Por: Héctor E. Contreras.
¿Qué es una promesa? Es un pacto o un voto de compromiso entre personas. Cuando yo era niño se escuchaba mucho la palabra “promesa” y esta se cumplía con una vestimenta de una tela que en ese entonces se le llamaba “macario”. El macario era la tela que se usaba en los sacos de empaque de la harina de trigo. La gente compraba estos sacos para hacerse una vestimenta.
Al vestirse con este tipo de tela, la persona convertía este ritual en una devoción, que debía cumplir con un determinado “santo” o “virgen”. En lo personal, conmigo se intentó en varias ocasiones trasladarme al templo de una virgen en Las Matas de Farfán, algo que nunca se cumplió, gracias al Señor, porque mi madre se trasladó hacia la capital. Luego, después de años, yo conocí la verdadera promesa, a Jesucristo como mi Salvador. ¡Bendito sea mi Dios y Rey! ¡Gloria al que vive por siempre
“Aquel, pues, que os suministra el Espíritu, y hace maravillas entre vosotros, ¿lo hace por obras de la ley, o por el oír con fe? Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia. Sabed por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham. Y la escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En tí serán benditas todas las naciones”, Gálatas 3:5-8. Los gálatas sabían que habían recibido al Espíritu Santo cuando creyeron, no cuando obedecieron la ley. Muchas personas se sienten inseguras en su fe, porque la fe sola parece muy sencilla, por tal razón es que procuran acercarse a Dios por medio de reglas. El Espíritu Santo da a los creyentes un poder especial para vivir para Dios. Al confesar a Jesucristo, pasamos a formar parte de la familia de Dios y por ende, recibimos su bendición en cumplimiento a la promesa hecha a Abraham. Somos el pueblo de Dios a través de Jesucristo su Hijo. “En ti serán benditas todas las naciones”. ¡Qué gran promesa!
“Y dijo: Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo; de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos. En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz”, Génesis 22:16-18. “obedeciste mi voz”, de estas palabras, dichas por el mismo Dios a su siervo Abraham, de ahí nace la promesa del Señor, no sólo para Abraham en aquel tiempo, sino para nosotros en la actualidad. Después de bendecir grandemente a Abraham, Dios le dio la capacidad de conquistar a sus enemigos; también le prometió hijos y nietos después de ser ya un anciano. Lo más destacado de Dios a Abraham, su descendencia sería de bendición a toda la tierra. Sus vidas cambiarían al conocer la fe de Abraham. Muchas veces pensamos que las bendiciones son regalos que vamos a disfrutar, pero cuando Dios bendice, su bendición se extiende hacia otros. ¡Cuán difícil es obedecer! Pero la obediencia es la que nos lleva a la bendición y ésta viene de Dios.
“Haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra”, Génesis 12:2-3. Todo el cuadro del libro de Génesis cambia drásticamente al iniciarse el capítulo 12. Dejando a un lado el cuadro general en el que intervienen mucha gente, se centra en un sólo individuo. No es un gran rey ni un hacendado con mucha tierra y grandes riquezas. Se trata de un nómada que ni siquiera tiene hijos. Su nombre es Abraham.
Al llamado de Dios, Abraham abandona la civilización y se interna en el desierto donde pasa su vida vagando, yendo de un lugar a otro con sus rebaños, librando escaramuzas o batallas campales con la gente hostil que encuentra a su paso. Abraham tuvo que ser muy fuerte para sobrevivir. Pero en esto él no era muy especial; había muchos nómadas vigorosos que vagaban por el Medio Oriente. ¿Qué fue lo que hizo que este hombre llegara a ser tan importante? Primero, Abraham llegó a ser tan importante, simplemente porque Dios lo escogió. Segundo, después de la destrucción causada por el gran diluvio, Dios escogió a Abraham como cimiento de una nueva humanidad.
En varias ocasiones notables, Dios le habló directamente, prometiéndole que su familia sería muy grande e importante en la tierra en que se encontraba. Estas promesas eran muy difíciles de creer, ya que la esposa de Abraham era estéril y él estaba ya demasiado viejo. La segunda razón por la que Abraham llegó a ser tan importante, se desprende de la primera: Cuando Dios le hablaba, Abraham escuchaba y obedecía. Abraham no era un hombre perfecto; estaba muy lejos de serlo. En ocasiones se alejó del camino en el que Dios lo había puesto, incluso mintiendo o tratando de hacer que las promesas que Dios le había prometido se cumplieran a su propio modo. A pesar de todo, en los momentos decisivos de su vida, él supo escuchar la voz de Dios y obedecer. Estaba dispuesto a sacrificarlo todo por Dios, inclusive a su único hijo. Dios le puso su marca a Abraham, la marca de la circuncisión. A partir de entonces, los descendientes de Abraham iban a ser conocidos como el “pueblo de Dios”.
La vida de Abraham es una historia fascinante, con todas las características de la vida real, llena de malos sufrimientos, pero también de muchas bendiciones. Debo destacar que, la fe de Abraham y su obediencia a Dios es la raíz del judaísmo y también del cristianismo. En sus encuentros con Dios, podemos ver una verdad cruda, sin censura; no una religión inventada por un filósofo, sino que surge cuando el hombre se encuentra con Dios.
El apóstol Santiago, en su carta escribió: “Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios”, Santiago 2:23. La amistad nace de una relación y ésta se cultiva con el tiempo. Te invito a que des inicio a una relación sincera con Dios por medio de Jesucristo, para que así pases a ser llamado amigo de Dios. Entonces así, esa amistad te llevará a que todas las promesas de Dios se cumplan en tí.
Acércate a Dios y Él se acercará a ti y podrás experimentar por ti mismo la más grata experiencia que jamás has visto o soñado: Ser “amigo de Dios”.
Que la gracia de Dios guíe siempre nuestros pasos hasta llegar a la estatura de ser llamados amigos de Dios por medio de Cristo Jesús. Bendiciones, amados del Señor.


