Si eres Ariana, estás demasiado delgada; si eres Georgina, demasiado curvilínea: el absurdo del cuerpo perfecto

Hay una paradoja difícil de ignorar en las redes sociales: Ariana Grande y Georgina Rodríguez no podrían representar dos físicos más diferentes y, sin embargo, ambas han acabado siendo juzgadas exactamente por lo mismo. Una por estar demasiado delgada y la otra por tener, según algunos usuarios, «demasiadas curvas». El problema, quizá, no está en sus cuerpos, sino en la necesidad colectiva de opinar sobre ellos.

 

Grande lleva años soportando comentarios sobre su apariencia. En 2023 ya tuvo que explicar que quienes comparaban su cuerpo actual con una etapa anterior estaban tomando como referencia una época en la que ella misma asegura que no se encontraba bien. La cantante pidió entonces algo tan sencillo como que se dejara de comentar sobre los cuerpos ajenos, incluso cuando esas observaciones se hacen supuestamente desde la preocupación.

Ahora, en 2026, el debate ha vuelto a intensificarse. La cantante ha anunciado que se alejará temporalmente de la exposición pública después de su gira, mientras el escrutinio sobre su aspecto físico se ha convertido en una parte demasiado importante de la conversación sobre ella. Su decisión no se presenta como una reacción impulsiva, sino como una pausa meditada después de años bajo la lupa.

Georgina tampoco se libra, aunque su cuerpo sea completamente diferente

Y mientras Ariana es señalada por su delgadez, Georgina acaba de experimentar la otra cara de esta misma obsesión. Unas fotografías durante sus vacaciones en Mallorca bastaron para que aparecieran comentarios sobre su cuerpo y para que algunos usuarios la calificaran de «gorda». La empresaria, lejos de guardar silencio, decidió responder públicamente.

Su mensaje apunta directamente al absurdo de buscar un supuesto cuerpo perfecto. Georgina recuerda que su físico cambiará con el paso del tiempo y que eso forma parte de estar viva. También explica que entrena porque le proporciona bienestar, energía y salud, no como una batalla permanente contra la báscula. «¿Quién decide cuál es el cuerpo correcto?», se pregunta.

 
 
 
 
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La comparación resulta demoledora. Ariana recibe críticas por estar demasiado delgada; Georgina, por no serlo. Una intenta protegerse de los comentarios y la otra decide contestarlos. Pero las dos terminan atrapadas en la misma dinámica: su aspecto físico acaba ocupando un espacio que debería pertenecer a su trabajo, sus proyectos o simplemente a su vida.

El verdadero doble rasero

Lo más llamativo es que no parece existir una respuesta correcta. Si una mujer adelgaza, alguien sospecha que está enferma. Si gana peso, alguien considera que se ha descuidado. Si tiene curvas, se habla de ellas; si pierde volumen, también. Y si presume de su cuerpo, aparecen críticas por hacerlo.

La paradoja es todavía mayor cuando se recuerda que muchas de estas mujeres han crecido profesionalmente bajo una presión estética constante. Ariana Grande lleva en el foco desde su adolescencia y ha explicado que durante años ha escuchado distintas versiones de qué estaba «mal» en su aspecto. Georgina, por su parte, se ha convertido en una figura mundial precisamente dentro de una industria en la que la imagen tiene un enorme peso, pero eso no significa que su cuerpo deba convertirse en patrimonio público.

 

Quizá la lección que dejan ambas historias sea mucho más sencilla de lo que parece: no existe un cuerpo femenino capaz de satisfacer a todo el mundo. Ariana y Georgina lo han demostrado desde extremos completamente distintos. Una es demasiado delgada para unos; la otra, demasiado curvilínea para otros. Y entre ambas dejan al descubierto el problema: cuando la conversación empieza y termina en el cuerpo de una mujer, nunca parece haber una talla, una forma o una imagen que consiga escapar del juicio. @mundiario