¿Quién es Fátima Mansouri? Marruecos da un giro histórico con la primera mujer en liderar el Gobierno

El nombramiento de Fatima-Zahra El Mansouri como jefa del Gobierno de Marruecos es, antes que nada, un acontecimiento político de alcance histórico. A sus 50 años, la hasta ahora ministra de Ordenación del Territorio, Urbanismo, Vivienda y Política de Ciudad y alcaldesa de Marrakech se convierte en la primera mujer que ocupa la jefatura del Ejecutivo marroquí y en la segunda mujer que alcanza un puesto equivalente en un país árabe, después de la tunecina Najla Bouden, que ejerció entre 2021 y 2023.

La decisión del rey Mohamed VI llega seis días después de unas elecciones legislativas en las que el Partido de la Autenticidad y la Modernidad (PAM) consiguió 97 de los 395 escaños de la Cámara de Representantes. La Agrupación Nacional de Independientes (RNI) obtuvo 66 y el Istiqlal 65. El resultado no proporciona al PAM una mayoría absoluta, por lo que Mansouri tendrá que negociar la composición de una coalición.

El mecanismo es importante para entender qué significa realmente este relevo. El artículo 47 de la Constitución marroquí establece que el rey nombra al jefe de Gobierno entre las filas del partido que ha quedado primero en las elecciones legislativas y atendiendo a sus resultados. Es decir, la designación de Mansouri no supone una ruptura del procedimiento institucional, sino la aplicación de la regla constitucional a una dirigente que, además, ocupa una posición central dentro del partido vencedor.

Mansouri no es una recién llegada a la política. Nacida en Marrakech en 1976, se formó en Derecho y ejerció como abogada antes de incorporarse plenamente a la actividad política. Estudió en la Universidad de Montpellier y desarrolló experiencia profesional vinculada al derecho empresarial y a las operaciones inmobiliarias.

Su primera gran señal de proyección nacional llegó en 2009, cuando, con 33 años, se convirtió en la primera mujer alcaldesa de Marrakech. Permaneció en el cargo hasta 2015 y regresó a la alcaldía en 2021. Ese mismo año entró en el Gobierno como responsable de Ordenación del Territorio, Urbanismo, Vivienda y Política de Ciudad. Desde 2024 ejerce además como coordinadora de la dirección colegiada del PAM.

Su trayectoria tiene, por tanto, una característica que puede resultar decisiva: combina experiencia municipal, parlamentaria, partidista y gubernamental. No llega al Gobierno desde fuera del sistema, como podía ocurrir con el tecnócrata Fouzi Lekjaa, sino desde una carrera política construida durante años.

La elección también despeja una de las principales incógnitas posteriores a las elecciones. Lekjaa, presidente de la Federación Marroquí de Fútbol y figura relevante en la preparación del Mundial de 2030, había aparecido durante la campaña como uno de los posibles candidatos a dirigir el Ejecutivo. Finalmente, el monarca se ha decantado por Mansouri, una dirigente con mayor recorrido político y orgánico dentro del PAM.

Un hito para las mujeres, pero no una transformación automática

Que una mujer llegue por primera vez a la jefatura del Gobierno constituye un cambio histórico en la representación política marroquí. Sin embargo, conviene separar el valor simbólico del nombramiento de sus consecuencias concretas.

Marruecos ha incorporado progresivamente a mujeres a puestos de responsabilidad durante el reinado de Mohamed VI, y Mansouri forma parte de ese proceso. Su llegada al Ejecutivo permitirá comprobar si el cambio de representación se traduce también en una mayor presencia femenina en los principales centros de decisión y, sobre todo, en políticas específicas sobre empleo, derechos, educación, vivienda y participación económica.

La cuestión tiene especial relevancia porque la propia agenda política marroquí mantiene pendientes reformas relacionadas con la igualdad y el Código de Familia. El nombramiento, por sí solo, no modifica esas normas ni garantiza que el nuevo Gobierno adopte una determinada orientación. Lo que sí hace es colocar a una mujer con experiencia política en el centro de esas decisiones.

