La toma de Severodonetsk se convirtió en un objetivo clave de los rusos, después de que sus tropas fueran repelidas de Kiev tras el inicio de la invasión lanzada en febrero. Esta estratégica localidad fue escenario de rudos combates callejeros durante semanas en los que los ucranianos intentaron superar la desventaja bélica con una férrea resistencia. Pero este viernes, Serguéi Gaidai, el gobernador de la región de Lugansk, donde se encuentra esta ciudad industrial, indicó que las tropas se retirarán. «Las fuerzas armadas ucranianas tendrán que retirarse de Severodonetsk. Han recibido una orden para hacerlo», dijo en Telegram. «Permanecer en posiciones que han sido bombardeadas incesantemente durante meses no tiene sentido», añadió.
«La ciudad ha quedado casi convertida en escombros. Todas las infraestructuras críticas han sido destruidas. El 90% de la ciudad está dañada, el 80% de las casas tendrán que ser demolidas«, explicó el gobernador. La toma de Severodonetsk permitiría a los rusos avanzar sobre la localidad vecina de Lysychansk, consolidando su control de la región del Lugansk y permitiendo progresar en su ofensiva por la cuenca minera del Donbass, que desde 2014 ya está parcialmente bajo control de separatistas prorrusos.
Gaidai informó que ahora los rusos avanzan hacia Lysychansk que también está bajo un rudo asedio de las tropas de Moscú, que bombardean sin cesar esta localidad. La situación para quienes permanecen en Lysychansk parece sombría. Liliya Nesterenko contó que su casa no tiene gas, ni agua y tampoco electricidad y que ella y su madre cocinan usando en una hoguera. Un representante de los separatistas prorrusos calificó de «inútil» la resistencia ucraniana.

