La diplomacia vuelve a situar a Donald Trump ante dos escenarios muy distintos. Por un lado, Irán ha planteado una hoja de ruta para reabrir el estrecho de Ormuz y retomar las conversaciones con Estados Unidos. Por otro, Rusia intenta recuperar como referencia los entendimientos discutidos entre Trump y Vladímir Putin durante su encuentro en Alaska en agosto de 2025.
El presidente estadounidense ha rechazado la iniciativa iraní. «Rechazo su propuesta», afirmó este sábado ante los periodistas, aunque también reconoció que su Administración está interesada en alcanzar un acuerdo.
La propuesta iraní contempla un plazo de siete días para normalizar el tráfico por el estrecho de Ormuz. El plan fue trasladado a Washington a través de Qatar durante la Asamblea General de Naciones Unidas y está vinculado a una posible reanudación de las conversaciones sobre el programa nuclear iraní.
Teherán plantea varias condiciones para poner en marcha el proceso. Entre ellas figuran el levantamiento del bloqueo naval estadounidense a los puertos iraníes, una flexibilización de las restricciones sobre las ventas de petróleo y un alto el fuego que abarcaría distintos escenarios regionales.
El estrecho tiene una importancia que va mucho más allá de Irán. Es una de las principales rutas utilizadas para el transporte mundial de petróleo y gas, por lo que cualquier interrupción prolongada puede trasladarse a los precios de la energía y aumentar la presión sobre las economías importadoras.
Trump, sin embargo, considera que las condiciones planteadas por Teherán no son aceptables en este momento. Su rechazo deja en suspenso una vía diplomática que había ganado espacio durante los contactos indirectos mantenidos en Nueva York.
Moscú recupera el lenguaje de Anchorage
Mientras la propuesta iraní queda bloqueada, Rusia vuelve a mirar hacia la cumbre de Alaska. El Kremlin ha defendido en las últimas semanas que algunos de los entendimientos discutidos entre Trump y Putin todavía pueden servir como referencia para abordar la guerra de Ucrania.
El ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, también ha insistido en que Moscú mantiene abierta la posibilidad de negociar un acuerdo de paz a largo plazo. Rusia, no obstante, sostiene que no está dispuesta a detener los combates durante las conversaciones.
La interpretación de lo ocurrido en Anchorage sigue siendo objeto de disputa. Washington ha rechazado que aquella reunión produjera un acuerdo formal para poner fin a la guerra. El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, afirmó anteriormente que en Alaska se analizaron propuestas, pero no se alcanzó un pacto.
Dos conflictos, una misma mesa diplomática
Las dos iniciativas muestran hasta qué punto la política exterior de Trump está conectada con conflictos diferentes. En Oriente Próximo, Irán busca utilizar la reapertura de Ormuz como parte de una negociación más amplia. En Ucrania, Rusia intenta mantener vigente el marco de conversaciones asociado a Anchorage.
El resultado inmediato es distinto en cada caso. Trump ha rechazado la propuesta concreta presentada por Teherán, mientras Moscú continúa defendiendo que parte de lo discutido con Washington en Alaska puede servir para futuras negociaciones.
Para Estados Unidos, ambos expedientes tienen además consecuencias económicas y estratégicas. Ormuz afecta directamente a los mercados energéticos internacionales, mientras que cualquier cambio en las conversaciones sobre Ucrania puede modificar la relación entre Washington, Moscú y los gobiernos europeos que respaldan a Kiev. @mundiario
