junto a corrientes de agua siempre será una bendición, porque nunca faltará la fuente que alimenta sus raíces. Al recibir la bendición del agua el fruto nunca llega tarde, siempre a su tiempo, sus hojas nunca caerán y al final; todo el tiempo será próspera. 

Esta prosperidad, la cual viene de Dios, si fluye en la naturaleza de un árbol, mucho más abundará en ti, en tu vida, en tu familia, en tu progenie, negocios, empleos y por último, en tu salud. ¿Qué significan estas promesas? Significan que Dios desea bendecirte, pero es necesario que entiendas que ninguna promesa de Dios está exenta de alguna acción responsable de tu parte. Si quieres dar frutos y que estos prosperen, debes mantenerte junto a la fuente de Aguas Vivas y estas fuentes provienen de Jesucristo el Señor. Tomando de esa fuente, nunca más tendrás sed y serás un verdadero instrumento de bendición para todos los que te rodean. Jesús, en su conversación con la mujer de Samaria, junto al pozo de agua, le dijo: “Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna”, Juan 8:13-14. Te invito a que te acerques, con confianza y determinación a esa fuente de Agua Viva, que es Jesucristo en tu corazón y en tu vida. Verás y vivirás una vida renovada en Cristo Jesús. 

“Y Junto al río, en la ribera, a uno y otro lado, crecerá toda clase de árboles frutales; sus hojas nunca caerán, ni faltará su fruto. A su tiempo madurará, porque sus aguas salen del santuario; y su fruto será para comer, y su hoja para medicina”, Ezequiel 47:12. Un río sagrado salía de debajo del umbral y su corriente era dirigida hacia el oriente. Cuatro veces se miden mil codos de su trayecto mientras las aguas se elevaban hasta los tobillos, verso 3 de este mismo capítulo. Al final, se llega a un sitio demasiado profundo como para poder atravesarlo. Los árboles que crecen a lo largo de las riberas del río, proveen abundante fruto durante todo el año. Estos escritos sobre las aguas de las que fluyen bendiciones, puede que anticipen la obra del Espíritu Santo en las vidas de las personas que han confesado a Jesucristo como su Señor y Salvador y a la vez transformase en vidas renovadas por el poder de su sangre.

La Biblia dice: “He aquí vienen días, dice Jehová, en que el que ara alcanzará al segador, y el pisador de uvas al que lleve la simiente; y los montes destilarán mosto, y todos los collados se derretirán”, Amós 9:13. Una descripción poética de la fertilidad de la tierra y de la seguridad y estabilidad en que vivirá el pueblo de Dios, especialmente en su reino futuro. Se considera que esta bendición marca el punto de viraje en la vida del creyente en Jesucristo. Tanto al segador como al que lleve la simiente, las bendiciones que recibirán serán de tal magnitud que Amós las compara con una tierra que produce tan prontamente y tan grandes cantidades, que se hace difícil concluir un ciclo de cosecha antes de comenzar el siguiente ciclo. Dios desea que tú seas ese hombre, esa mujer de fe, que recibas la confianza y aceptes la certeza de que Dios puede transformar tu vida y renovarte conforme a sus propósitos en gloria para contigo, y así, esta renovación te lleve a alcanzar grandes metas para tu vida, también para tu familia y todos los que a ti se acerquen.

“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado, Y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas. Que da su fruto a su tiempo, Y su hoja no cae, Y todo lo que hace prosperará”, Salmo 1:1-3. 

Es un privilegio para la persona que llega a alcanzar todas las promesas descritas en tan solo tres versos de este salmo. Si andamos en armonía y conforme al corazón de Dios, viviremos rodeados de bendiciones .

¿Es posible alcanzar todas estas promesas como hombre o mujer? En lo humano, es casi imposible lograrlas. Pero si permanecemos junto a las corrientes de Agua Viva, podemos alcanzar esto y mucho más. Existe un río de vida que fluye para la vida y esta vida es eterna en Cristo Jesús. “El árbol fue azotado varias veces por rayos. Este árbol era una masa de pulpa gris a causa de las lesiones recibidas. El árbol se ve herido, desfigurado, destruido y casi caído; pero vaya sorpresa; al levantarme por la ventana de una hermosa mañana, pude notar una pequeña rama de un verdor asombroso desde abajo del tronco”, Rebeca Canfield. Somos muchos los que hemos sido azotados, heridos, despreciados; nos hemos visto casi al borde de caer en la una profunda hendidura, sin embargo, nuestro Dios nos ha dado la oportunidad de un nuevo renacer a la vida, como la historia de este árbol azotado por los rayos feroces, llevándolo casi a la destrucción. 

Dios te brinda hoy la oportunidad de renovarte a una nueva dimensión de vida en él y vivir esta renovación para su gloria y crecimiento sano y robusto para ti. Como el árbol de esta historia, tienes el potencial de Dios para crecer, luchar y nutrir a otros, siempre que permanezcas junto a la fuente de agua que viene de Dios. Te invito, en el nombre de Cristo Jesús, a que busques de todo corazón ese nuevo renacer, ese nuevo crecimiento y te conviertas en el renuevo con un verdor nunca visto, porque este verdor viene de Dios por medio de Jesucristo su Hijo. 

Hace algunos años que cantábamos en nuestra congregación un coro que dice más o menos así: “Hay un río de vida que fluye en mi, que hace al ciego ver y al cojo andar, al cautivo libra de su prisión, hay un río de vida que fluye en mi”. Te invito a que seas y vivas como este coro de ayer. Serás una persona diferente a partir del momento en que dejes que la vida de Cristo fluya en todo tu ser.

Que la gracia de Dios Padre, del Hijo y del Espíritu Santo viva en cada vida, ahora y siempre. ¡Sean bendecidos del Señor, mis amados! 

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