Los 36 participantes de la Champions League 2026-27 ya han presentado sus plantillas para la fase liga, que comenzará el próximo 8 de septiembre. Sobre el papel, cada entrenador dispone de una Lista A con un máximo de 25 futbolistas. En la práctica, esas 25 plazas no pueden repartirse libremente y ahí empieza uno de los pequeños quebraderos de cabeza que acompaña cada temporada al cierre del mercado.
La UEFA reserva ocho de las 25 posiciones para jugadores formados localmente. Por tanto, un club que quiera completar la lista necesita combinar hasta 17 futbolistas sin restricciones de formación con otros ocho que cumplan los requisitos establecidos por el organismo europeo. No hacerlo tiene una consecuencia directa: la plantilla disponible para la Champions se reduce.
Esos ocho jugadores tampoco pertenecen a una única categoría. La UEFA diferencia entre los formados en el propio club y los formados en la misma federación. Como máximo cuatro de las ocho plazas reservadas pueden cubrirse con futbolistas de la segunda categoría. En otras palabras, para aprovechar las 25 fichas completas resulta necesario disponer de, al menos, cuatro jugadores considerados formados por el club.
La definición no depende de la nacionalidad. Un futbolista cuenta como formado por el club si estuvo inscrito en él durante tres temporadas completas o 36 meses entre los 15 y los 21 años. Para ser considerado formado por la federación, el requisito temporal es semejante, aunque puede haberse cumplido en otros clubes pertenecientes a esa misma asociación nacional. Un extranjero puede, por tanto, ocupar una de esas plazas si desarrolló allí esa parte de su formación.
Ahí aparece la verdadera limitación. Si un equipo solo dispone de siete jugadores formados localmente, no puede sustituir la plaza restante por otro fichaje extranjero o por un futbolista que no cumpla los requisitos: su Lista A pasa a tener como máximo 24 nombres. Con seis, el límite efectivo cae a 23, y así sucesivamente. La UEFA no obliga a introducir jugadores que cumplan el cupo, pero tampoco permite utilizar esas posiciones para otra cosa.
Por eso las listas europeas pueden dejar fuera a futbolistas que sí forman parte con normalidad de las convocatorias en las competiciones nacionales. El problema no siempre es exclusivamente deportivo. La construcción de la plantilla, los años que cada jugador pasó en la cantera y la cantidad de incorporaciones realizadas durante el mercado terminan condicionando las decisiones del entrenador cuando llega el momento de entregar la relación definitiva.
Existe, sin embargo, una segunda vía: la Lista B. No tiene límite de futbolistas y puede actualizarse durante toda la temporada, hasta las 23:59 horas del día anterior a cada encuentro. Para formar parte de ella esta temporada, un jugador debe haber nacido desde el 1 de enero de 2005 y cumplir también requisitos específicos de permanencia previa en el club. Por eso determinados canteranos jóvenes no necesitan consumir una de las 25 plazas principales.
La Lista A tampoco permanece completamente congelada hasta el final del torneo. Una vez terminada la fase liga, cada club podrá incorporar hasta tres nuevos jugadores para las eliminatorias antes del 4 de febrero de 2027. Si esas altas provocan que se superen las 25 fichas, habrá que retirar a otros futbolistas y continuar respetando los mismos cupos de formación. Es el mecanismo que permite introducir fichajes del mercado invernal sin convertir la plantilla europea en una lista ilimitada.
Las listas de Champions son, por tanto, algo más que una relación de los mejores 25 jugadores disponibles. Premian la formación propia y penalizan indirectamente a las plantillas construidas casi exclusivamente mediante fichajes. Cada verano los clubes pueden invertir cientos de millones en reforzarse, pero cuando llega Europa existe una condición que el dinero no puede solucionar de inmediato: parte del espacio está reservado para futbolistas que llevan años vinculados a la estructura del club. @mundiario
