Sergio Ramos no quiere volver a Nervión con romanticismo, sino con calculadora. El holding Five Eleven Capital, con el camero como cara visible, habría contratado a Kpmg para realizar una due diligence que determine la deuda real del Sevilla y el nivel de riesgo económico de la operación. Porque una cosa es hablar de 88 millones de deuda neta… y otra descubrir que el club está al borde de una causa de disolución.
De acuerdo a la información publicada por Estadio Deportivo, la auditora ya se habría instalado en el Ramón Sánchez-Pizjuán para revisar contratos, proveedores, pagos pendientes, nóminas, cuerpo técnico y toda la contabilidad, en un proceso que se prolongará hasta mediados de abril. No es un gesto simbólico: es el paso que separa el relato institucional de la verdad financiera. Y en un club como el Sevilla, esa diferencia puede ser mortal.
Las cifras que circulan asustan. Se habla de dos préstamos de Goldman Sachs por 170 millones, pérdidas acumuladas en cinco ejercicios y un patrimonio negativo que superaría los 120 millones, suavizado únicamente por el crédito participativo de CVC y por la moratoria del Gobierno sobre el impacto COVID. Traducido: sin esos salvavidas, el Sevilla estaría en quiebra técnica.
El consejo de Del Nido Carrasco sostiene que el plan estratégico busca limitar pérdidas y alcanzar equilibrio en 26/27. Pero Five Eleven y Ramos sospechan que, si la auditoría confirma un agujero mayor, la ampliación de capital sería inevitable nada más tomar el control. Y eso no solo afecta al futuro deportivo: afecta al valor del club, tasado en torno a 400 millones.
La lectura es clara: Ramos quiere comprar el Sevilla, sí, pero no a ciegas. Quiere pisar sobre seguro, saber qué está adquiriendo realmente y evitar que el “regreso” acabe siendo una trampa financiera. Porque en el fútbol moderno, la camiseta pesa… pero la deuda manda. @mundiario
