Solo Benassi y Soriano ignoran que el Deportivo no tiene delantero centro: 2-0 en Castellón

El Deportivo de La Coruña volvió a tropezar cuando el listón sube. Esta vez fue el Castellón quien le recordó, con dos disparos inapelables desde fuera del área, que la ambición de ascenso no se sostiene solo con discursos ni con posesiones estériles. El 2-0 en Castalia no fue un accidente ni una simple mala noche: fue la confirmación de una tendencia preocupante en el equipo coruñés, incapaz de imponerse a los rivales que marcan el ritmo de la categoría.

El partido comenzó con una evidencia que ya se ha repetido en otras citas exigentes: el rival salió más enchufado. El Castellón asumió el control desde el inicio, encadenando posesiones largas y encontrando espacios ante un Deportivo dubitativo. En una de esas acciones, Ousmane Camara recorrió la banda, se perfiló hacia dentro y soltó un disparo potente al primer palo que dejó sin respuesta a Álvaro Ferllo. Un gol que retrató mejor que cualquier análisis la diferencia de determinación entre ambos conjuntos.

El Deportivo reaccionó con las internadas de Yeremay y David Mella, pero sus intentos se diluyeron ante la solidez de Agustín Sienra y Alberto Jiménez. Hubo intención, pero faltó claridad. Hubo aproximaciones, pero no remate. Y en Segunda División —o en LaLiga Hypermotion, si se prefiere la nomenclatura comercial— la eficacia no es un matiz: es la frontera entre competir y resignarse.

Sin un ‘9’ fiable, el dominio se convierte en ansiedad. Se ha visto con claridad que el Castellón tiene pegada y el Deportivo, dudas

La segunda parte ofreció un intercambio más abierto. Mario Soriano estrelló un disparo en el larguero que pudo cambiar el guion. Pero, como tantas veces esta temporada, el detalle cayó del lado contrario. Álex Calatrava enganchó un zurdazo inesperado que sorprendió de nuevo a Ferllo –esta vez flojo– y cerró el partido. Dos misiles, dos goles. El Castellón no necesitó más para confirmar su condición de líder tras la derrota del Racing de Santander.

El contraste es incómodo. Mientras el conjunto orellut exhibe convicción y pegada, el Deportivo acumula su séptima derrota y se sitúa a cinco puntos del liderato. No es una distancia insalvable en febrero, pero sí un síntoma. Porque más allá de la clasificación, lo que inquieta es la sensación de que el equipo de Antonio Hidalgo no está preparado para imponerse a los mejores.

El debate sobre el delantero centro ya no puede despacharse con frases prudentes. En un proyecto que aspira a regresar a Primera, el ‘9’ no puede ser un experimento permanente. Es la pieza que transforma el dominio territorial en goles, la referencia que fija centrales y libera espacios. Sin ese perfil, cada ataque se convierte en un ejercicio de ansiedad. El déficit de gol no es una percepción subjetiva: es una constante estadística.

Soriano y Benassi ya pueden ir haciendo autocrítica

Fernando Soriano llegó a la dirección deportiva con la promesa de aportar coherencia al mercado. Sin embargo, el balance de la planificación deja interrogantes abiertos. Los refuerzos llamados a marcar diferencias aún no lo han hecho y el mercado invernal evitó intervenir en las posiciones más determinantes: el eje de la defensa y la punta del ataque. Las declaraciones que relativizan la necesidad de un goleador suenan, a estas alturas, más a justificación que a convicción.

El director general, Massimo Benassi, ha defendido públicamente la labor del director deportivo e incluso ha planteado su continuidad más allá del contrato vigente. El mensaje busca estabilidad, pero también introduce desconcierto en un entorno que percibe carencias evidentes. La gestión deportiva no puede evaluarse solo desde la confianza interna; necesita respaldo en el césped. Digásmolo claro: solo Benassi y Soriano ignoran que el Deportivo no tiene delantero centro.

Hidalgo, entre las carencia de la plantilla y sus propios límites

Antonio Hidalgo tampoco queda al margen. El entrenador asume la responsabilidad de optimizar los recursos disponibles y de encontrar soluciones tácticas. Es legítimo preguntarse si el equipo podría ofrecer más con los mimbres actuales. Pero también lo es reconocer que ningún sistema suple indefinidamente la falta de calidad diferencial en áreas clave. Eso sí, Hidalgo podría marear un poco menos a sus jugadores con tanto cambio precipitado y tanto cambio de sistema.

El Castellón, por su parte, ha construido un bloque reconocible, físico y resolutivo. No necesita grandes alardes discursivos. Sus resultados hablan. Ganó en Riazor, volvió a hacerlo en Castalia y cierra la jornada en lo más alto. Tiene identidad y pegada. El Deportivo, en cambio, oscila entre momentos de buen juego y desconexiones que le penalizan en los partidos decisivos.

Queda mucho, pero el ascenso no se cimenta en la espera

Queda Liga, es cierto. La Segunda es larga y caprichosa. Pero el ascenso no se cimenta en la espera, sino en la regularidad ante los rivales directos. Si el objetivo es regresar a Primera con solvencia, el equipo debe demostrar que puede competir de tú a tú con quienes hoy marcan el paso.

El problema no es solo perder; es cómo se pierde. Cuando la sensación es que el rival fue más intenso, más claro y más eficaz, la autocrítica se impone. El Deportivo aún está a tiempo de reconducir la temporada, pero para hacerlo necesita algo más que paciencia institucional. Necesita gol, liderazgo y coherencia en el proyecto. Porque en una categoría donde los detalles deciden ascensos, insistir en que “quedan muchos partidos” puede ser una forma elegante de aplazar el diagnóstico. Y los diagnósticos, cuando se retrasan demasiado, suelen convertirse en destino. @mundiario