El avión que trasladaba al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, desde Moldavia hacia Oslo estuvo en una situación de riesgo por la incursión de un dron poco antes de su despegue, según confirmó el primer ministro noruego, Jonas Gahr Støre. El episodio se produjo el martes, cuando Zelenski viajaba a Noruega para asistir al funeral del rey Harald V, y coincidió con una nueva incursión de un dron de tipo Shahed en el espacio aéreo moldavo y con su posterior entrada en territorio rumano.
Støre fue tajante al describir lo sucedido: “Su avión estuvo a punto de ser embestido por un dron durante el despegue en Moldavia. Esa es la realidad en la que vive”. Sin embargo, las autoridades no han aportado pruebas que permitan establecer que el aparato tuviera como objetivo específico el avión presidencial. Una fuente de la Presidencia ucraniana ofreció una versión más matizada y calificó al Financial Times de «exagerada» la idea de que Zelenski hubiera estado directamente bajo ataque.
Lo que sí está confirmado es que Moldavia cerró temporalmente su espacio aéreo después de detectar un dron que, según las autoridades, presentaba características de un Shahed o Geran. El aparato atravesó también el espacio aéreo rumano, miembro de la OTAN, antes de regresar hacia Moldavia y terminar estrellándose a unos 160 kilómetros del aeropuerto de Chisináu. Dos cazas F-18 españoles participaron en su seguimiento desde el lado rumano. El incidente obligó a retrasar varios vuelos, entre ellos el de Zelenski.
El dato relevante no es solamente la proximidad del dron al avión presidencial, cuya distancia exacta no se ha hecho pública, sino el contexto en el que ocurrió. Moldavia y Rumanía llevan meses registrando episodios relacionados con drones procedentes del teatro de operaciones ucraniano. La guerra está creando así una zona de riesgo aéreo que afecta a países que no participan directamente en los combates y que, en el caso de Rumanía, forma parte de la Alianza Atlántica.
El incidente del cierre del espacio aéreo en Moldavia provocado por un dron explosivo ruso —que retrasó el despegue del avión presidencial— adquirió una mayor dimensión geopolítica debido a que el mandatario Zelenski se dirigía precisamente a Oslo para blindar la defensa aérea de su país. A su llegada, Zelenski mantuvo reuniones de urgencia con el primer ministro Støre, el ministro de Relaciones Exteriores, Espen Barth Eide, y altos asesores de seguridad.
El eje central de las conversaciones con las autoridades y empresarios de la industria de defensa locales fue el desarrollo del programa antibalístico conjunto FREYJA, diseñado para contrarrestar la campaña invernal de misiles y drones rusos. Tras marchar en la comitiva fúnebre del rey Harald V, el presidente de Ucrania despegó rumbo a Canadá para iniciar una visita oficial en Banff centrada en la cooperación energética y militar junto al primer ministro Mark Carney.
La escena resume una de las contradicciones centrales de la situación actual: mientras los canales diplomáticos intentan recuperar impulso, la guerra aérea mantiene una intensidad elevada. El martes, además, Rusia reanudó los ataques contra Kiev después de una pausa coincidente con la visita de los enviados estadounidenses Steve Witkoff y Jared Kushner. Los ataques con misiles y drones causaron víctimas y daños en distintos puntos de Ucrania.
Los datos de Naciones Unidas ayudan a medir esa escalada. En julio murieron al menos 437 civiles en Ucrania y otros 2.610 resultaron heridos, las cifras mensuales más elevadas de víctimas civiles desde mayo de 2022. Misiles y drones de largo alcance fueron responsables del 38% de las víctimas registradas.
En ese escenario, Zelenski volvió a reclamar una respuesta internacional más contundente. Su argumento es que las sanciones y la presión diplomática no han conseguido detener los ataques y que Rusia debe afrontar mayores costes por la continuación de la guerra. La cuestión es que Washington está intentando simultáneamente mantener abierta una vía de negociación con Moscú.
Donald Trump aseguró este miércoles que había mantenido una “excelente conversación” con Vladímir Putin y afirmó que el presidente ruso quiere alcanzar un acuerdo para terminar la guerra. “Él quiere llegar a un acuerdo, y si Zelenski quiere llegar a un acuerdo, eso sería fantástico”, declaró Trump antes de viajar a Dallas.
La afirmación estadounidense introduce un elemento diferente en un momento en que las posiciones de Moscú y Kiev continúan alejadas. Los contactos de Witkoff y Kushner en Moscú y Kiev no produjeron públicamente un avance concreto. Entre los principales obstáculos siguen figurando las cuestiones territoriales, las condiciones de un eventual alto el fuego y las garantías de seguridad que reclama Ucrania.
Zelenski, de hecho, ha reconocido que Washington intenta explorar medidas de desescalada para los próximos meses y que existen ideas relacionadas con energía, cereales y otras áreas que podrían servir para reactivar el diálogo. Pero también ha advertido de que los ataques rusos no reflejan, hasta ahora, una voluntad clara de hacer concesiones.
A esta diplomacia todavía tentativa se suma una presunta reconfiguración interna en el equipo de negociación de la Casa Blanca. Según reveló el Financial Times, el director de la CIA, John Ratcliffe, estaría preparándose para asumir un rol protagónico en la «diplomacia de lanzadera» (shuttle diplomacy) entre Washington, Moscú y Kiev, aprovechando sus canales abiertos con los servicios de inteligencia de ambos países en conflicto.
El reporte señala que este movimiento busca reactivar los diálogos ante el estancamiento de las gestiones y contempla recortar el peso del enviado especial Steve Witkoff y del asesor Jared Kushner. Sin embargo, la portavoz de la CIA, Liz Lyons, calificó de «falsas» estas afirmaciones, mientras que la propia Casa Blanca catalogó el informe como un bulo absoluto, asegurando que Donald Trump mantiene plena confianza en la dupla Witkoff-Kushner y que aún no ha tomado una decisión definitiva.
Por eso, el episodio del avión de Zelenski y las palabras de Trump parecen pertenecer a dos realidades contrapuestas, aunque en realidad forman parte del mismo conflicto. Por un lado, un presidente ucraniano puede encontrarse con un dron en las proximidades de su ruta aérea incluso cuando viaja hacia un país aliado y no hacia el frente. Por otro, el presidente estadounidense sostiene que Putin está dispuesto a negociar. @mundiario
