Por: Héctor E. Contreras.
I-Reyes 18:20 y Malaquías 2:11 y 13.
¿Cómo se encuentra tu altar? Este altar puede ser el medio en que tú te comuniques con Dios, nuestro Señor. Hoy mismo, martes 2 de octubre de 2024, en uno de los matutinos que recibo, pude leer la situación en que se encuentra Ucrania, con la invasión rusa a su país. Luego le sigue Israel, con sus enemigos de todos los tiempos, muchas muertes, y huérfanos también entre ellos y en nuestra américa, tenemos a Cuba, Nicaragua, Venezuela; por mencionar algunos de nuestros vecinos. Es un tiempo difícil para los habitantes de estos pueblos, porque las guerras producen destrucción y muertes; las dictaduras no son la excepción. Como creyentes en Jesucristo, debemos luchar para mantener nuestro altar encendido con la presencia del Espíritu Santo obrando en nosotros, en el seno de la familia. La familia es el principal eslabón de toda sociedad. Busquemos con ahínco la presencia de Dios en nuestras vidas, para de esta forma, mantener la llama ardiente de su amor en nosotros.
“Entonces Acab convocó a todos los hijos de Israel, y reunió a los frotes en el monte Carmelo”, I-Reyes 18:20. En los tiempos del profeta Elías, el altar de Dios estaba en ruinas. El profeta pidió al rey Acab que enviara a todo Israel al monte Carmelo, también a cuatrocientos profetas de la diosa Asera. En su ceremonia, Elías ordenó llenar el altar de agua y después de que los profetas de la diosa Asera se cansaron de clamar todo un día, Elías se burlaba de ellos y al final su diosa no les escuchó. Después, Elías clamó a Dios con las siguientes palabras: “Jehová Dios de Abraham, de Isaac e Israel, sea hoy manifiesto que tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas. Respóndeme, Jehová, respóndeme, para que conozca este pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios, y que tú vuelves a tí el corazón de ellos. Entonces cayó fuego de Jehová, y consumió el holocausto”, I-Reyes 18:36-37. El fuego de Dios es lo que necesitamos hoy. Que cuando doblemos nuestras rodillas delante del altar del Señor, nuestras vidas, nuestra familia toda, seamos transformados conforme al corazón de Dios.
Elías desafió a todo el pueblo y cuatrocientos hombres llamados profetas de Asera. Dios consumió todo lo que le ofreció en el altar desecho por el pecado y fue restaurado por el fuego consumidor que Él envió desde el cielo restaurando su Altar a lo que fue antes. El pueblo se postró delante de su presencia, proclamando: ¡Jehová es el Dios, Jehová es el Dios! I-Reyes 18:39. En su plegaria delante de Dios, buscando restaurar su altar delante del Señor, David nos dice: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto delante de tí”, Salmo 51:10
“Prevaricó Judá, y en Israel y en Jerusalén se ha cometido abominación; porque Judá ha profanado el santuario de Jehová que él amó, y se casó con hija de dios extraño”, Malaquías 2:11. “Otra vez haréis cubrir el altar de Jehová de lágrimas, de llanto, y de clamor; así que no miraré más a la ofrenda, para aceptarla con gusto de vuestra mano”, Malaquías 2:13. ¿Por qué razón Dios nos pide cubrir nuestro altar de lágrimas, llanto y clamor? Veamos la razón: A Dios, el pueblo judío lo consideraba su Padre y Creador, según la siguiente declaración de la Palabra de Dios, la Biblia. “¿Así pagáis a Jehová, Pueblo loco e ignorante? ¿No es él tu padre que te creó? Él te hizo y estableció”, Deuteronomio 32:6. Malaquías, como profeta de Dios, había visto cómo los hombres en ese tiempo se casaban con la hija de un dios extraño. Con ello se indica, no sólo la condición reprobable de ser un matrimonio mixto, sino también la relación del vínculo con el Dios del pacto. Las mujeres paganas en ese tiempo, seguían en su religión e inducían los corazones de sus esposos a dioses y prácticas muy lejos del Dios suyo. De ahí el clamor que encontramos en Malaquías 2:13. La unión familiar debe ser pura, limpia e irreprensible. “Porque tú, Señor, eres bueno y perdonador, Y grande en misericordia para con todos los que te invocan”, Salmo 86:6. David clamaba a Dios que renovara su pueblo. Dios es capaz de renovar nuestros corazones y nuestro altar delante de su presencia con lágrimas, llanto y clamor delante de Él. ¡Bendito sea su nombre!
“Humillaos, sentaos en tierra; porque la corona de vuestra gloria ha caído de vuestra cabeza”, Jeremías 13:18. ¿Cuántos tronos, reino y gobiernos hoy están en la misma condición que narra el texto citado? Y no sólo ellos viven tal condición; nosotros también nos encontramos igual que ellos, hemos caído y nuestra corona de gloria, ha caído de nuestras cabezas.
Reconstruir nuestro altar, debe llevarnos a la siguiente cita bíblica: “La soberbia del hombre le abate; pero al humilde de espíritu sustenta la honra”, Proverbios 29:23. La humildad nos conduce a un reencuentro con Dios, con nosotros mismos y luego con la familia. Cuando esto sucede, es verdaderamente que podemos decir que, “estamos reconstruyendo nuestro altar, roto por años, roto por el orgullo, egoísmo, soberbia; creyéndonos ser superiores en todo hacíamos y lo que éramos antes de llegar Jesucristo a nuestros corazones, a nuestras vida”. ¡Gloria a Dios, al Hijo y al Espíritu Santo! Dios de gloria y poder, por restaurar toda nuestra vida conforme al poder de su amor obrando en nosotros.
“Aunque nuestras iniquidades testifican contra nosotros, oh Jehová, actúa por amor de tu nombre; porque nuestras rebeliones se han multiplicado”, Jeremías 14:7. Amados del Señor, confesemos, volvámonos al Altar de Dios y clamemos por nuestro País, por el mundo que llora sus muertos por millares y así nos convertimos en verdaderos intercesores ante el TRONO DE LA GRACIA. Que es donde se encuentra nuestro Dios y Señor.
“Oh esperanza de Israel, Guardador suyo en el tiempo de la aflicción, ¿por qué hasta hecho como forastero en la tierra, y como caminante que se retira para pasar la noche? ¿Por qué eres como hombre atónito, y como valiente que no puede librar? Sin embargo, tú estás entre nosotros, oh Jehová, y sobre nosotros es invocado tu nombre; no nos desampares”, Jeremías 14:8-9. En aquel tiempo, Dios fue la esperanza de Israel, su Guardador en el tiempo de la aflicción. Hoy lo es también para nosotros, porque Él sigue siendo Dios de amor y misericordia, mostrado por el que fue la cruz del Calvario y murió por cada uno de nosotros.
Sean todos bendecidos del Dios Altísimo, Dios gracia y amor; amor mostrado por su Hijo, cuando siendo Dios, se despojó de todo poder y señorío, vino al mundo y se hizo hombre, muriendo en una cruz por amor a todos nosotros. A Dios sea la gloria, la honra y el poder por siempre.




