Por: Héctor E. Contreras.
San Juan 8:31-32.
Este domingo, contaremos a 27 de Febrero, día de regocijo nacional, porque en toda nuestra nación celebraremos el 178 aniversario de nuestra Independencia. Durante 22 años fuimos subyugados por Haití, llevándonos a ser esclavizados por ellos durante todos esos años. Cuando una nación es asaltada por otra, sus habitantes son llevados al temor, a la vergüenza; casi al abandono de lo que es la vida republicana. Hoy, gracias a Dios, a hombres y mujeres con ideales de libertad, llenos de coraje y valor, podemos levantar nuestro estandarte en el lugar más alto, porque a partir del aquel glorioso 27 de Febrero, llegamos al final de nuestra esclavitud bajo el dominio haitiano. Ellos, nuestros héroes, supieron forjar en sus mentes y corazones luchar por alcanzar la liberación de nuestro país. En nuestra enseña tricolor están escritas las palabras: Dios, Patria y Libertad. Fueron palabras pronunciadas por uno de los hombres patrios antes de tirar el trabucazo que anunciaría, llegada la hora, de tan magno acontecimiento. Este hombre fue Francisco del Rosario Sánchez y al instante Ramón Matías Mella lanzó al aire con orgullo, valor y gallardía de hombre de guerra lo que iniciaría nuestra liberación. ¡Somos libres! Gracias a Dios y aquellos que ofrecieron todo por nuestro País. ¡Vivamos la libertad Nacional!
“Mucho me regocijé porque he hallado a algunos de tus hijos andando en la verdad, conforme al mandamiento que recibimos del Padre”, II-Juan 1:4. El anciano apóstol nos habla de regocijarse porque ha hallado a algunos que han conocido la verdad. ¿Cómo se llega a la verdad y cómo andar en ella? La respuesta la encontramos en el siguiente verso, que reza así: “Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos”, Juan 8:31. Permanecer en su palabra, sólo es posible alcanzarla en el momento en que le confesamos a él, a Jesucristo. Es por tal razón, sus palabras dirigidas a los judíos que habían creído y confesado su nombre. Primero es creer y segundo, confesar y permanecer fieles a Dios mediante Jesucristo, quien derramó su sangre preciosa en la cruz del calvario para llevarnos a esa libertad gloriosa.
El evangelio no es selectivo, es decir, tú, yo y los demás. El evangelio de Jesucristo es para todo aquel que le confiese y viva en sus propósitos. Dios nos llama a andar en su verdad. Hoy es el tiempo ideal, propicio para que tú, que ahora lees estas líneas, des el inicio al caminar por el camino que te lleva a la independencia de tu alma, de tu espíritu, también a la salvación.
“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte”, Romanos 8:1-2. Al final del versículo 2 nos dice: “Me ha librado de la ley del pecado y de la muerte”. Toda libertad conlleva un sacrificio; una entrega. Cuando Pablo dice: “me ha librado”, nace del griego “eleutheroo”, que equivale a libertar, redimir, dejar en libertad. Cuando hablamos de libertad y redención, debemos entender que la redención tiene una acepción específica. Se da a entender así el gesto asumido por Jesucristo, el Hijo único de Dios, al ofrecer su vida para la salvación de toda la humanidad. Su muerte equivale al ofrecimiento de su propia vida para la salvación, la redención y la plena libertad de aquellos que le confiesen.
En los tiempos de la esclavitud, principalmente en los Estados Unidos de Norte América, los esclavos eran vendidos al mejor postor; estos debían servir un tiempo al que se convirtiera en su amo. El mundo por completo estaba y está aún, esclavizado por el pecado. Esta fue la razón por la cual Jesús entregó su vida, pagando así el precio de su propia muerte, la cual nos correspondía a nosotros, todo por el amor de Dios en beneficio de nosotros hoy y también ayer.
“Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”, San Juan 8:32. Mis amados del Señor, les recuerdo que el mismo Jesucristo es la “VERDAD”. Nuestra libertad se produce solamente por él, por nadie más. La palabra “conoceréis”, del griego “ginosko”, que es igual a “prognosis” “gnómico” “gnóstico”. Es percibir, entender, reconocer, ganar conocimiento, darse cuenta y llegar a conocer. Ginosko es el conocimiento que tiene un principio, un desarrollo y un logro. Es el reconocimiento de la verdad por experiencia personal.
Unos años atrás, CCN usaba una estrategia comercial invitando a todos los dominicanos a ser parte esencial de la dominicanidad. Su lema era: “Orgullo de mi tierra”. El 27 de febrero de cada año, debemos vivir a plenitud el ser dominicano. Cuando Ramón Matías Mella lanzó al aire su memorable trabucazo en la Puerta de la Misericordia, a partir de esta gloriosa y memorable noche, todo lo que significaba esclavitud, quedó al otro lado de la frontera, porque era imposible que ambas culturas, es decir, la haitiana y la nuestra, convivieran en igualdad de condiciones y en el entorno del siglo XIX y las circunstancias prevalecientes hace ya 178 años. Lo dominicano germinó al cabo de ese 27 de febrero de 1844. Nosotros ayer, como pueblo dominado por una nación extranjera durante 22 largos años, nosotros hoy, como pueblo, como nación totalmente libre, proclamamos nuestra libertad, nuestra independencia, gracias a Dios y también a los que lucharon por esta causa gloriosa.
Como creyentes en Jesucristo, también debemos enfocarnos en nuestra liberación del alma, del espíritu y del pecado. Celebremos nuestra libertad, nuestra independencia como dominicanos. También les hago la recomendación más preciada y es venir a los pies de Jesucristo, confesando sus pecados delante de su presencia, para así alcanzar la libertad plena que nace de él.
Te invito a que vivas con orgullo, con gallardía y valor, el ser dominicano; pero vive también, sin temor, el ser un hijo de Dios por medio de Jesús el Señor, dador de la vida. “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”, Juan 8:32. “Jesús le dijo: Yo soy el camino, la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”, Juan 14:6. Con estos versos finalizo este breve mensaje, con la esperanza de que cada lector pueda encontrar en Jesucristo la verdadera independencia de su alma y de su espíritu.
Que la gracia de Dios, del Hijo y del Espíritu Santo brille en cada vida, ahora y siempre. ¡Sean bendecidos, amados del Señor!




