Venezuela vuelve a mirar hacia sus calles. Estos últimos días, trabajadores, familiares de presos políticos, estudiantes, activistas y ciudadanos afectados por los apagones han protagonizado movilizaciones en distintos puntos del país. Las demandas no son idénticas, pero empiezan a converger en una misma sensación: la recuperación de la actividad política no ha resuelto las dificultades cotidianas de una población que continúa enfrentándose a salarios insuficientes, servicios deteriorados y restricciones políticas.
El fenómeno resulta especialmente visible este lunes. En Maracaibo, un contingente militar se desplegó en el puente sobre el Lago de Maracaibo para impedir que una protesta de trabajadores interrumpiera el tránsito. En Guayana, los obreros de las empresas básicas estatales levantaron una barricada para reclamar mejores ingresos. Y en Caracas, distintas concentraciones han llevado hasta las inmediaciones del poder reivindicaciones relacionadas con los presos políticos, las elecciones y el regreso de María Corina Machado.
La dimensión de esta nueva ola de movilización se aprecia también en los datos del Observatorio de Conflictividad Social. Según Marco Ponce, director de la organización, Venezuela pasó de registrar 160 manifestaciones en 2025 a acumular cerca de 4.200 en lo que va de 2026. Solo en agosto se contabilizaron más de 650, unas 22 al día, y aproximadamente un tercio estuvo relacionado con los cortes eléctricos.
Los apagones convierten el malestar cotidiano en protesta
La electricidad se ha convertido en uno de los principales detonantes de la protesta social. En ciudades como Maracay, Guanare, Barinas, Valencia y Maracaibo, los cortes se prolongan durante horas y afectan directamente la vida diaria.
El problema trasciende la incomodidad de quedarse sin luz. Los apagones condicionan el trabajo, las comunicaciones, la conservación de alimentos y el funcionamiento de otros servicios. Cuando las interrupciones alcanzan jornadas de 10 o 12 horas, el deterioro del servicio eléctrico deja de percibirse como un problema aislado y pasa a formar parte de una crisis más amplia sobre las condiciones de vida.
A esta situación se suman las reclamaciones laborales. Los trabajadores denuncian que los salarios y las pensiones permanecen congelados desde hace años y que una parte importante de sus ingresos depende de bonos. En Guayana, donde las empresas básicas estatales tienen un peso histórico, las protestas reflejan además el malestar de sectores que reclaman una mejora de sus condiciones económicas.
La calle vuelve a conectar las demandas económicas y políticas
Una de las características de las movilizaciones actuales es que las reivindicaciones comienzan a mezclarse. Una protesta por los salarios puede incorporar el reclamo por los servicios públicos; una concentración sindical puede terminar exigiendo elecciones; y una movilización por los presos políticos puede coincidir con la demanda de retorno de María Corina Machado.
Esa convergencia modifica el significado de las protestas. Ya no se trata únicamente de reclamar una solución concreta a un problema laboral o de servicios, sino de expresar un descontento más amplio con la situación del país.
En Caracas, la Coalición Sindical y familiares de presos políticos protagonizaron una movilización en la avenida Libertador. Entre sus exigencias estuvieron la mejora de salarios y pensiones, la liberación de detenidos por motivos políticos, un cronograma electoral y el regreso de Machado.
El dirigente sindical Carlos Salazar ha planteado incluso la celebración de elecciones presidenciales en diciembre y ha anunciado nuevas concentraciones. El objetivo declarado de los organizadores es mantener la presión en las calles y acercar sus protestas a los principales centros de poder.
María Corina Machado se convierte en otro foco de movilización
El regreso de María Corina Machado ha adquirido una dimensión propia dentro de las protestas. Sus seguidores han organizado caravanas y concentraciones después de que la dirigente denunciara dificultades para regresar a Venezuela.
La cuestión no se limita al desplazamiento de una dirigente opositora. Para sus seguidores, su retorno está relacionado con la posibilidad de recuperar una presencia política que consideran necesaria en el proceso de transición. Por eso, las movilizaciones en apoyo a Machado se han unido a otras reclamaciones relacionadas con elecciones y derechos políticos.
En este contexto, la calle funciona también como mecanismo para visibilizar asuntos que durante la etapa de mayor represión postelectoral habían quedado relegados. La multiplicación de las protestas muestra que una parte de la sociedad está aprovechando el nuevo escenario para volver a expresar públicamente sus demandas.
Una protesta más fragmentada, pero también más conectada
Marco Ponce sostiene que los venezolanos están utilizando la experiencia acumulada durante años de movilizaciones para identificar lugares de poder y dirigir allí sus reclamaciones. El cambio es relevante porque las protestas no siempre se limitan a las calles donde surge el problema, sino que buscan alcanzar instituciones y espacios vinculados con quienes los manifestantes consideran responsables.
También aparecen movilizaciones con varios motivos simultáneos. Salarios, pensiones, apagones, presos políticos, elecciones y regreso de Machado forman parte de una agenda que puede variar según la ciudad, pero que comparte un mismo trasfondo de descontento.
El resultado es una protesta social menos concentrada en una única reivindicación y más relacionada con la situación general del país. Su evolución dependerá, entre otros factores, de la capacidad de las autoridades para responder a las demandas económicas y de servicios, así como de la evolución de la apertura política iniciada tras la captura de Nicolás Maduro por Estados Unidos el 3 de enero.
Por ahora, septiembre deja una señal clara: la calle ha dejado de ser un espacio silencioso. Los apagones alimentan la indignación, la precariedad económica mantiene movilizados a los trabajadores y las demandas políticas vuelven a ocupar el espacio público. Venezuela atraviesa así una etapa en la que problemas que durante años avanzaron por separado empiezan a encontrarse en las mismas concentraciones. Y esa conexión puede convertirse en uno de los elementos más relevantes de la nueva fase de la crisis venezolana. @mundiario
