Diez años después de aquel primer encuentro en la boutique de Gucci de la calle Serrano, Cristiano Ronaldo y Georgina Rodríguez han encontrado una manera bastante cinematográfica de cerrar el círculo. La firma italiana que estuvo presente en el comienzo de su historia también ha sido la elegida para escribir uno de sus capítulos más importantes: su boda.
La pareja ha mostrado las primeras fotografías del enlace, celebrado el pasado 11 de agosto en la residencia que comparten en Cascais, Portugal. Muy lejos de la boda multitudinaria que podría esperarse de una pareja con una enorme proyección internacional, Cristiano y Georgina apostaron por la intimidad y convirtieron su propia casa en el escenario de la celebración.
Y hubo una fecha especialmente significativa detrás de todo. El 11 de agosto coincidía con el décimo aniversario del día en que sus caminos se cruzaron por primera vez. Georgina tenía entonces 22 años y trabajaba en la tienda de Gucci de Madrid, aunque aquel día ni siquiera estaba previsto que acudiera a trabajar: había sustituido a una compañera. Cristiano entró en la tienda y se produjo aquel primer cruce de miradas que ambos recuerdan todavía como el comienzo de su relación.
El vestido de novia que rompe con la tradición
Georgina volvió a demostrar que las normas tradicionales de una boda no parecen estar hechas para ella. En lugar de apostar por el clásico vestido de novia largo y voluminoso, eligió un conjunto de chaqueta y falda blanca confeccionado a medida por Demna, director artístico de Gucci.
El diseño, realizado en faille de seda, mantiene una estética elegante y depurada, pero se aleja deliberadamente de la imagen convencional de una novia. Cristiano, por su parte, optó por un traje de algodón en tono beige claro, también diseñado especialmente para la ocasión. Sus hijos participaron igualmente en el juego de estilismo y vistieron prendas coordinadas de la firma italiana.
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La elección de Gucci no fue simplemente una cuestión de moda. Era una referencia directa al origen de su romance, algo que el propio Demna ha definido como un «cierre de círculo» con cierto aire de cuento de hadas moderno.
Hay otro detalle que convierte el enlace en una curiosa mezcla de sencillez y lujo. Georgina ha reconocido que de niña imaginaba una boda completamente diferente, con un gran castillo, un carruaje espectacular, un vestido interminable y una corona repleta de diamantes.
Sin embargo, al llegar el momento de casarse, sus prioridades cambiaron. Quería estar en casa, rodeada de Cristiano y de sus hijos, en una ceremonia mucho más privada.
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Eso sí, la discreción no significó renunciar al glamour. La novia llevó varias joyas de Chopard, entre ellas un espectacular collar con un diamante de 50 quilates. Es decir, boda íntima sí; minimalismo absoluto, no necesariamente.
La celebración tampoco tuvo la tradicional luna de miel. Después del enlace, la pareja realizó una visita al Santuario de Nuestra Señora de Fátima, situado aproximadamente a una hora de su residencia, donde recibieron una bendición privada en una capilla cerrada para ellos. @mundiario
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