EN TU SEMANA.
Mensaje semanal del pastor Héctor Contreras.
PARA: EL GRAN SANTO DOMINGO . COM Y EL GRAN CIBAO.COM
I-Reyes 18:30 y Malaquías 2:13.
Hoy es el tiempo ideal para escuchar la voz del profeta Jeremías, quien dijo: “Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma”, Jeremías 6:16.
Al estar sujetos a los hogares, esto no impide en absoluto que sigamos indiferentes a todo lo referente a nuestros deberes como padres, madres, hijos; empleados, etc.
Sólo en Dios podemos encontrar la fórmula ideal para formalizar una verdadera familia, ya que es la forjadora de caracteres, principios y valores. Hoy mismo hablaba yo con un amigo, este me decía que en su hogar nunca se escuchó una palabra mal dicha, sus padres eran hombre y mujer de valores que muchos hoy, principalmente nuestra juventud, ignoran. Nuestro hogar es el principal altar, es la causa de nuestra existencia, siendo así el núcleo que debe motivarnos a que nunca se rompa un eslabón de este, (el núcleo), el cual nos une como tal.
El verso de Malaquías, citado en el encabezamiento, es el mismo Dios que hablaba ayer y nos habla hoy a cada persona que llegan estas notas y nos dice: “Otra vez haréis cubrir el altar de Jehová de lágrimas, de llanto y de clamor; así que no miraré más a la ofrenda, para aceptarla con gusto de vuestra mano”, Malaquías 2:13.
¿Por qué Dios se dispuso a no aceptar las ofrendas del pueblo? Porque, como en el caso del profeta Elías y los baales en el Monte Carmelo, el Altar de Dios estaba en ruinas por causa de la idolatría dentro de su propio pueblo.
En los tiempos del profeta Malaquías, la decisión de Dios llegó a ellos por la infidelidad, atestiguando el mismo Señor entre la esposa y esposo, verso 14 del capítulo 2 de Malaquías, que dice así: “Mas diréis: ¿Por qué? Porque Jehová ha atestiguado entre ti y la mujer de tu juventud, contra la cual has sido desleal, siendo ella tu compañera, y la mujer de tu pacto”.
Si recordamos cuando el profeta Elías enfrentó a los profetas de Baal, él les presentó un reto a ellos y este consistía en que, el Dios que respondiera con fuego, ese sería el Dios de Israel, por ende, el Dios a seguir.
Los profetas de Baal, que eran un estimado de 450, pasaron todo un día llorando, con clamor, inclusive se rasgaban la piel con tal de que Baal les respondiera; nunca tal aconteció, llevando a Elías a decirles, con burlas: “Gritad en alta voz, porque dios es; quizá está meditando, o tiene algún trabajo, o va de camino; tal vez duerme y hay que despertarle”, I-Reyes 18:27.
Esa respuesta jamás llegaría, porque Baal era un dios pagano, sin poder alguno para responder aquella respuesta.
Hasta que el fuego de Dios no consumió el holocausto preparado en el altar por el profeta Elías, consumiento inclusive el agua con su fuego ardiente, la liberación del pueblo de Dios no hubiera llegado nunca.
En el ámbito personal, se hace necesario que cada persona se disponga a preparar su propio altar, dando inicio en sus propios corazones, para que el fuego consumidor de Dios queme y consuma todo un pasado de enojo, amargura, dolor, envidia y cuántas cosas más podríamos añadir.
Al aceptar a Jesucristo en sus corazones, Dios inicia la transformación de cada vida que se disponga a ser un altar delante de Él.
Este altar entonces será llevado al seno de la familia, de la sociedad, para así consolidar una familia y una sociedad fuertes fundamentadas en Dios como su guía.
“Oh esperanza de Israel, Guardador suyo en el tiempo de la aflicción, ¿por qué te ha hecho como forastero en la tierra, y como caminante que se retira para pasar la noche? ¿Por qué como hombre atónito, y como valiente que no puede librar? Sin embargo, tú estás entre nosotros, oh Jehová, y sobre nosotros es invocado tu nombre; no nos desampares”, Jeremías 14:8-9. “ESPERANZA DE ISRAEL, GUARDADOR SUYO”, esa esperanza y ese guardador para Israel, es quien nos ha guardado durante toda nuestra vida. Dios continúa con nosotros, porque Él ha sido nuestra esperanza y también ha sido nuestro guardador. Existe otro verso similar al verso 8 citado anteriormente y es este: “¡0h Jehová, esperanza de Israel! todos los que te dejan serán avergonzados; y los que se apartan de mí, serán escritos en el polvo, porque dejaron a Jehová, manantial de aguas vivas”, Jeremías 17:3.
Que nunca tal acontezca en nuestras vidas, de dejar a Dios, vamos a consolidar nuestra relación con Él por medio de Jesucristo, quien se entregó y murió por toda la humanidad.
Que nuestros nombres nunca sean escritos en el polvo, ni que tampoco seamos avergonzados, porque nuestro Dios es nuestro manantial de vida. De ese manantial sus aguas nunca cesan, porque brotan del río de Dios.
“En las alturas abriré ríos, y fuentes en medio de los valles; abrirá en el desierto estanques de aguas, y manantiales de aguas en la tierra seca”, Isaías 41:18. Dios está por cada una de las personas que llegan estas notas.
