NUESTRA VIDA.

Por:  Héctor E. Contreras.

San Mateo 7:13-14.

¿Es en realidad nuestra la vida? Entiendo que, aunque muchas veces nos ufanamos de lo que somos en nuestro diario vivir, no nos pertenece. La vida viene de Dios, por ende, pertenece a Dios. Job declara: “El espíritu de Dios me hizo, Y el soplo del Omnipotente me dio vida”, Job 33:4. Estas palabras, reafirman esta gran verdad: ¡La vida es de Dios! La declaración del mismo Dios nos confirma lo escrito por Job, cuando la Biblia dice: “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente”, Génesis 2:7-8. “Del polvo de la tierra” implica que no hay nada especial en los elementos químicos que constituyen nuestros cuerpos. El cuerpo es una cáscara inanimada hasta que Dios le da vida con su “aliento de vida». Cuando Dios elimina su aliento de vida, nuestros cuerpos regresan una vez más al polvo. Por tanto, la vida y el valor del hombre provienen del Espíritu de Dios. Muchos se jactan de sus logros y habilidades, como si fueran ellos los que originan sus propias fuerzas. Otros se sienten inútiles, porque sus habilidades no se destacan. En realidad, nuestro valor proviene, no de nuestros logros, sino del Dios del universo que elige darnos el regalo misterioso de la vida. Él valora tu vida, haz tú lo mismo. 

El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas. Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación, para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros. Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos”, Hechos 17:24-28. Estas son algunas de las palabras del apóstol Pablo cuando se encontraba frente a los atenienses en el Areópago, donde pudo leer la inscripción: “AL DIOS NO CONOCIDO”. 

Aquí yo destaco las palabras “pues él es quien da a todos aliento de vida” y “Porque en él vivimos, y nos movemos”. Al final de su discurso, motivó una reacción mixta: algunos se rieron, otros buscaron más información sobre lo hablado y un pequeño grupo creyó. ¿Quieres tú en este momento confesar a Cristo como tu Salvador? Al hacerlo encontrarás la verdadera vida, que es Él mismo. Quien dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”, Juan 14:6. Jesucristo no sólo es la vida, sino también el camino y la verdad. En Cristo Jesús encontramos todo lo que encierra todo nuestro ser. ¡Bendito sea Dios!

Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria”, Colosenses 3:3-4. ¿Qué significa que la vida del creyente está escondida con Cristo en Dios? Escondida significa oculta y segura. No es sólo un deseo futuro, sino un factor ya consumado. Nuestro servicio y conducta no ganan nuestra salvación, pero son consecuencia de ella. Con esto te digo que, puedes estar tranquilo porque tu salvación es segura y sí vives cada día para Cristo Jesús. Para el apóstol Pablo, demostrar el poder transformador del evangelio sobre las vidas de la gente, era tan importante como defenderlo del error. Los creyentes pueden cumplir diariamente el mandato de centrar su atención y afecto en las cosas espirituales gracias a su identificación con Cristo, al morir al pasado y al poder que en el presente reciben a causa de la resurrección de Jesús. Ayer fueron los colosenses, hoy puedes ser tú. Te recuerdo que, Cristo es y puede ser tu vida hoy. En el verso 4 encontramos la palabra: “manifieste”, del griego “phaneroo”, que es igual a poner al descubierto, revelar, descubrir, hacer visible, hacer conocido lo que había estado escondido, sin conocerse, traer a la luz. Phaneroo nos habla de la manifestación de Cristo, cuando le vemos en la plenitud de su expresión de su gloriosa naturaleza. ¡Glorioso es Jesucristo el Señor! ¡Aleluya!

Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan”, San Mateo 7:13-14

La puerta a la vida eterna es “estrecha”, ahora bien, esto no significa que sea difícil ser creyente en Jesucristo. El asunto está en formalizar una relación estrecha con Jesucristo. Significa que existen muchas maneras de vivir la vida; pero un solo camino para vivir eternamente con Dios. Creer en Jesús es el único camino al cielo, porque solo Él murió por nuestros pecados y nos hizo justos delante de Dios. Vivir a su manera puede no ser fácil, pero siempre es bueno y es lo correcto. Nuestro Señor, Jesucristo, motiva a sus discípulos a vivir en justicia, haciendo énfasis en que esa vida surge del corazón que tiene amor y confianza, más que de la observancia de un código externo de ética. Esto revela que, las diferencias entre una conducta correcta basada solamente en la Ley y las obras de justicia que proceden del corazón de una nueva vida nacida en Cristo Jesús. Por tanto, debes tener conciencia de que tu comportamiento revela cuáles son tus relaciones con Jesús. Nunca subestimes la obediencia y conoce que muchos que esperan la aprobación divina serán en su lugar censurados, o quizás condenados. En la obediencia está la seguridad de una vida sobreabundante en Cristo Jesús. 

“¡Vamos ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos, y ganaremos; cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece. En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello”, Santiago 4:13-15. Es bueno tener metas, pero las metas nos pueden decepcionar si dejamos a Dios fuera de ellas. No vale la pena hacer planes como si Dios no existiera, porque el futuro está en sus manos, no en nosotros. ¿Qué te gustaría estar haciendo dentro de diez años? ¿En un año más? ¿Mañana? ¿Cómo reaccionarías si Dios interviniera y modificara tus planes? Te invito a que planifiques por adelantado, pero no te aferres mucho a tus propios planes. Si pones los deseos de Dios en el centro de tus planes, Él nunca te decepcionará. La vida es corta por mucho que vivamos. No te engañes al pensar que tienes mucho tiempo para vivir por Cristo, para disfrutar con tus seres queridos o para hacer lo que tú sabes que debes hacer. ¡Vive para Dios hoy! Luego, sin importar cuánto dure tu vida, habrás cumplido con el plan que Dios tenía para tí. El plan de Dios es perfecto para tí; para tu futuro en familia, empresarial o en estudios. ¡Dios es Bueno! Y su misericordia es para siempre. 

Que la sobreabundante gracia de Dios Padre, del Hijo y del glorioso Espíritu Santo, esté en sus vidas. 

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