La primera prueba de Mansouri será parlamentaria. Con 97 diputados, el PAM necesita aliados para alcanzar una mayoría funcional. La fórmula más previsible pasa por negociar con sus antiguos socios de coalición, RNI e Istiqlal, aunque el resultado electoral ha alterado el peso de cada formación.

La Agrupación Nacional de Independientes (RNI), que dirigía el Ejecutivo saliente con Aziz Akhannouch, ha pasado de primera a segunda fuerza, mientras que el partido Istiqlal mantiene sus 65 escaños. Ante este panorama, Fatima tendrá que equilibrar esas fuerzas y construir un gabinete capaz de aprobar su programa. Este reto es todavía mayor debido a que las elecciones dejaron un dato político difícil de ignorar: la participación fue de apenas el 38,08%, frente al 50,86% registrado en 2021. Si bien esta cifra no permite atribuir por sí misma una causa única a la abstención, sí sitúa la recuperación de la confianza ciudadana entre los asuntos centrales de la nueva legislatura.

Mansouri asumirá además la dirección del llamado Gobierno del Mundial, encargado de supervisar una etapa de enormes inversiones en infraestructuras, transporte, instalaciones deportivas y servicios públicos vinculadas al campeonato de 2030, que Marruecos organizará junto a España y Portugal.

La magnitud del proyecto convierte la gestión económica en una de las principales pruebas del nuevo Ejecutivo. El Gobierno tendrá que compatibilizar las inversiones internacionales y las obras asociadas al Mundial con demandas internas como el empleo juvenil, la vivienda, la educación y los servicios públicos. Reuters sitúa el programa de inversiones relacionado con el Mundial y el desarrollo económico en torno a decenas de miles de millones de dólares.

 

¿Qué se puede esperar de Fatima-Zahra El Mansouri?

Para España, la llegada de Mansouri tiene además un interés particular. Antes de ser designada jefa del Gobierno, la dirigente afirmó que la relación entre ambos países es “histórica y necesaria” y defendió que debe mantenerse en un nivel elevado pese a los desacuerdos. También sostuvo que Marruecos no renunciará a sus posiciones sobre los menores marroquíes y la crisis migratoria de Ceuta. 

Esto anticipa una relación que probablemente combinará cooperación y negociación dura. Marruecos y España mantienen intereses económicos, comerciales, migratorios y de seguridad muy estrechos, pero también desacuerdos concretos. Mansouri ya ha definido públicamente la relación como estratégica, aunque sin ocultar las posiciones de Rabat.

El primer elemento a observar será la composición de su Gobierno y el reparto de poder entre el PAM, RNI e Istiqlal. El segundo será su capacidad para convertir la experiencia acumulada en Marrakech y en el Ministerio de Vivienda en políticas nacionales. El tercero será la gestión de la enorme agenda económica asociada al Mundial de 2030.

Su perfil apunta a una dirigente política experimentada, con conocimiento de la administración y de la estructura de su partido, pero el cargo supone una escala diferente. Dirigir el Gobierno implica coordinar una coalición, administrar prioridades nacionales y desenvolverse dentro de un sistema en el que la monarquía conserva atribuciones decisivas. La Constitución establece, además, que el rey preside el Consejo de Ministros y que los miembros del Gobierno son nombrados por el monarca a propuesta del jefe de Gobierno. 

El nombramiento marca, en cualquier caso, un punto de inflexión en la historia política marroquí: por primera vez una mujer se sienta en la jefatura del Gobierno. Ahora comienza la parte más difícil: convertir ese hecho histórico en una gestión capaz de responder a las prioridades de una sociedad que ha acudido a las urnas con una participación sensiblemente menor que en anteriores legislaturas. @mundiario