La guerra entre Estados Unidos e Irán vuelve a moverse en el terreno de la ambigüedad, los anuncios contradictorios y la diplomacia al límite. Washington dio este jueves por encarrilado un principio de acuerdo para prolongar el alto el fuego durante dos meses más, pero pocas horas después Teherán negó tajantemente que exista un documento definitivo. El episodio refleja hasta qué punto las negociaciones siguen atrapadas entre la desconfianza mutua y los intereses estratégicos de ambos gobiernos.
Según fuentes de la Casa Blanca citadas por medios estadounidenses, las dos potencias habrían pactado un borrador de memorando pendiente únicamente de la aprobación final de Donald Trump. Ese texto incluiría una prórroga de 60 días de la tregua, la reapertura del estratégico estrecho de Ormuz al tráfico marítimo internacional y el inicio de conversaciones sobre el programa nuclear iraní.
Sin embargo, desde Teherán la reacción fue inmediata. Medios oficiales iraníes aseguraron que no existe ningún acuerdo finalizado y negaron que el Gobierno haya comunicado a los mediadores paquistaníes el cierre de un pacto. El mensaje iraní volvió a poner en evidencia la enorme distancia política y diplomática que aún separa a las dos partes.
La propia Administración estadounidense evitó después confirmar con claridad el supuesto avance. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, reconoció públicamente que todo depende de la decisión final de Trump. “Quizá tenemos las bases de un acuerdo”, deslizó ante los periodistas, aunque insistió en que el presidente todavía no ha dado luz verde definitiva.
La prudencia en Washington tiene una explicación evidente: Trump ya ha dado marcha atrás en anteriores ocasiones cuando consideró insuficientes los compromisos iraníes. El presidente estadounidense ha endurecido en los últimos días su discurso y ha dejado claro que no aceptará un pacto parcial que no responda a todas sus exigencias, especialmente en relación con el programa nuclear de Teherán.
Mientras tanto, la situación militar continúa siendo extremadamente delicada. Apenas horas antes de conocerse estas informaciones, ambos países volvieron a protagonizar nuevos enfrentamientos en la zona del golfo Pérsico. Según fuentes estadounidenses, Irán lanzó varios drones cerca del estrecho de Ormuz y las fuerzas norteamericanas respondieron derribándolos y bombardeando una instalación militar iraní desde la que supuestamente iba a despegar otro aparato no tripulado.
Teherán respondió con el lanzamiento de un misil balístico contra Kuwait, donde Estados Unidos mantiene importantes bases militares. El proyectil fue interceptado antes de impactar, pero el episodio volvió a demostrar que el alto el fuego sigue pendiendo de un hilo y que cualquier incidente puede hacer saltar por los aires las conversaciones.
El estrecho de Ormuz se ha convertido nuevamente en una pieza central de la negociación. El posible memorando contemplaría la reapertura total del paso marítimo y la retirada gradual de las minas colocadas por Irán durante el conflicto. La recuperación del tráfico comercial es una prioridad absoluta para Washington y para las grandes economías occidentales, muy golpeadas por la crisis energética derivada de la guerra.
El bloqueo parcial de Ormuz disparó el precio del petróleo y provocó una nueva ola inflacionaria en Estados Unidos y Europa. En territorio estadounidense, la subida de los carburantes ha erosionado gravemente la popularidad de Trump, que atraviesa uno de los momentos políticos más complicados desde su regreso a la Casa Blanca.
Las encuestas muestran un fuerte desgaste del presidente, especialmente por el impacto económico del conflicto y por la percepción de que la guerra no logró los resultados rápidos que prometía la Administración republicana. La proximidad de las elecciones legislativas de medio mandato añade todavía más presión a la Casa Blanca.
Trump necesita exhibir algún tipo de éxito diplomático para frenar el deterioro político interno. Un acuerdo con Irán permitiría al mandatario vender una imagen de liderazgo internacional y estabilización económica, aunque el contenido real del posible pacto siga lleno de incógnitas.
Uno de los asuntos más complejos continúa siendo el programa nuclear iraní. Según las filtraciones publicadas en Estados Unidos, el memorando incluiría un compromiso de Teherán para no desarrollar armas nucleares, pero las diferencias sobre el enriquecimiento de uranio siguen siendo enormes.
Las instalaciones nucleares iraníes bombardeadas por Estados Unidos continúan almacenando uranio altamente enriquecido enterrado bajo toneladas de escombros. El futuro de ese material será uno de los principales puntos de fricción en las conversaciones previstas para las próximas semanas.
Además, Washington estaría dispuesto a flexibilizar parcialmente algunas sanciones económicas y permitir de nuevo ciertas exportaciones de petróleo iraní. También se estudia desbloquear fondos iraníes congelados en el extranjero y facilitar ayuda humanitaria. No obstante, Trump había negado públicamente apenas un día antes que estuviera dispuesto a levantar sanciones o liberar dinero a Teherán, lo que aumenta aún más la confusión sobre el verdadero estado de las negociaciones.
El escenario sigue siendo extremadamente volátil. Estados Unidos necesita rebajar la tensión para evitar un deterioro económico mayor y un coste político insoportable para Trump. Irán, por su parte, busca aliviar el aislamiento económico y recuperar parte de su capacidad exportadora. Pero entre ambos continúan pesando décadas de hostilidad, ataques cruzados y una guerra reciente que ha dejado miles de muertos y una región completamente desestabilizada. @mundiario
