La derrota del Almería ante Las Palmas en la tarde del sábado allanó el camino del Deportivo hacia la primera categoría del fútbol español, lo que fue culminado por la victoria de los herculinos en el mediodía de ayer ante el Andorra, el cual no se jugaba prácticamente nada, pero llegó a Riazor bastante más correoso de lo que, quizás, se esperaba.
El Depor, como de costumbre, empezó mucho más dubitativo que dominativo, siendo los visitantes quienes llevaron el peso del encuentro. No solo dominaron, sino que se pusieron por delante antes del descanso. El Depor logró remontar gracias a los tantos de Soriano y Zakaria y las gradas de Riazor se llenaron de alborozo y regocijo.
Sintiendo mucho romper esta dinámica, debemos recordar a todos los deportivistas que la calma es lo primero que debemos de guardar antes que las barbas. Conocemos, de primera mano y en varias ocasiones, lo que es morir en la orilla y eso nos lo han hecho saber no hace mucho Mallorca, Albacete o Castellón, entre otros, en nuestras propias carnes.
Con esto no asumimos el no creer, sino todo lo contrario. El creer a pies, pero no juntillas en el ascenso del equipo. Creer en su gente y en los, ya no cientos, sino miles que coparán las gradas del Jose Zorrilla esperando unos tres puntos tan necesarios como el ascenso a la primera categoría que tantos años llevamos soñando los deportivistas de pro.
Ilusión, pero calma
A los nostálgicos de las celebraciones en casa y de los ascensos en feudo local, hemos de decirles que preferimos pájaro en mano en Pucela que ciento volando en Riazor, no queriendo esperar a Las Palmas en casa y sí vernos en primera más pronto que deprisa. @mundiario
