Cuando Gustavo Petro llegó a la Presidencia de Colombia en agosto de 2022 lo hizo con una promesa que hilvanaba toda su campaña: el “cambio”. El primer mandatario de izquierdas elegido democráticamente en la historia reciente del país aseguró que acabaría con las viejas prácticas políticas, combatiría la corrupción y pondría fin a la violencia mediante su ambiciosa estrategia de “Paz Total”.
Cuatro años después, el dirigente abandona la Casa de Nariño envuelto en una de las despedidas más convulsas que recuerda la política colombiana. Lejos de reivindicar únicamente su legado, Petro ha centrado sus últimas intervenciones en denunciar un supuesto fraude electoral que, según sostiene sin aportar pruebas verificadas, habría arrebatado la victoria al candidato de izquierdas Iván Cepeda para entregársela al presidente electo, Abelardo de la Espriella.
En sus últimas comparecencias y mensajes publicados en redes sociales, el todavía presidente ha insistido en que el escrutinio fue manipulado mediante un supuesto software israelí financiado, según su versión, con dinero procedente del narcotráfico y de servicios privados de inteligencia. Petro sostiene que «Colombia eligió a Iván Cepeda«, una tesis que choca con las conclusiones de las autoridades electorales y de los observadores nacionales e internacionales, que validaron el proceso electoral sin detectar irregularidades que alteraran el resultado.
El mandatario también ha endurecido su discurso político en las horas previas a abandonar el cargo, llamando a la ciudadanía a defender la soberanía nacional y a organizar estructuras populares frente a lo que considera amenazas contra la democracia, unas declaraciones que han sido interpretadas por numerosos sectores políticos como foco de tensión en un país marcado por décadas del conflicto armado.
“Con dineros del narcotráfico de cocaína hacia Estados Unidos y con los dineros en la Inteligencia privada israelí, reemplazaron el voto real de la ciudadanía colombiana por un programa de software israelí que siempre hacía ganar a Abelardo de la Espriella como presidente de Colombia”, escribió el mandatario saliente en X.
Un Gobierno que prometía acabar con la corrupción
La regeneración institucional fue uno de los grandes ejes del proyecto político de Petro. Sin embargo, la recta final de su mandato ha estado marcada por investigaciones que afectan a personas de su máxima confianza y a miembros de su entorno familiar. El mayor golpe llegó con el escándalo de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), donde las investigaciones apuntan al supuesto desvío de fondos públicos destinados a emergencias para comprar apoyos parlamentarios.
La lista de personas investigadas o salpicadas incluye a antiguos colaboradores del presidente, altos cargos del Gobierno e incluso familiares directos. Entre ellos figura su hijo Nicolás Petro, procesado por presunto enriquecimiento ilícito y lavado de activos, además de responsables políticos cercanos al mandatario investigados por tráfico de influencias o corrupción.
A ello se suman las polémicas sobre contratos públicos firmados en los últimos meses de legislatura y los nombramientos realizados a contrarreloj antes del relevo presidencial, movimientos que la oposición interpreta como un intento de blindar la estructura administrativa heredada.
La Paz Total deja un balance muy distinto al prometido
Si existe un ámbito donde el contraste entre las expectativas y la realidad resulta más evidente es el de la seguridad. Petro aseguró durante la campaña que lograría desmovilizar rápidamente al Ejército de Liberación Nacional (ELN) y consolidar acuerdos con los principales grupos armados ilegales. Sin embargo, la evolución del conflicto ha seguido una dirección opuesta.
Las principales organizaciones criminales —entre ellas disidencias de las FARC, el ELN y el Clan del Golfo— han ampliado su presencia territorial y reforzado sus estructuras durante estos cuatro años.
Los informes oficiales muestran un incremento significativo del número de municipios bajo influencia de estas organizaciones y un crecimiento constante de sus efectivos, mientras las masacres y los episodios de violencia continúan afectando especialmente a las zonas rurales. La oposición sostiene que la estrategia de negociación impulsada por el Gobierno permitió a estas milicias fortalecerse durante los procesos de diálogo.
De la Espriella recibe un país profundamente dividido
El mandato de Petro también ha estado marcado por una elevada inestabilidad política. Durante estos cuatro años se produjeron decenas de cambios ministeriales, muy por encima de los registrados por anteriores administraciones, lo que dificultó la continuidad de muchas políticas públicas. A ello se añadieron frecuentes polémicas derivadas de retrasos en actos oficiales, mensajes publicados de madrugada en redes sociales y una relación cada vez más tensa con amplios sectores institucionales y económicos del país.
La crispación política terminó convirtiéndose en uno de los rasgos dominantes del mandato, que amagó con reformas de gran calado como la de la salud o la pensional, sin mencionar los constantes amagos de sacar adelante una Asamblea Constituyente para transformar el Estado.
Este viernes, Abelardo de la Espriella asumirá oficialmente la Presidencia con un escenario especialmente complejo. Además de la delicada situación fiscal y del deterioro de la seguridad, deberá gestionar una fuerte polarización alimentada por las denuncias de fraude lanzadas por su antecesor, que continúa rechazando la legitimidad del resultado electoral.
El nuevo presidente ha prometido revertir buena parte de las políticas impulsadas por Petro, especialmente en materia de seguridad, lucha contra el crimen organizado y recuperación institucional. Su principal reto será reconstruir la confianza en unas instituciones que llegan al final del mandato de Gustavo Petro profundamente erosionadas por las disputas políticas y por los numerosos escándalos que han acompañado a un Gobierno que llegó al poder prometiendo transformar Colombia y que se despide dejando abierto un intenso debate sobre el verdadero alcance de su legado. @mundiario
