La guerra entre Estados Unidos e Irán se traslada hasta las infraestructuras civiles del golfo Pérsico. Ya no se trata únicamente de ataques contra bases militares, instalaciones nucleares o posiciones estratégicas. La advertencia lanzada por Donald Trump supone un cambio de paradigma al convertir las infraestructuras esenciales del Estado iraní en objetivos sistemáticos como respuesta a cualquier agresión contra la navegación internacional.
El presidente estadounidense anunció este miércoles que ordenará destruir un puente, una central eléctrica o cualquier otra infraestructura estratégica iraní por cada ataque contra un barco que atraviese el estrecho de Ormuz, el corredor marítimo por el que circula una parte esencial del petróleo que abastece al planeta.
La amenaza llega cuando el conflicto amenaza con extenderse a un segundo cuello de botella energético mundial. Los rebeldes hutíes de Yemen, aliados de Teherán, advirtieron esta semana de que también podrían bloquear el estrecho de Bab el Mandeb, la puerta de entrada al mar Rojo, desde donde transitan millones de barriles de crudo con destino a Europa y América.
Las consecuencias comenzaron a sentirse de inmediato. Tras las amenazas hutíes, varios petroleros modificaron sus rutas para evitar Bab el Mandeb, un giro de timón que ha incrementado los tiempos de navegación y disparado los costes logísticos. Al mismo tiempo, el bloqueo casi total que Irán mantiene sobre Ormuz continúa tensionando los mercados energéticos. El precio del Brent llegó a superar momentáneamente los 95 dólares por barril antes de estabilizarse ligeramente, mientras que la gasolina volvió a situarse por encima de los cuatro dólares por galón en EE UU, un umbral especialmente sensible para la economía norteamericana y para la popularidad del propio Trump a pocos meses de las elecciones legislativas.
Un eventual bloqueo de ambos estrechos bajo amenaza plantea un escenario extremadamente complejo para el comercio internacional. Arabia Saudí había conseguido reducir parte de su dependencia de Ormuz enviando petróleo hacia el puerto de Yanbu, en el mar Rojo. Sin embargo, si Bab el Mandeb también queda inutilizado, buena parte del tráfico energético tendría que desviarse hacia el canal de Suez, prolongando durante semanas los trayectos y elevando todavía más los costes.
Teherán responde con nuevas amenazas
Fuentes militares próximas al régimen de los ayatolás advirtieron de que cualquier ataque estadounidense contra infraestructuras civiles iraníes tendría una respuesta equivalente sobre instalaciones estratégicas situadas en los países árabes del Golfo que colaboran con Washington. El mensaje supone una ampliación potencial del conflicto hacia toda la región, donde EE UU mantiene importantes bases militares y donde se concentran algunas de las principales infraestructuras energéticas del planeta.
Mientras tanto, el comandante en jefe del Ejército iraní, Amir Hatami, aseguró que el país había reforzado sus capacidades militares precisamente ante la posibilidad de que sus adversarios incumplieran cualquier compromiso internacional. Desde el Parlamento iraní también se insistió en que Trump se encuentra atrapado en un “atolladero” del que será difícil salir sin asumir un elevado coste político y militar.
En paralelo al intercambio de amenazas, la ofensiva militar continúa ampliándose. Washington ha extendido sus bombardeos desde el sur hacia zonas centrales y occidentales de Irán, mientras que Teherán ha respondido atacando instalaciones energéticas y de desalinización kuwaitíes, además de objetivos militares estadounidenses repartidos entre Kuwait, Baréin y Jordania.
Durante la madrugada del miércoles volvieron a registrarse explosiones en Teherán tras la activación de las defensas antiaéreas. Entre los objetivos alcanzados figuran infraestructuras en la provincia de Bushehr, donde se encuentra la única central nuclear iraní, así como instalaciones eléctricas próximas al complejo atómico. Por su parte, el Ejército iraní asegura haber golpeado bases aéreas estadounidenses en Jordania y Baréin, además del Campamento Doha, en Kuwait.
La diplomacia pierde terreno
El presidente estadounidense también dejó abierta la posibilidad de atacar nuevas instalaciones nucleares. Desde el Despacho Oval señaló que EE UU podría bombardear el complejo subterráneo conocido como Pickaxe Mountain, construido bajo una montaña próxima al centro de enriquecimiento de Natanz y considerado uno de los proyectos nucleares más protegidos de Irán. Washington sostiene que Teherán continúa desarrollando capacidades para fabricar armamento nuclear, mientras que el régimen iraní insiste en que todo su programa tiene exclusivamente fines civiles.
En este escenario, las posibilidades de una salida negociada vuelven a reducirse. El ministro iraní del Interior, Eskandar Momeni, viajó recientemente a Pakistán para solicitar nuevos esfuerzos de mediación, mientras Islamabad mantiene abiertos los canales diplomáticos con ambas partes. Sin embargo, Trump se mostró especialmente pesimista sobre cualquier negociación.
El secretario de Estado, Marco Rubio, advirtió además de que permitir que Irán controle el estrecho de Ormuz sentaría un precedente internacional extremadamente peligroso. A su juicio, aceptar que un Estado pueda decidir unilateralmente quién navega por una vía marítima internacional y bajo qué condiciones abriría la puerta a conflictos similares en otras regiones estratégicas del planeta, especialmente en el mar de China Meridional.
Mientras tanto, Estados Unidos ha restablecido nuevas restricciones sobre los puertos iraníes y el conflicto continúa desplazándose hacia la destrucción de infraestructuras esenciales, una evolución que amenaza con convertir la crisis energética mundial en uno de los principales frentes de esta guerra. @mundiario
