Groenlandia vuelve a ocupar el centro de la agenda internacional, aunque esta vez por un posible acuerdo y no por nuevas amenazas sobre su control. Donald Trump ha anunciado que Estados Unidos, Dinamarca y Groenlandia han alcanzado un pacto que está previsto que se formalice durante la Asamblea General de Naciones Unidas, en Nueva York.
El contenido todavía no se ha hecho público en detalle. Esa falta de información explica la prudencia con la que Europa ha recibido el anuncio. El acuerdo no implica, al menos según lo conocido hasta ahora, un cambio de soberanía sobre la isla, pero sí puede modificar la cooperación militar y estratégica en una de las zonas que han adquirido mayor importancia para la seguridad occidental.
El pacto llega después de una etapa especialmente complicada en las relaciones entre Estados Unidos y Dinamarca. Trump había defendido en distintos momentos el interés estadounidense por Groenlandia y llegó a mantener abierta la posibilidad de utilizar medidas de presión para conseguir sus objetivos.
La situación generó preocupación entre los aliados europeos, especialmente porque Dinamarca forma parte de la OTAN. El conflicto obligó a buscar una salida que permitiera a Washington reforzar sus intereses estratégicos en el Ártico sin plantear formalmente una transferencia de soberanía.
Las conversaciones se desarrollaron durante meses con un alto nivel de discreción. El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, desempeñó un papel relevante en los contactos y ayudó a acercar las posiciones de las partes.
La seguridad del Ártico gana peso
La importancia del acuerdo va más allá de Groenlandia. El Ártico se ha convertido en una zona estratégica para Estados Unidos y Europa por su posición geográfica, las nuevas rutas marítimas y el creciente interés militar en la región.
Estados Unidos ya mantiene presencia en Groenlandia a través de la base espacial de Pituffik, utilizada para tareas relacionadas con la vigilancia y la detección de posibles amenazas. El nuevo pacto podría facilitar una mayor cooperación y ampliar determinadas capacidades estadounidenses en la isla.
Sin embargo, todavía quedan por conocer cuestiones fundamentales. No está claro qué instalaciones podrían utilizarse, qué tipo de despliegue militar se contempla o cuáles serán exactamente las obligaciones de cada parte.
Una prueba para la relación entre Europa y Trump
La reacción europea ha sido medida. La OTAN ha acogido con satisfacción el anuncio y ha señalado que el acuerdo puede contribuir a reforzar la seguridad, la estabilidad y la cooperación en el Ártico y el Atlántico Norte.
Dinamarca también ha presentado el pacto como un paso relevante ante los cambios que está experimentando la seguridad de la región. Al mismo tiempo, varios dirigentes europeos han insistido durante los últimos meses en que el respeto a la soberanía y a la integridad territorial debe mantenerse como principio básico.
Por eso, el verdadero alcance del acuerdo dependerá de su contenido definitivo. Si permite aumentar la cooperación militar estadounidense sin modificar el estatus de Groenlandia, podría cerrar uno de los principales conflictos abiertos entre Washington y sus aliados europeos.
La firma prevista en Naciones Unidas permitirá conocer finalmente las condiciones concretas y comprobar si el pacto supone únicamente un nuevo marco de cooperación o el comienzo de una relación diferente entre Estados Unidos, Dinamarca y Groenlandia. @mundiario
