La oposición israelí ha dado un paso importante para intentar poner fin al largo mandato de Benjamin Netanyahu. Los principales dirigentes del bloque del cambio acordaron respaldar a Gadi Eisenkot como candidato a primer ministro y comenzar de inmediato las negociaciones para formar un nuevo Ejecutivo. El compromiso representa una señal de unidad después de unas elecciones que dejaron un Parlamento fragmentado, pero todavía no resuelve el principal problema: cómo reunir una mayoría estable sin provocar una ruptura dentro de la propia oposición.
En una reunión celebrada en Herzliya, los líderes opositores acordaron unánimemente recomendar al presidente Isaac Herzog que encargue a Eisenkot, líder del partido centrista Yashar («¡Recto!»), la formación de un nuevo Ejecutivo. En el encuentro participaron el propio Eisenkot, el ex primer ministro Naftali Bennett (Juntos), Yair Lapid (Yesh Atid), el ultranacionalista Avigdor Lieberman (Yisrael Beytenu) y la izquierda de Yair Golan (Los Demócratas). Los cinco dirigentes anunciaron una estrategia conjunta para relevar a la coalición de Benjamín Netanyahu mediante un «Gobierno de emergencia nacional» sustentado en cuatro principios compartidos, que incluyen la catalogación obligatoria de Hamás como organización terrorista y la exigencia del servicio militar obligatorio para todas las facciones sociopolíticas, incluyendo a los ultraortodoxos.
«No tenemos tiempo que perder. Tenemos que actuar con la máxima urgencia», declaró Bennett. El comunicado conjunto plantea la creación de un Gobierno de «emergencia nacional» y sostiene que los resultados electorales expresaron una voluntad de cambio y de poner fin a la continuidad del actual Ejecutivo.
El exjefe del Estado Mayor israelí y dirigente de Yashar, se ha presentado como una figura capaz de reunir sensibilidades distintas, desde la derecha moderada hasta el centro y la izquierda. Su perfil militar y su discurso sobre la seguridad nacional pueden facilitar acuerdos en un país profundamente dividido por la guerra, el servicio militar y la gestión política de los últimos años.
Las cifras explican tanto las posibilidades como las dificultades de la oposición. Según el recuento recogido por France 24, el bloque de Eisenkot obtuvo 48 escaños, frente a los 53 del campo de Netanyahu. Las formaciones árabes consiguieron 19 diputados en la Knéset, su mejor resultado histórico, y se han convertido en piezas decisivas para cualquier alternativa de Gobierno.
La suma de los 48 escaños opositores y los 19 de las listas árabes permitiría superar ampliamente los 61 diputados necesarios para una mayoría parlamentaria. Sin embargo, una cosa es disponer de los números y otra construir un acuerdo político que todos los integrantes estén dispuestos a respaldar. El principal obstáculo es Lieberman. El líder de Israel Beytenu ha aceptado apoyar a Eisenkot, pero rechaza que los partidos árabes de Ra’am y la Lista Conjunta participen en el Gobierno o incluso sostengan desde fuera un Ejecutivo opositor. Su posición limita las opciones de negociación y obliga a buscar alternativas entre los partidos ultraortodoxos o a prescindir de su apoyo.
Yair Golan, dirigente de Los Demócratas, representa la posición más favorable a un entendimiento con las formaciones árabes. De hecho, ha mantenido contactos con representantes de ambos. Bennett y Lapid mantienen mayores reservas, mientras que Eisenkot intenta evitar que la discusión sobre los apoyos termine descomponiendo el bloque antes de que comience formalmente la negociación.
Los partidos árabes, protagonistas de la formación del Gobierno
El resultado histórico de las listas árabes ha alterado por completo el equilibrio político israelí, ya que sus 19 escaños pueden facilitar la salida de Netanyahu del poder; sin embargo, su participación activa plantea notables dificultades para los partidos judíos de la oposición. Aunque las formaciones árabes han mostrado disposición a respaldar una alternativa de gobierno, persisten marcadas diferencias entre ellas y los dirigentes del bloque opositor. Con todo, la Lista Conjunta y Ra’am coinciden en su objetivo estratégico de impedir la continuidad del actual Ejecutivo, a pesar de no compartir todas sus posiciones políticas.
Los cuatro principios defendidos por Eisenkot constituyen el marco inicial de las conversaciones: preservar a Israel como Estado judío y democrático, respetar los valores de la Declaración de Independencia, aprobar una nueva ley de reclutamiento que termine con las exenciones generales de los ultraortodoxos y garantizar que Hamás deje de controlar Gaza y sea considerado una organización terrorista.
La cuestión del servicio militar es especialmente delicada. La exención de los ultraortodoxos ha generado un conflicto prolongado en la sociedad israelí, particularmente después de la guerra iniciada tras los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023. Para Eisenkot y Bennett, reformar el sistema de reclutamiento es una de las condiciones centrales de cualquier nuevo Ejecutivo.
Sien embargo, mientras la oposición intenta cerrar filas, Netanyahu no ha renunciado a continuar en el poder. El primer ministro sostiene que el Likud, con 27 escaños, fue el partido más votado y que, por tanto, debe encabezar el próximo Gobierno.
Ha propuesto una coalición nacional amplia, pero ha descartado expresamente a las formaciones árabes, a las que acusa de apoyar el terrorismo y cuestionar la existencia del Estado judío. Esas afirmaciones han elevado la tensión política después de que las listas árabes condenaran los ataques de Hamás del 7 de octubre, aunque sus dirigentes mantienen posiciones diferentes sobre la definición de Israel como Estado judío.
Netanyahu también ha cuestionado el resultado electoral y ha denunciado supuestas irregularidades e injerencias, unas acusaciones que han provocado preocupación entre sus adversarios. Lapid ha advertido de un intento peligroso de socavar la legitimidad de los resultados, mientras el bloque opositor reclama que se respete el mandato de las urnas.
El primer ministro todavía puede explorar acuerdos con sus aliados tradicionales, incluidos los partidos ultraortodoxos y la derecha nacionalista. Sin embargo, sus posibilidades de reunir una mayoría suficiente siguen siendo limitadas.
Herzog inicia las consultas: los plazos para formar Gobierno
El presidente Isaac Herzog comenzará las consultas con los representantes de los partidos para decidir quién recibe el encargo de formar Gobierno. Según el calendario previsto, dispone hasta el 11 de noviembre para designar al candidato, que contará inicialmente con 28 días para construir una coalición, prorrogables por otros 14.
Si el primer aspirante fracasa, Herzog podrá encomendar la tarea a otro dirigente. Si tampoco consigue reunir apoyos, un grupo de 61 diputados podrá proponer un tercer candidato. De no alcanzarse un acuerdo dentro del plazo establecido, la Knéset podría disolverse y el país tendría que celebrar nuevas elecciones.
La experiencia israelí demuestra que estos procesos pueden prolongarse. En 2021, Bennett y Lapid necesitaron alrededor de 80 días para formar una coalición que terminó poniendo fin a otro mandato de Netanyahu, aunque aquella alianza también estuvo marcada por profundas diferencias internas.
La oposición dispone ahora de una oportunidad real para reemplazar al primer ministro, pero su unidad todavía es más electoral que programática. Eisenkot tendrá que conciliar las exigencias de Lieberman, las posiciones de Bennett y Lapid y la posible colaboración de los partidos árabes. Mientras tanto, Netanyahu intentará aprovechar cualquier desacuerdo para conservar el poder. @mundiario
