Perseverando con propósitos

Por: Héctor E. Contreras.

hector.contreras26@gmail.com

Santiago 1:22-25.

“Era duro llegar de la escuela y no encontrar qué comer. La vida no tiene que ver con lo que ocurrió, la vida está atada a lo que te espera. Yo vivía en una casita azul de madera, con el baño, digo era, una letrina, afuera de la casa. No tenía ninguna comodidad, nada. Solo tenía el amor de mi papá, ese hombre que es mi debilidad. Porque, aunque había muchas carencias, lo que aparecía era para los tres, mi papá, mi hermano y yo. Crecí sin madre. Cuando tenía siete años, ella se fue a su pueblo, porque es de San Cristóbal y nunca se acostumbró a vivir en ese campito. Volví a verla a los 14 años. Luego logramos una hermosa relación. Mi madre me pagó mi universidad y me ha apoyado en todo”. Este es parte del testimonio de la joven Paloma Almonte, periodista y modelo profesional.  

Por causa de esto los judíos, prendiéndome en el templo, intentaron matarme. Pero habiendo obtenido auxilio de Dios, persevero hasta el día de hoy, dando testimonio a pequeños y a grandes, no diciendo nada fuera de las cosas que los profetas y Moisés dijeron habían de suceder”, Hechos 26:21-22. Perseverar en lo que tú crees, practicando tu verdadera vocación de lo que deseas alcanzar en tu vida, te llevará a ser en el futuro lo que jamás pensaste llegar. Testificar de lo que has conocido, hablando verdad a los que te escuchan, recibirás el cuidado y auxilio de Dios para triunfar. Sobre este tema, el doctor Lucas escribió lo siguiente: “Entonces les dijo: ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria? Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían”, Lucas 24:25-27. La torpeza intelectual e insensatez procedía de la falla en reconocer que las Sagradas Escrituras anticiparon la necesidad de los sufrimientos del Mesías. La torpeza de la que nos habla Lucas, no debe llevarnos a no reconocer lo que Dios nos habla por medio de su Palabra, la Santa Biblia. 

Pero sí debe conducirnos a perseverar con propósitos definidos de lo que verdaderamente queremos alcanzar.  Perseverar, persistir en tu mente y corazón, es lo que te llevará a ser lo que debes ser en Cristo Jesús.

Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en todo lo que hace”, Santiago 1:22-25. Es muy importante saber lo que la Palabra de Dios dice, pero es mucho más importante obedecerla. La eficacia de nuestro tiempo de estudio bíblico puede medirse por el efecto que tiene nuestra conducta y nuestras actitudes. ¿Pone usted en práctica lo que ha estudiado? Parece paradójico que una ley pueda darnos libertad. Pero la ley de Dios destaca nuestro pecado y nos da la oportunidad de pedir perdón a Dios. Los cristianos somos salvos por la gracia de Dios. La salvación incluye la libertad del dominio del pecado. El creyente es libre para vivir como Dios se propuso al crearlo. Desde luego, eso no significa que sea libre para hacer lo que le plazca. Ahora, la libertad que viene de Dios por medio de Cristo Jesús, es para obedecer y sujetarse a él. 

El apóstol Pablo, escribiendo sobre ésto nos dice: “¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás. Mas el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, produjo en mí toda codicia; porque sin la ley y el pecado está muerto”, Romanos 7:7-8. Es posible que el lector se pregunte, ¿qué tiene que ver todo esto con la perseverancia? ¿Cómo estar bajo la gracia de Dios sin una esperanza, sin un propósito a seguir y vivir dentro del pecado? ¿Es posible alcanzar metas sin esfuerzo? La declaración de Pablo de que “estamos libres de la Ley”, verso 6, suscita la cuestión de si la ley es pecado. Su reacción es de horror, inmediatamente comienza a mostrar cómo la Ley de Dios es buena, suponiendo que comprendamos su función, que es revelar y enseñar lo que es justo, incapaz en sí misma de dar frutos de justicia, expone sin embargo la realidad del pecado. 

Porque sin la ley el pecado está dormido, pero la Ley de Dios despierta el deseo de hacer lo que ella prohíbe. Lo mismo le sucede a todo cristiano.

“Aunque he vivido momentos duros, nunca dejé que ellos se llevaran mi ilusión. Aun cuando me regalaban los uniformes, tallas más grandes que la mía, yo los cuidaba para que no se me arrugaran. Iba a la escuela dispuesta a aprender y a comer de los “chulitos” de doña Basilia”. Desde un campito llamado Camú, de Puerto Plata, donde a los siete años pudo disfrutar de la luz eléctrica, Paloma Almonte creció y desarrolló sus talentos con disposición y perseverancia en lo que ella se disponía alcanzar en el futuro. ¿Por qué logró alcanzar sus metas y propósitos? Porque siempre supo sujetarse a su padre en obediencia. La obediencia es lo que marca la Ley de Dios. No es una Ley del yugo sobre el cuello de la persona, sino una Ley que nos conduce a la libertad gloriosa que es en Cristo Jesús. Al final de su testimonio, Paloma Almonte dijo estas palabras: “La vida está atada a lo que te espera”. Sobre ésto, se podría mencionar al apóstol Pablo cuando escribió: “No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús”, Filipenses 3:12

Finalizando, dejo otro ejemplo de perseverancia, de esfuerzo y valor, veamos: “Cuando vas perdiendo, sigues, no queda  otra. O te dejas ir y estás en la ducha en cinco minutos. Puede intentarlo, luchar y al menos darte una opción. Puedo fallar con la raqueta, pero no con la cabeza”, Rafael Nadal, tenista español. 

Isaías escribió, inspirado en Dios ésto: “Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre tí”, Isaías 60:1. Que te has caído, si. ¿Te quedaste en el suelo, llorando, quejándote de impotencia o te levantaste y continuaste hacia donde ibas? Seguro que no. Como la joven del testimonio y las palabras de Nadal; además de todo lo que la Biblia nos enseña, es el tiempo de continuar y decir como el apóstol Pablo: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”, Filipenses 4:13

En Cristo somos más que vencedores por medio de aquél que nos amó. Levántate, sin temor alguno, porque Dios es tu estandarte que va delante de tí y te dice: ¡Tú puedes

Que la gracia de Dios Padre, del Hijo y del Espíritu Santo reine en cada vida, ahora y siempre. ¡Bendiciones abundantes, amados del Señor!

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here