La Unión Europea prepara un nuevo giro en su política migratoria. El descenso de las entradas irregulares registrado en los últimos años no ha llevado a Bruselas a relajar los controles. Al contrario, la Comisión Europea considera que las crisis repentinas en las fronteras exteriores pueden desbordar rápidamente la capacidad de respuesta de los Estados miembros.
El comisario europeo de Migración, Magnus Brunner, ha planteado un paquete de cinco medidas destinado a reforzar la capacidad de la UE para anticipar y responder a estos episodios. La propuesta combina más recursos para Frontex, cooperación con países terceros, mecanismos de alerta y una mayor presión sobre las redes dedicadas al tráfico de personas.
El debate ya no se centra únicamente en cuántas personas llegan, sino también en la velocidad con la que pueden producirse determinados movimientos y en la capacidad de las instituciones europeas para reaccionar.
Ceuta como advertencia para Bruselas
La crisis registrada en Ceuta se ha convertido para la Comisión Europea en un ejemplo de cómo una frontera puede pasar en poco tiempo de una situación estable a otra de emergencia. Bruselas sostiene que las imágenes de aquellas entradas masivas no representan por sí solas la evolución general de la migración irregular en Europa, pero sí muestran un problema de gestión.
Esa lectura explica parte de las nuevas propuestas. La Comisión pretende que la respuesta europea no dependa exclusivamente de que un Estado miembro se encuentre ya ante una situación límite.
Uno de los objetivos será mejorar los sistemas de alerta temprana para detectar movimientos que puedan desembocar en llegadas importantes. También se estudia utilizar herramientas de seguimiento y análisis de redes sociales para obtener información que permita anticipar determinados desplazamientos.
La medida plantea, además, interrogantes sobre el equilibrio entre prevención, seguridad y protección de derechos fundamentales, especialmente cuando se utilizan grandes cantidades de información digital para detectar posibles movimientos migratorios.
Más peso para Frontex y acuerdos con terceros países
Bruselas también quiere ampliar las capacidades de Frontex, la agencia europea encargada de apoyar la gestión de las fronteras exteriores. La propuesta contempla más financiación, más personal y mayor margen de actuación cuando se produzcan situaciones consideradas extraordinarias.
El segundo eje pasa por reforzar la cooperación con países situados fuera de la UE. La estrategia consiste en utilizar acuerdos que combinen apoyo económico y cooperación en materia migratoria, especialmente para contener salidas y facilitar posteriormente las devoluciones.
Este modelo ya forma parte de la política europea y ahora Bruselas pretende profundizarlo. Su eficacia dependerá, en buena medida, de la capacidad de la UE para mantener acuerdos estables con países que desempeñan un papel clave en las principales rutas migratorias.
El objetivo: anticiparse antes de que llegue la emergencia
La Comisión también pretende endurecer la lucha contra las organizaciones dedicadas al tráfico de personas mediante nuevas herramientas y posibles sanciones contra sus responsables.
El planteamiento supone un cambio importante: no esperar a que una frontera se vea sometida a una presión extraordinaria para actuar, sino intentar detectar antes los factores que pueden desencadenarla.
Bruselas quiere, además, disponer de mecanismos que permitan a los Estados miembros responder de forma coordinada ante situaciones excepcionales, incluida la posibilidad de activar medidas específicas sobre los procedimientos de asilo.
El reto será encontrar un equilibrio entre un mayor control fronterizo y las obligaciones que los países europeos mantienen en materia de protección internacional. El descenso de las llegadas no elimina ese debate, pero sí permite a la UE concentrarse ahora en cómo responder cuando se produzcan episodios repentinos. @mundiario
