Simeone y la eterna reconstrucción de un Atlético obligado a competir

Diego Pablo Simeone vuelve a comenzar una temporada mirando hacia arriba desde demasiado pronto. La derrota por 3-0 ante el Athletic y el 2-1 de Anfield han dejado al Atlético con dos derrotas en sus cinco primeros partidos oficiales. Desde que el argentino afrontó su primera campaña completa, en 2012-13, solo había ocurrido otra vez: precisamente la temporada pasada. El dato empieza a parecer menos un accidente que una tendencia.

Hay circunstancias que explican parte del problema. El Mundial retrasó la incorporación de varios internacionales, algunos fichajes llegaron tarde y el calendario ha cargado el inicio de desplazamientos exigentes. Todo eso existe. Lo que cuesta aceptar es que cada contratiempo vuelva a desembocar en la misma explicación: el Atlético está construyéndose, necesita tiempo y todavía debe encontrar su mejor versión.

La reconstrucción fue evidente en 2014, cuando se marcharon Courtois, Diego Costa, Filipe Luis o David Villa después de ganar La Liga. También en 2019, con las salidas de Griezmann, Godín, Juanfran, Filipe Luis, Lucas Hernández o Rodri. Aquellos equipos perdieron de golpe buena parte de su columna vertebral. Utilizar el mismo concepto para explicar prácticamente cualquier renovación posterior termina vaciándolo de contenido.

Este verano también hubo salidas relevantes, pero el Atlético no fue desmantelado contra su voluntad. Griezmann emprendió su etapa en la MLS, Nahuel Molina fue traspasado a la Roma, Thiago Almada regresó a River Plate, Ruggeri se marchó al Aston Villa y Giménez y Lemar salieron cedidos. Son cambios importantes, pero forman parte de decisiones deportivas de un club que también tuvo capacidad para sustituirlos.

Porque al otro lado llegaron Cuti Romero, Alejandro Grimaldo, Morten Hjulmand y Kang In Lee, mientras Jonathan David apareció en el cierre del mercado. Además, Julián Alvarez continuó en Madrid. El propio Simeone aseguró antes de visitar San Mamés que el club había hecho un “grandísimo trabajo” durante el mercado. Si la plantilla convencía entonces, resulta difícil convertir su renovación en la explicación principal cuando llegan las derrotas.

Julián representa otro de los argumentos que requieren contexto. El argentino empezó tarde, apenas había disputado 55 minutos de Liga antes del viaje a Anfield y todavía no había marcado en el campeonato. No está en su mejor momento, pero en Liverpool ofreció precisamente una de las pocas señales alentadoras: fue titular por primera vez y dio a Marcos Llorente la asistencia del 0-1. El Atlético necesita recuperarlo, pero reducir sus problemas al estado de su mejor delantero sería simplificar demasiado.

Lo preocupante está en el funcionamiento colectivo. En San Mamés, el Atlético se desplomó después del descanso y recibió tres goles. En Anfield hizo una primera mitad mucho más convincente, se adelantó y obligó al Liverpool a reaccionar, pero después del descanso perdió presencia, concedió el 2-1 y apenas encontró respuestas. Simeone reconoció tras el encuentro que su equipo está encajando demasiado y que no consigue sostener durante noventa minutos los buenos tramos que sí muestra.

Tampoco puede olvidarse de dónde viene. El Atlético alcanzó las semifinales de la Champions la pasada temporada y cayó por un ajustado 2-1 global frente al Arsenal. También llegó a la final de Copa, aunque terminó perdiéndola ante la Real Sociedad en los penaltis. Son méritos importantes. El problema apareció en La Liga: acabó cuarto con 69 puntos, a 25 del Barcelona, a 17 del Real Madrid e incluso por detrás del Villarreal. Para un proyecto construido para acercarse a los dos grandes, la pelea por el campeonato dejó de ser real demasiado pronto.

Por eso la discusión ya no puede limitarse a cuánto necesita un fichaje para adaptarse o cuánto tardará Julián en recuperar su mejor nivel. Después de casi quince años, Simeone dirige un proyecto que ficha, vende y modifica su plantilla como cualquier otro grande europeo. Cambiar jugadores no convierte automáticamente cada verano en un punto de partida. Al Atlético se le puede conceder tiempo para ajustar piezas; lo que empieza a resultar difícil es concederle cada septiembre el derecho a estar en «reconstrucción». @mundiario