Por Roger Figueroa.
“Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia” Santiago 1:2-3.
Batallas que nos quitan las fuerzas, vientos extremos que nos debilitan y atmósferas que nos quieren robar la llave para agradar a Dios: la fe. Pero sin darnos cuenta todos los días somos probados, somos examinados por el Creador del cielo y de la tierra con el único propósito de sacar lo mejor de nosotros a fin de que seamos perfectos y cabales para toda buena obra.
Lo que más me impacta de nuestro Señor es que en todas las circunstancias de nuestras vidas él tiene paciencia y hasta más fe que la que poseemos porque cuando dejamos de mirar su rostro su palabra nos recuerda lo siguiente: Esfuérzate y sé valiente; Yo estoy contigo; no desmayes; confía en mí. Además, Cristo sabe lo que ha depositado en nosotros y por ello no se sabe rendir.
Puede ser que tus hijos ya no te quieran obedecer, que tu familia no esté en pie, que el amor en tu relación de pareja esté menguando, o aún peor, algún familiar ha fallecido. Hoy no importa las difíciles temporadas, pues, te tengo buenas noticias: Dios quiere ayudarte en esa situación y te encomienda a anclarte firmemente en él. Tú tienes armas (la biblia, la oración y la adoración) para vencer gigantes y todo aquello que pretenda robarte la paz.
¿Qué tal si en vez de dar vueltas al problema descansas en su presencia? ¿Qué te parece si comienzas a dar pasos de fe?
Recuerda: Cristo te levanta, te renueva y te da nuevas fuerzas para destruir fortalezas enemigas. Su palabra es viva, su palabra es eficaz y es el instrumento más letal para tus batallas derribar.
¡No te rindas. Avanza. Te desafío a creer!





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