Las guerras contemporáneas ya no se libran únicamente con misiles, drones o tropas sobre el terreno. La batalla por la influencia política, la movilización ideológica y la propaganda global se desarrolla cada vez más en internet. En ese escenario digital, la Guardia Revolucionaria de Irán llevaba años construyendo una red de difusión internacional que ahora ha quedado parcialmente golpeada por una de las mayores operaciones coordinadas por Europol contra propaganda extremista vinculada al régimen de Teherán.
La operación, desarrollada entre febrero y abril con participación de 19 países —entre ellos España, Francia, Alemania, Estados Unidos y Ucrania—, ha permitido detectar y retirar más de 14.200 contenidos relacionados con el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), considerado desde febrero organización terrorista por la Unión Europea. El operativo marca un salto cualitativo en la forma en que Bruselas empieza a abordar la dimensión digital de las amenazas híbridas asociadas a Irán.
El dato más visible ha sido el bloqueo en territorio europeo de la principal cuenta de la Guardia Revolucionaria en la red social X, donde acumulaba más de 150.000 seguidores. Pero detrás de esa medida simbólica existe una operación mucho más amplia: miles de enlaces, vídeos, canales, blogs y plataformas fueron eliminados o quedaron bajo investigación por servir como nodulos de propaganda, radicalización y difusión de mensajes violentos.
La dimensión de la campaña detectada por Europol refleja hasta qué punto el ecosistema propagandístico iraní se había expandido por múltiples plataformas digitales y en varios idiomas, incluidos persa, árabe, inglés, francés y español. No se trataba únicamente de propaganda interna dirigida al público iraní, sino de una estrategia orientada también a audiencias europeas y occidentales.
Según Europol, el contenido iba desde discursos religiosos y políticos hasta sofisticados vídeos generados con inteligencia artificial que glorificaban a la Guardia Revolucionaria y llamaban a vengar al ayatolá Alí Jameneí. La utilización de IA generativa muestra además cómo las campañas de influencia estatales y paraestatales están incorporando herramientas cada vez más avanzadas para amplificar narrativas emocionales y viralizables.
La operación también permitió detectar conexiones digitales con organizaciones aliadas de Irán en Oriente Próximo, entre ellas Hezbolá, Hamás, la Yihad Islámica Palestina y los hutíes de Yemen agrupados bajo Ansar Allah. Europol sostiene que parte de la infraestructura propagandística funcionaba de manera coordinada entre estos grupos, compartiendo materiales audiovisuales, mensajes ideológicos y campañas de movilización.
Uno de los elementos que más preocupa a las autoridades europeas es precisamente la combinación entre propaganda y captación. Las fuerzas de seguridad consideran que muchos de estos contenidos no tenían únicamente un valor político o simbólico, sino que buscaban radicalizar simpatizantes, generar redes de apoyo y facilitar mecanismos de financiación.
Ahí entra otro aspecto relevante descubierto durante la investigación: el uso de criptomonedas para sostener las operaciones online. Europol identificó transacciones destinadas a mantener infraestructura digital, servicios de alojamiento y difusión propagandística. Para las agencias de inteligencia europeas, esto confirma que las organizaciones vinculadas a Irán están adaptando rápidamente sus métodos financieros para esquivar los controles bancarios tradicionales y sanciones internacionales.
España jugó un papel especialmente relevante en la operación a través de la Unidad Nacional de Retirada de Contenidos Ilícitos (UNECI), integrada en el CITCO del Ministerio del Interior. Las autoridades españolas localizaron aproximadamente un tercio de los enlaces detectados, unos 4.700 contenidos. El dato refleja la creciente preocupación de las fuerzas de seguridad españolas por el impacto de la propaganda extremista en lengua española y por la expansión de campañas digitales orientadas hacia comunidades hispanohablantes.
La operación llega además en un contexto geopolítico extremadamente sensible. Desde el recrudecimiento de la guerra entre Irán, Israel y Estados Unidos, la Guardia Revolucionaria ha reforzado su peso político y militar dentro del sistema iraní. Para Bruselas, esto aumenta la necesidad de vigilar no solo amenazas físicas o terroristas tradicionales, sino también las campañas de influencia y polarización que puedan desarrollarse dentro del espacio europeo.
En los últimos años, Europol ha ido ampliando progresivamente su enfoque hacia las llamadas amenazas híbridas: operaciones que combinan propaganda, desinformación, ciberactividad, financiación opaca y movilización ideológica. La ofensiva contra la red digital vinculada al CGRI encaja precisamente en esa lógica.
La preocupación europea no se limita únicamente al terrorismo clásico. Las autoridades consideran que la capacidad de estas redes para explotar tensiones sociales, conflictos internacionales o discursos polarizadores puede convertirse en un factor de inestabilidad política dentro de la propia UE. La difusión masiva de contenidos emocionales, mensajes de confrontación y narrativas de victimización constituye uno de los principales vectores de esa estrategia. @mundiario
