Donald Trump ha reconocido el alcance de la derrota republicana en las elecciones de medio mandato de Estados Unidos, aunque ha evitado asumir personalmente la responsabilidad. Después de una jornada que ha dejado a los demócratas con el control del Congreso, el presidente ha adoptado un tono aparentemente conciliador y ha ofrecido colaboración a sus adversarios. Sin embargo, sus declaraciones han estado acompañadas de advertencias sobre el uso del veto presidencial y de críticas dirigidas a los candidatos de su propio partido.
«Estoy absolutamente dispuesto a aceptar esos resultados», declaró Trump en una conversación telefónica con The New York Times. El mandatario añadió que esperaba trabajar con los demócratas y que probablemente podrían alcanzar algún acuerdo. También reconoció ante The Wall Street Journal que estaba sorprendido por el resultado: «Pensé que lo harían mejor. Tuvimos tremendas manifestaciones».
La reacción contrasta con una campaña en la que el propio presidente convirtió las midterms en un examen de su gestión. Durante semanas pidió a los estadounidenses que votaran como si él figurase en las papeletas, recorrió distintos estados y multiplicó sus mensajes de apoyo a los candidatos republicanos. Ahora, ante el resultado adverso, sostiene que su ausencia en las candidaturas impidió movilizar suficientes votantes. «Yo no aparecía en la boleta electoral y, si hubiera aparecido, habríamos cosechado una victoria aplastante», escribió en Truth Social. La explicación intenta separar su liderazgo del fracaso electoral, pese a que buena parte de los aspirantes derrotados contaban con su respaldo directo.
La oferta de cooperación de Trump tiene límites evidentes. Poco después de hablar de acuerdos, publicó la imagen de una gorra roja con la palabra «VETO», recordando que conserva la capacidad de bloquear las leyes aprobadas por un Congreso controlado por la oposición. «Es uno de los poderes más fuertes que tiene un presidente», afirmó en Fox News. Según explicó, si los demócratas presentan propuestas que considere inaceptables, las vetará hasta que ambas partes encuentren una fórmula negociada.
El mensaje anticipa una legislatura complicada, ya que si bien los demócratas podrán controlar la agenda legislativa, las comisiones y buena parte de la actividad de supervisión parlamentaria, no podrán imponer automáticamente todas sus iniciativas. Para superar un eventual veto presidencial, necesitan mayorías de dos tercios en ambas cámaras, un umbral sumamente difícil de alcanzar. Por lo tanto, aunque la nueva mayoría demócrata tendrá plena capacidad para investigar, fiscalizar y obstaculizar determinadas decisiones de la Casa Blanca, se verá obligada a negociar con Trump para convertir sus propias propuestas en leyes.
Una derrota vinculada al coste de la vida y la guerra con Irán
Los resultados reflejan un descontento que va más allá de las disputas entre partidos, ya que la inflación, el precio de la gasolina, los aranceles comerciales y la guerra con Irán han perjudicado notablemente la imagen económica y política del presidente. Según los datos de The New York Times, la inflación interanual alcanzó el 3,7% en septiembre, mientras que amplios sectores del electorado expresaban su preocupación por el encarecimiento de los productos básicos y la energía.
Trump había defendido que la economía estadounidense atravesaba un momento excepcional y llegó a afirmar que la inflación estaba resuelta. Sin embargo, esa percepción no coincidía con las preocupaciones manifestadas por los votantes. La guerra con Irán también tuvo un coste político, especialmente por sus consecuencias sobre el petróleo y los carburantes.
En su conversación con el diario neoyorquino, el presidente no mostró arrepentimiento por la intervención militar, que calificó de «decisión muy sabia para el futuro del país y del mundo». Sí reconoció que los estadounidenses probablemente no estaban satisfechos con los precios del petróleo.
La derrota adquiere mayor relevancia porque los demócratas consiguieron imponerse en distritos que Trump había ganado en las presidenciales de 2024. El resultado apunta a que una parte del electorado que respaldó entonces al republicano ha cambiado de posición o ha optado por castigar a su partido.
