Pastor Andrés Martínez.
¿Cuántas veces has escuchado la expresión “el tiempo de Dios es perfecto”? Seguramente muchas, y a veces no entendemos qué es lo que la gente quiere decir con eso. Queremos que las cosas pasen cuando nosotros queremos y de la forma en que las queremos, pero no siempre es así; es más, casi nunca las cosas pasan como las tenemos planeadas.
El tiempo de Dios no es el mismo que el nuestro. En el griego antiguo, en el que está escrita la Biblia, se utilizan los términos cronos y Kairos para referirse al tiempo.
Cronos es un lapso de tiempo, es el tiempo terrenal que podemos medir con relojes y calendarios. Este es un tiempo que entendemos, por lo que podemos llegar a creer que Dios trabaja en ese mismo tiempo.
Pero lo cierto es que el tiempo de Dios se mide con el término Kairos, que significa tiempo oportuno, tiempo favorable, momento señalado y preciso. El Kairos es “el tiempo diseñado en el cielo, que se manifiesta en la tierra, para bendición de los hombres”.
Podemos ver, entonces, que el tiempo de Dios no es el mismo que el tiempo de los hombres, y aunque sus milagros y respuestas se manifiestan en nuestra dimensión terrenal estos no responden a la dimensión terrenal.
Aprendiendo a esperar en el tiempo de Dios.
Muchas veces, cuando tenemos problemas, oramos y pedimos a Dios una solución; esperamos una respuesta rápida, casi inmediata. Y cuando no llega y sentimos que hemos esperado bastante empezamos a desesperarnos, la ansiedad se puede apoderar de nosotros y muchas veces nos enojamos y le reclamamos a Dios. Le relamamos porque él no está respondiendo, según nuestro tiempo; creemos que Dios está ocupado resolviendo otros problemas o que simplemente se olvidó de nosotros. Como nuestra visión del problema es limitada, creemos que Dios también tiene una visión limitada y se nos olvida que él ve todo el panorama, que además conoce el futuro y conoce nuestros corazones.
Debemos entender que Dios tiene el control de todo, que nos ama y que todo lo que pasa (y deja de pasar) nos ayuda a bien, pero sobre todo, debemos entender que las cosas pasarán en el momento que Dios quiera y considere oportuno.
¿Por qué Dios nos hace esperar?
Dios nos hace esperar porque él tiene un plan diseñado para cada uno de nosotros, él conoce las situaciones y los momentos que debemos pasar para poder llegar a donde quiere que estemos. Todo pasará en su debido tiempo y si sabemos esperar pacientemente, habremos cumplido con ese plan.
Dios le había prometido a Abraham que iba a tener un hijo, pero Abraham y su esposa Sara eran ya viejos y aún no habían concebido. Sara entonces le dijo a Abraham que tomara a su sierva Agar para que le diera un hijo, y así lo hizo (Génesis 16). Abraham tuvo un hijo, pero por adelantarse al tiempo de Dios, sus actos tuvieron consecuencias (Génesis 25:18). Dios cumplió su promesa y le dio un hijo a Abraham y Sara en su vejez. Abraham tenía cien años cuando Isaac nació. El resto de la historia ya la sabemos, es de allí donde proviene el pueblo de Israel, el pueblo elegido por Dios.
La lección aquí es que no importa cuánto tiempo debamos esperar, Dios no se olvida de sus promesas y la respuesta viene en el tiempo oportuno. Así que si estás esperando una respuesta de Dios, no desesperes, la respuesta vendrá.
Sigue orando, sigue confiando, pues Dios tiene un plan perfecto para ti que se cumplirá en su tiempo perfecto.
¿Cómo puedo saber cuál es el tiempo de Dios?
Lo primero que necesitamos entender sobre el tiempo de Dios es que es perfecto, así como todos los caminos de Dios son perfectos (Salmo 18:30; Gálatas 4:4). El tiempo de Dios nunca es temprano, y nunca se ha retrasado. De hecho, desde antes de nuestro nacimiento hasta el momento en que tomamos nuestro último aliento acá en la tierra, nuestro Dios soberano está cumpliendo sus propósitos divinos en nuestras vidas. Él está en completo control de todo y de todos, desde la eternidad hasta la eternidad. Ningún evento en la historia ha puesto aunque sea una arruga en el tiempo del plan eterno de Dios, que él diseñó antes de la fundación del mundo.
