Stuttgart 1-1 Atlético: Julián rompe su sequía y rescata al Atlético en inferioridad

La expedición del Atlético de Madrid regresó de tierras germanas con un botín mucho más valioso en lo anímico que en la frialdad del casillero. Si el plan de ruta trazado en la pizarra presagiaba un choque para exhibir galones en territorio del Stuttgart, el desarrollo de la contienda desnudó una de las puestas en escena más erráticas del conjunto rojiblanco en el certamen continental. Sin embargo, en medio del desconcierto generalizado y con el viento soplando en contra tras quedarse con diez futbolistas sobre el césped, la jerarquía individual bastó para firmar una igualada balsámica que castigó el exceso de confianza de los anfitriones.

El inicio de la velada rozó el descalabro absoluto antes de que los futbolistas lograran siquiera asentarse en sus posiciones. Apenas transcurrían sesenta segundos cuando una pérdida clamorosa de Marcos Llorente en campo propio desató un contragolpe vertical que exigió la intervención milagrosa de Jan Oblak. El guardameta esloveno solventó primero un mano a mano vertiginoso ante Bilal El Khannouss y, en la continuación del saque de esquina subsiguiente, desvió un latigazo envenenado de Josha Vagnoman desde el balcón del área para evitar que la noche se torciera de forma prematura.

Aquellas dos intervenciones providenciales del meta balcánico no sirvieron para templar los nervios de un bloque completamente desbordado en su costado diestro. Por esa banda, Chris Führich y el propio El Khannouss encontraron una autopista permanente para desarticular la cobertura visitante, superando con pasmosa facilidad el repliegue de Marc Pubill y la desconexión de Giuliano Simeone. En la medular, la reubicación forzada de Jonathan David como volante interior agravó el desequilibrio, dejando desasistido a Pablo Barrios y cortando cualquier vía de suministro hacia la vanguardia.

El dibujo inicial de Diego Pablo Simeone, que relegó de inicio al banquillo a Kang-in Lee para poblar el ataque con dos puntas nominales, derivó en una desconexión alarmante entre líneas. Mientras el atacante canadiense deambulaba desubicado persiguiendo sombras en labores de contención, Julián Alvarez quedaba reducido a una figura espectral entre los centrales alemanes. El monólogo del cuadro de Sebastian Hoeness amenazaba con derrumbar el muro madrileño mediante llegadas constantes de Angelo Stiller y Jamie Leweling que encontraban nula oposición física.

El castigo a tanta indolencia defensiva cristalizó rebasada la media hora de juego en otra desatención grosera. Un fallo en la salida de balón de Pubill en la frontal dejó el cuero a merced de Leweling, quien tras deshacerse de su marcador conectó un disparo que se envenenó decisivamente al rozar en Morten Hjulmand antes de superar la estirada de Oblak. El descanso llegó como una auténtica campana salvadora para una escuadra española que se marchaba a la caseta agradeciendo la falta de puntería germana para haber dejado el pleito visto para sentencia.

La chispa de Lookman, el despertar del ariete y el cerrojo final

La rectificación del cuerpo técnico colchonero durante el intermedio fue inmediata y quirúrgica. Simeone retiró a un superado Jonathan David para dar entrada a Ademola Lookman, dotando a la escuadra de una verticalidad desconocida. El impacto del internacional nigeriano resultó fulgurante: en su primer contacto con el esférico, filtró una asistencia milimétrica para que Julián Alvarez, resolviendo con un zurdazo inapelable, pusiera fin a una pesada sequía goleadora que se prolongaba desde el pasado mes de abril.

El tanto de la igualada alteró por completo la correlación de fuerzas y dotó al Atlético del aplomo que le había faltado durante todo el primer capítulo. Con la inercia a favor, el conjunto madrileño encadenó sus mejores minutos de circulación e incluso rozó la remontada en una llegada de Pablo Barrios que se marchó lamiendo el poste. Parecía el preludio de un golpe de autoridad visitante, pero una nueva desconexión individual arruinó la escalada cuando el viento soplaba de cara.

Apenas unos minutos después de restablecer el equilibrio, Morten Hjulmand cometió una entrada a destiempo en zona de nadie que le costó la expulsión directa. La imprudencia del mediocentro danés dejó a su equipo en inferioridad numérica para afrontar la media hora final, obligando al banquillo a desmontar cualquier pretensión de dominio para articular un plan de supervivencia a ultranza ante el empuje renovado de la hinchada local.

La reacción de Simeone fue blindar el área con cemento armado mediante un carrusel de modificaciones conservadoras. El ingreso de Johnny Cardoso, Robin Le Normand, Rubén Vargas y Alexander Sørloth transformó al equipo en un fortín inexpugnable, cerrando pasillos interiores y renunciando de forma definitiva a las transiciones para despejar cualquier balón aéreo que sobrevolara las inmediaciones del arco custodiado por Oblak.

El asedio postrero del Stuttgart murió entre la falta de precisión de sus rematadores y el ejercicio de orgullo defensivo de un Atlético que supo sufrir en la trinchera para proteger un punto de oro. Tras rozar el abismo en un primer acto calamitoso y sobreponerse a la adversidad de la cartulina roja, los pupilos de Simeone sumaron un botín balsámico que premia el renacer de su delantero estrella en el escenario continental. @mundiario