El Celta salió de Anoeta con un punto, pero también con la sensación de que el resultado esconde buena parte de sus problemas. Durante muchos minutos fue inferior a la Real Sociedad y, cuando consiguió hacerse con el balón después del descanso, volvió a aparecer una dificultad que empieza a repetirse demasiado: tener la posesión no significa saber qué hacer con ella.
La primera parte ofreció pocas dudas. La Real tuvo un 62% de posesión, remató ocho veces y encontró portería en cinco ocasiones, mientras el Celta cerró los primeros 45 minutos sin un solo disparo entre los tres palos. Radu tuvo que intervenir varias veces y Kubo incluso desperdició una oportunidad con el portero ya vencido. Llegar al descanso con 0-0 fue una buena noticia para los vigueses.
Que Radu fuese nuevamente uno de los mejores jugadores del Celta tampoco debería interpretarse únicamente como una virtud individual. El rumano respondió cuando fue exigido, pero su protagonismo también evidencia cuánto concedió el equipo. Ante el Athletic ya había tenido que evitar un marcador mayor y en Anoeta volvió a convertirse en la principal explicación para mantener el partido abierto.
El Celta mejoró después del descanso. Adelantó metros, recuperó durante más tiempo cerca del campo rival y consiguió encadenar posesiones mucho más largas. El problema apareció cuando llegó el momento de convertir todo eso en algo concreto. La circulación fue demasiado horizontal, lenta y previsible, con la Real cómoda defendiendo mientras los celestes movían el balón de un lado a otro.
La acción que Turrientes evitó cuando Antañón esperaba para finalizar dentro del área pequeña fue prácticamente la excepción. El Celta logró aproximarse más, pero siguió sin encontrar situaciones claras de remate. No faltó balón; faltaron desmarques, desequilibrio, velocidad y último pase.
Giráldez intentó cambiar el escenario introduciendo a Iago Aspas, Pablo Durán y posteriormente Driouech, pero el problema sobrevivió a los nombres. Hubo más futbolistas ofensivos y mayor presencia alrededor del área, aunque Remiro continuó viviendo un partido demasiado tranquilo. Eso convierte la falta de producción en algo más colectivo que individual.
La ausencia de Borja Iglesias puede reducir alternativas en determinados momentos, pero tampoco explica por sí sola una tendencia que viene desde el inicio del campeonato. El Celta ha disputado cuatro partidos, todavía no ha ganado y únicamente ha marcado un gol. No es una cuestión de una mala noche ni de un delantero concreto.
Además, el problema aparece de formas diferentes. Contra Osasuna hubo posesión sin profundidad; frente al Athletic sucedió algo parecido durante buena parte de la segunda mitad; y en Anoeta el equipo volvió a dominar más el balón cuando su rival perdió iniciativa, pero apenas consiguió transformar ese control en peligro. La repetición empieza a convertir una circunstancia en tendencia.
El punto puede tener valor después de dos derrotas consecutivas y en un campo complicado, pero el Celta necesita empezar a medir su fútbol por lo que genera y no por cuánto tiempo conserva la pelota. Giráldez tiene plantilla y variantes para encontrar respuestas. Por ahora, el balón pasa mucho tiempo en los pies celestes y demasiado poco cerca de la portería rival. @mundiario