Uno podría pensar, entonces, que al entender la soberanía de nuestro creador, haría que la paciencia y el esperar fuera algo más fácil. Lamentablemente, sin embargo, ese no es siempre el caso. Nuestra naturaleza humana puede hacer que sea algo difícil el esperar el tiempo perfecto de Dios. De hecho, en el bullicio y el ajetreo de nuestra vida frenética, a menudo nos resulta difícil esperar a alguien o algo. Lo que queremos lo queremos ahora. Con nuestros modernos avances tecnológicos, a menudo somos capaces de conseguir lo que queremos ahora. Como resultado, no sólo estamos perdiendo nuestra paciencia, sino que también nos damos cuenta de que cada vez es más difícil discernir el tiempo de Dios.
La paciencia es un fruto espiritual (Gálatas 5:22), y la escritura deja claro que Dios se complace con nosotros cuando dejamos ver esta virtud: «Guarda silencio ante Jehová, y espera en él» (Salmo 37:7), «Bueno es Jehová a los que en él esperan» (Lamentaciones 3:25). Y nuestra paciencia a menudo revela el grado de confianza que tenemos en el tiempo de Dios. Debemos recordar que Dios opera de acuerdo a su calendario eterno perfecto y preordenado, y no de acuerdo al nuestro. Debemos tener el gran consuelo en saber que cuando esperamos en el señor, recibimos fuerza y fortaleza divina: «pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán» (Isaías 40:31). El salmista reitera: «Aguarda a Jehová; Esfuérzate, y aliéntese tu corazón; Sí, espera a Jehová» (Salmo 27:14).
Otra clave para entender el tiempo de Dios es la confianza. De hecho, nuestra capacidad para esperar en el señor está ampliamente relacionada con cuánto podemos confiar en él. Cuando confiamos en Dios con todo nuestro corazón, renunciando a depender en nosotros mismos, a menudo con una comprensión equivocada de las circunstancias, Dios ciertamente nos guiará (Proverbios 3:5-6). «Mas al que espera en Jehová, le rodea la misericordia» (Salmo 32:10). Sin embargo, para confiar plenamente en Dios necesitamos conocer a Dios. Y la mejor manera de conocerlo es a través de su palabra. El poder divino de Dios se desata en nuestras vidas a través de su palabra inspirada (1 Tesalonicenses 2:13). La obra de la palabra de Dios incluye la salvación (Romanos 10:17; 1 Pedro 1:23), la enseñanza y la formación (2 Timoteo 3:16-17), la guianza (Salmo 119:105), la protección (Salmo 119:114, 117), la fortaleza (Salmo 119:28), y nos hace sabios (Salmo 119:97-100). Si estudiamos y meditamos diariamente en su palabra, su tiempo se hará más claro para nosotros.
Cuando cuestionamos el tiempo de Dios, a menudo es porque estamos buscando orientación o liberación de una situación difícil. Sin embargo, podemos tener la seguridad que nuestro Padre Celestial sabe exactamente dónde estamos en nuestras vidas en cada momento. Él nos coloca allí o nos permite estar ahí, todo para su propio propósito perfecto. De hecho, Dios a menudo usa las pruebas para fortalecer nuestra paciencia, permitiendo que nuestra fe cristiana madure y sea completa (Santiago 1:3-4). Y sabemos que todas las cosas, incluyendo estas pruebas difíciles, obran para bien para los que aman a Dios (Romanos 8:28). Dios, de hecho, escucha el clamor de sus hijos y responderá de acuerdo a su perfecta voluntad y tiempo. «Muchas son las aflicciones del justo, Pero de todas ellas le librará Jehová» (Salmo 34:19). Los planes que Dios tiene para sus hijos son buenos, son para ayudarnos y no para hacernos daño (Jeremías 29:11).