Lejos de asumir el coste político de la derrota, Trump comenzó a señalar a dirigentes republicanos. Uno de sus primeros objetivos fue Greg Abbott, gobernador de Texas, a quien reprochó haberse convertido en un republicano moderado durante los últimos meses de campaña. También defendió sus decisiones de respaldo a candidatos como Darline Graham, en Carolina del Sur, y Ken Paxton, en Texas, pese a sus derrotas. El presidente aseguró que no se arrepentía de esas apuestas y sostuvo que algunos aspirantes tenían defectos que los votantes no aceptaron.
La Casa Blanca, por su parte, intentó distanciar al mandatario del resultado. En un comunicado difundido durante la noche electoral, defendió que Trump había trabajado intensamente para promover a los candidatos republicanos, pero insistió en que él no estaba en las papeletas.
La reacción presidencial ante los desfavorables resultados de las elecciones de mitad de mandato alcanzó a Fox News, su cadena de televisión de referencia. Durante la cobertura en vivo, Trump arremetió en Truth Social contra Jessica Tarlov, copresentadora del programa The Five, luego de que ella destacara que el país registraba los precios de combustible más altos vistos en una jornada electoral. El mandatario además tildó las encuestas y datos del canal como «un ataque premeditado» y «pura mierda» (BULL—-!), acusando a Fox Corp de estar en su contra. Sus ataques evidenciaron el profundo malestar de un mandatario que, tras una campaña intensa, vio cómo los sondeos de la cadena mostraban un 68 % de desaprobación a su gestión y anticipaban el avance demócrata en el Congreso.
Un Congreso demócrata y un Trump debilitado
La victoria demócrata tendrá consecuencias institucionales importantes. Cuando la nueva mayoría asuma sus funciones el 3 de enero, Trump perderá el control político que había mantenido sobre las dos cámaras durante la primera mitad de su segundo mandato.
La Cámara de Representantes permitirá a los demócratas controlar las comisiones y utilizar sus facultades de investigación y citación. Eso abre la posibilidad de audiencias sobre las decisiones del Gobierno, sus actuaciones administrativas y los negocios del entorno presidencial. El líder demócrata Hakeem Jeffries ha presentado el resultado como una demanda ciudadana de cambio y ha prometido que su partido utilizará la nueva mayoría para fiscalizar a la Administración.
El Senado también pasará a manos demócratas, lo que complicará la confirmación de determinados nombramientos y la tramitación de iniciativas presidenciales. Trump seguirá conservando importantes atribuciones ejecutivas, pero tendrá menos margen para desarrollar su programa sin negociar con la oposición.
Además, el resultado abre una etapa de incertidumbre dentro del Partido Republicano. Con Trump sin posibilidad de optar a un tercer mandato, la derrota puede acelerar la competencia por el liderazgo de cara a las presidenciales de 2028. Las críticas a los candidatos derrotados y los reproches internos anticipan una disputa sobre el rumbo que debe seguir el movimiento MAGA.
La disposición de Trump a aceptar los resultados reduce, al menos por ahora, el riesgo de una impugnación generalizada de las elecciones. Sin embargo, aceptar el recuento no equivale a asumir el resultado político ni garantiza una relación constructiva con el Congreso.
La primera etapa estará marcada previsiblemente por negociaciones sobre el presupuesto, el techo de deuda y otras decisiones económicas que requieren acuerdos legislativos. Trump ha asegurado que algunos demócratas ya se han puesto en contacto con él y se ha mostrado abierto a estudiar propuestas que considere razonables.
Trump ha resumido su posición con una fórmula que deja poco espacio a la ambigüedad: cooperación si hay acuerdos y dureza si no los hay. Las midterms han cambiado el equilibrio de poder, pero no han reducido las atribuciones de la Casa Blanca. Los próximos dos años dependerán de cómo utilicen ambas partes sus respectivas herramientas y de si la negociación consigue imponerse a la confrontación. @mundiario
