La guerra entre Israel e Irán, el frágil alto el fuego impulsado por Washington y las negociaciones abiertas con Teherán tienen un mismo protagonista: el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Sus últimas declaraciones sobre el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, no solo reflejan el grado de influencia estadounidense sobre la estrategia israelí, sino también el intento de la Casa Blanca de monopolizar el desenlace político y militar del conflicto.
Trump afirmó sin matices que Netanyahu “hará todo lo que yo quiera que haga” respecto a Irán, una frase que resume el momento geopolítico actual: Israel mantiene la presión militar sobre Teherán, pero Washington quiere controlar el ritmo de la confrontación y dirigir personalmente cualquier salida diplomática o militar.
La afirmación llega en un contexto extremadamente delicado. El alto el fuego vigente desde el 8 de abril sigue siendo inestable, Irán continúa lanzando advertencias sobre posibles represalias regionales y la comunidad internacional observa con inquietud cómo la administración estadounidense alterna amenazas directas con llamados a la negociación.
Las palabras del mandatario estadounidense muestran algo más profundo que una simple sintonía política con Netanyahu. Trump intenta dejar claro que la estrategia israelí no avanzará sin el visto bueno de Washington. “Hará todo lo que yo quiera que haga y, para mí, es un gran tipo. Es un gran tipo. No olviden que fue primer ministro en tiempo de guerra y, en mi opinión, en Israel no lo tratan como se merece”, insistió Trump sobre Netanyahu.
Con ello, el presidente estadounidense busca enviar varios mensajes simultáneos. Primero, hacia Teherán: Estados Unidos mantiene capacidad de control sobre el principal aliado militar de la región. Segundo, hacia el propio gobierno israelí: cualquier escalada deberá coordinarse con Washington. Y tercero, hacia la política interna estadounidense, donde Trump intenta proyectarse como el único líder capaz de evitar una guerra total sin renunciar a la presión militar.
El tono empleado por Trump también rompe parcialmente con la tradicional narrativa diplomática entre aliados. Aunque históricamente Estados Unidos ha condicionado gran parte de la estrategia israelí en Oriente Próximo, rara vez un presidente estadounidense había verbalizado de forma tan explícita una relación de subordinación política con un primer ministro israelí.
Netanyahu, entre la dependencia estratégica y la presión interna
Las declaraciones llegan además en un momento políticamente sensible para Netanyahu. El dirigente israelí continúa afrontando un complejo juicio por presuntos casos de corrupción, abuso de poder y soborno, mientras mantiene una coalición extremadamente frágil con fuerzas ultranacionalistas y religiosas.
Trump aprovechó incluso para intervenir indirectamente en la política interna israelí, criticando al presidente israelí, Isaac Herzog, por no haber concedido un indulto a Netanyahu. “Creo que tienen un presidente allá que lo trata muy mal”, declaró.
El respaldo público de Trump fortalece temporalmente la imagen internacional de Netanyahu, pero también puede aumentar las críticas dentro de Israel hacia una excesiva dependencia estratégica de Washington. En sectores de la oposición israelí ya existe preocupación por la percepción de que el gobierno actual ha quedado demasiado condicionado por los intereses políticos estadounidenses.
Paradójicamente, mientras Trump elogia constantemente a Netanyahu, también deja claro que la prioridad estadounidense no es prolongar la guerra, sino administrar el conflicto bajo términos controlados.
Irán sospecha que Washington prepara nuevos ataques
Mientras Trump habla de negociación, en Teherán crece la desconfianza. Las autoridades iraníes consideran que Estados Unidos podría estar utilizando las conversaciones para ganar tiempo mientras reorganiza la presión militar regional. La Guardia Revolucionaria iraní advirtió de que cualquier nueva agresión provocaría una guerra regional mucho más amplia. Además, dirigentes iraníes sostienen que existen movimientos “obvios y ocultos” orientados a preparar nuevos ataques.
El problema para Washington es que las exigencias iraníes siguen chocando frontalmente con la posición estadounidense. Teherán insiste en el levantamiento de sanciones, compensaciones económicas por daños de guerra, desbloqueo de activos congelados y reducción de la presencia militar estadounidense en la región.
Hasta ahora, muchas de esas demandas ya habían sido rechazadas previamente por Trump. La dimensión interna estadounidense también resulta clave para entender el discurso de Trump. La subida del precio del petróleo y el temor a una guerra prolongada generan presión política sobre la Casa Blanca a pocos meses de las elecciones legislativas.
El propio presidente dejó entrever esa preocupación cuando comparó el actual conflicto con las largas guerras estadounidenses en Afganistán, Irak y Vietnam, intentando proyectar la idea de que él evita un nuevo desastre militar prolongado.
Sin embargo, las contradicciones de Washington generan incertidumbre incluso entre sus aliados. En apenas días, Trump ha pasado de insinuar bombardeos inmediatos a asegurar que un acuerdo podría estar cerca.
Ese vaivén diplomático complica la credibilidad estadounidense tanto frente a Israel como frente a Irán. @mundiario
