La situación entre Estados Unidos y Cuba entra en una nueva fase después de que Donald Trump asegurara este sábado que espera alcanzar un acuerdo con La Habana y que, según sus palabras, no considera necesaria una intervención militar. La declaración llega apenas un día después de que CBS News informara de que el Ejército estadounidense mantiene planes de contingencia relacionados con Cuba.
Trump sostuvo ante los periodistas en la Casa Blanca que Estados Unidos y Cuba podrían llegar a un pacto para impulsar un cambio político en la isla. El presidente estadounidense también afirmó que su Gobierno quiere ayudar al país y facilitar una mayor apertura hacia Estados Unidos.
El mensaje introduce un elemento de negociación en una política marcada durante los últimos meses por el aumento de la presión sobre el Gobierno cubano. Washington ha endurecido las medidas económicas y mantiene como objetivo declarado promover cambios políticos en Cuba.
Las palabras de Trump no significan que la posibilidad militar haya desaparecido de la planificación estadounidense. CBS News reveló esta semana que la Reserva del Ejército está estudiando si puede proporcionar al Comando Sur unidades de policía militar, personal sanitario y otros equipos de apoyo durante los próximos cuatro meses.
Sin embargo, el documento analizado por la cadena no menciona expresamente a Cuba ni demuestra que exista una orden de despliegue. Las referencias a la isla proceden de funcionarios estadounidenses citados por CBS, que vinculan esa planificación con los distintos escenarios que Washington contempla.
Por tanto, la información disponible apunta a una preparación de contingencia, pero no confirma que Estados Unidos haya decidido iniciar una operación militar contra Cuba.
La presión económica aumenta el coste de la crisis
El contexto cubano explica buena parte de la presión ejercida desde Washington. La isla atraviesa una grave crisis económica, energética y social, con problemas de suministro de combustible, apagones y una fuerte pérdida de valor de su moneda. Reuters señaló recientemente que la economía cubana afronta una combinación de inflación, escasez de efectivo y dificultades energéticas.
Estados Unidos, por su parte, mantiene las restricciones económicas contra Cuba. En agosto, Trump prorrogó durante un año determinadas medidas aplicadas bajo la legislación estadounidense relacionada con la isla.
El Gobierno cubano ha rechazado las acusaciones de Washington y ha denunciado el impacto de las sanciones. A comienzos de septiembre, el ministro de Exteriores cubano afirmó que no existían negociaciones en marcha con Estados Unidos, aunque señaló que seguía existiendo disposición a mantener contactos.
El acuerdo dependerá de lo que ocurra en La Habana
La principal incógnita ahora es qué condiciones tendría el eventual acuerdo al que alude Trump. Washington busca un cambio político en Cuba, mientras que el Gobierno de la isla ha rechazado hasta ahora las exigencias estadounidenses.
Al mismo tiempo, Cuba ha comenzado a introducir reformas económicas para facilitar la inversión extranjera y ampliar determinadas actividades privadas, en un intento de responder a la crisis interna.
La declaración de Trump reduce, al menos por ahora, el énfasis público sobre una posible intervención militar. Pero la existencia de planes de contingencia y la continuidad de la presión económica muestran que la cuestión cubana sigue siendo una prioridad dentro de la política exterior estadounidense.
La evolución de las conversaciones, las decisiones del Gobierno cubano y las medidas que adopte Washington determinarán si el escenario termina encaminándose hacia una negociación o hacia una nueva escalada de tensión. @mundiario