Lo más importante es que establezcamos una relación sincera con Dios y al llegar ese tiempo, podremos formalizar un verdadero altar en cada hogar, donde la familia se reúne y comparte su Palabra y ésta va transformando vidas en la medida en que se dejan moldear por el poder del Espíritu Santo.
Para lograr todo lo escrito sobre dejarnos moldear por el poder de Dios en la persona del Espíritu Santo, debe nacer en cada corazón y volverse a Dios como lo hizo David, quien dijo: “Señor, abre mis labios, Y publicará mi boca tu alabanza. Porque no quieres sacrificios, que yo lo daría; No quieres holocausto.
Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios”, Salmo 51:15-17. Esta es una oración de un hombre que busca el perdón, la restauración y un acercamiento al Dios de la misericordia y de la gracia. Es una oración que no nace del temor al castigo o la preocupación sobre éxitos futuros.
David se arrepintió por haberse vuelto contra el mismo Dios, su persona y su naturaleza. Dios busca gente con espíritus quebrantados y corazones contritos delante de su presencia. ABRE MIS LABIOS, decía David; sobre esto el apóstol Pablo escribió: “Más ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón.
Esta es la palabra de fe que predicamos; que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.
Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación”, Romanos 10:8-10.
Señor, abre mis labios, oró David y Pablo nos dice muchos años después que la palabra de fe está en nuestros corazones, en nuestras bocas; es decir, está muy cerca de ti también. Si tú has creído en Jesucristo, esta creencia te justifica hoy delante de Dios.
Si no has aceptado al Señor Jesucristo, te invito a que le busques hoy y seas aceptado delante del Altar de Dios.
“Humillados, sentados en tierra; porque la corona de vuestra gloria ha caído de vuestra cabeza”, Jeremías 13:18. ¿Cuántos tronos, reinos y gobiernos hoy están como cita este texto? Y no solo ellos viven tal condición, nosotros nos encontramos de alguna manera en igual situación, porque también hemos caído de un pedestal que creíamos nunca sería zarandeado en sus cimientos. Pero existe una esperanza y está en Jesucristo, lo único que se debe hacer es ir hasta donde Él y postrarnos ante su presencia en humillación y así podremos alcanzar la misericordia de Dios.
Para reconstruir nuestro altar, debemos ir hasta el libro de los Proverbios y añadir esto: “La soberbia del hombre le abate; pero la humildad de espíritu sustenta la honra”, Proverbios 29:23.
Es la humildad que nos conduce a un reencuentro, primero con nosotros mismos y luego con Dios, así también nos encontraremos con nuestra propia familia.
Todo lo descrito anteriormente, son los pasos a iniciar para la re restauración de nuestro propio altar, roto por años, tal vez por nuestro propio orgullo, roto por el egoísmo que corroe todo nuestro ser interior, roto por nuestra soberbia, creyéndonos ser superiores a todo lo que hacíamos o éramos a nuestro alrededor.
Para no convertir este mensaje en un fardo de acusaciones contra nosotros mismos, es necesario citar al apóstol Pablo, cuando escribió: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”, II-Corintios 5:17.
Se hace necesario, se hace urgente que surja un nuevo renacer a la luz de la Palabra de Dios y conforme al sacrificio de Jesucristo en la cruz del Calvario. Te invito a renacer a una nueva esperanza de vida en Cristo Jesús.
Estás invitado ahora mismo, al leer estas líneas, escritas con mucho amor y guiado por el Espíritu Santo, para que nazcas a una esperanza de vida en Jesucristo, nuestro Señor y Salvador. ¡Gloria a Dios! Porque puedes hacerlo ahora mismo y por tí mismo. Que Dios te fortalezca para tal evento.
“Aunque nuestras iniquidades testifican contra nosotros, oh Jehová, actúa por amor de tu nombre; porque nuestras rebeliones se han multiplicado, contra ti hemos pecado”, Jeremías 14:7.
Es una oración del profeta delante de Dios clamando por el pueblo. Volvámonos a Dios y clamemos también por nuestro País, por nuestros hogares y familias, roguemos por el mundo que perece por causa del pecado destructivo y así estaremos también reconstruyendo nuestro propio altar.Termino con estas palabras, también del profeta Jeremías: “0h esperanza de Israel, Guardador suyo en el tiempo de la aflicción, ¿Por qué eres como hombre atónito, y como valiente que no puede librar? Sin embargo, tú estás entre nosotros, oh Jehová, y sobre nosotros es invocado tu nombre; no nos desampares”, Jeremías 14:8-9. En aquel entonces, Dios fue la esperanza de Israel, su Guardador en el tiempo de la aflicción. Hoy lo es también para nosotros, porque por encima de todo lo creado ¡Él es Dios! Él es el Dios de toda gracia, misericordia y amor y espera por cada vida que esté dispuesta a reconstruir su propio altar.
Bendigo cada vida, cada hogar o comunidad de nuestros pueblos, aldeas y campos de nuestro hermoso País. Bendigo también a los que están más allá; sin importar distancias, porque nuestro Dios llega hasta lo más alto y profundo para bendecirnos.
¡Gloria por siempre a Él!