Teresa Portela y Los Ángeles 2028: ¿logrará su octava cita olímpica?

Ninguna deportista española ha competido en ocho Juegos Olímpicos. Teresa Portela, que ya ostenta el récord con siete, entre Sídney 2000 y París 2024, no cierra la puerta a intentarlo: «Na miña cabeza está Los Ángeles».

Lo dice, eso sí, sin urgencia y sin titulares prematuros, en pleno pulso con la Real Federación Española de Piragüismo, que lleva dos años exigiéndole concentrarse en Sevilla para optar a un barco de equipo, algo que la palista de Aldán, madre de una niña, sigue sin estar dispuesta a aceptar.

MUNDIARIO recupera, con esa puerta todavía abierta, la conversación que Portela mantuvo en El Podcast de MUNDIARIO, donde habló de esfuerzo, de maternidad y de por qué, para ella, siete Juegos Olímpicos valen más que una sola medalla.

El pulso con la federación que se alarga un año más

La obligación de mudarse a Sevilla para formar parte de un K2 o un K4 sigue sin cambiar, y Portela ha decidido, por segundo año consecutivo, no ceder. «Non pasa nada por prescindir dun mundial», explicaba recientemente. «Agora estou desfrutando de todo, e non creo que isto reste, todo o contrario, penso que suma». 

No es la primera vez que la maternidad choca con la estructura del deporte de élite español: cuando fue madre, recuerda en el podcast, le congelaron la beca. «Está muy bien, palabras muy bonitas, conciliación, pero a día de hoy no es una realidad, y lo puedo decir en primera persona», explica. Aun así, sigue entrenando con la misma dinámica de siempre, sin bajar el ritmo.

De Aldán a siete Juegos Olímpicos

Todo empezó con una amiga, Carmela, y un verano en la playa de Aldán cuando Portela tenía nueve años. «Me hubiese perdido una vida realmente increíble», dice sobre aquel día. Debutó en unos Juegos Olímpicos en Sídney 2000, con 18 años, y desde entonces ha competido en siete ediciones consecutivas, la mayor cifra de la historia del deporte español femenino.

En Londres 2012 se quedó a las puertas de una medalla por apenas 198 milésimas, un error en la salida que dice no haberse perdonado durante años. La revancha llegó en Tokio 2020, ya con 39 años, contra todo pronóstico en una prueba de velocidad donde se da por hecho que la edad juega en contra: plata olímpica en K1 200. «Yo pensaba: sí, creo que puedo», recuerda sobre los meses previos a esa final.

Madre y palista: la beca congelada

Ser madre, dice Portela, «nunca es el momento» para una deportista de élite, porque su herramienta de trabajo es su propio cuerpo. Aun así, decidió tener a su hija Naira tras los Juegos de Londres, siguió entrenando durante el embarazo bajo supervisión médica y volvió a competir al mes de dar a luz.

Desde entonces, Naira ha viajado con ella a cada competición, incluidos los Juegos de Tokio. «Quiero que aprenda el valor del esfuerzo más allá del resultado», explica sobre lo que espera transmitirle. Sobre el estado del deporte femenino en España es igual de directa: «Queda mucho por hacer, mucho, y ya está.»

Dos años sin competir a nivel internacional no han apagado el sueño olímpico de Portela, que prefiere no ponerle fecha ni titular a Los Ángeles 2028. Lo que sí tiene claro es cómo quiere que la recuerden: «Como una persona trabajadora, guerrera, que luchó por aquello en lo que creía, pero sobre todo por buena compañera y por buena persona».

Es la séptima entrega de la serie que ha repasado ya las conversaciones con Fernando González Laxe, Augusto César Lendoiro, José Ramón González Juanatey, Diego González Rivas, Marisol Soengas y Minia Manteiga en El Podcast de MUNDIARIO, que regresa con nuevas voces el próximo 16 de septiembre. La entrevista completa con Teresa Portela está disponible para quien quiera escuchar, con su propia voz, por qué el esfuerzo diario pesa más que cualquier medalla. @mundiario