El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha llegado a China en uno de los momentos más delicados de su mandato y con un objetivo muy distinto al que imaginaba cuando planificó la visita a Pekín. Lo que debía ser una gira centrada en acuerdos económicos y grandes anuncios comerciales con Xi Jinping se ha transformado en una negociación geopolítica de alto riesgo marcada por la guerra con Irán y el cierre prolongado del estrecho de Ormuz.
Diez semanas después del estallido del conflicto, la Casa Blanca busca desesperadamente una salida diplomática que permita reabrir el principal cuello de botella energético del planeta y frenar un deterioro económico que empieza a golpear tanto a Estados Unidos como al resto del mundo.
Ormuz se convierte en el gran problema de Trump
La Administración estadounidense necesita que China utilice su influencia sobre Teherán para facilitar una negociación que permita reducir la tensión y desbloquear el estrecho de Ormuz, por donde normalmente transita cerca de una quinta parte del petróleo y del gas natural licuado consumido en el mundo.
Washington confiaba inicialmente en una operación militar rápida junto a Israel. Sin embargo, el conflicto se ha prolongado mucho más de lo previsto y se ha convertido en un problema político y económico para Trump.
La subida del precio de la gasolina en Estados Unidos, el repunte de la inflación y el desgaste político de la guerra amenazan ahora las perspectivas republicanas de cara a las elecciones legislativas de noviembre.
La inflación estadounidense avanzó en abril hasta el 3,8%, mientras el encarecimiento energético complica las rebajas de tipos de interés que reclama la Casa Blanca. El impacto empieza además a trasladarse al consumo y a la percepción pública del conflicto.
China detecta una oportunidad estratégica
Pekín afronta la reunión desde una posición de fuerza inédita. El Gobierno chino sabe que Estados Unidos necesita colaboración para desbloquear la crisis energética y percibe margen para arrancar concesiones en varios frentes.
Entre las prioridades chinas figuran una posible reducción de aranceles, un mayor acceso a semiconductores y, especialmente, cambios en la posición estadounidense respecto a Taiwán.
La isla democrática sigue siendo uno de los principales focos de tensión entre ambas potencias. China considera Taiwán parte inseparable de su territorio y no renuncia a una futura reunificación por la fuerza.
La visita de Trump se produce así en un contexto extremadamente complejo, en el que la guerra en Oriente Próximo, la rivalidad tecnológica y la pugna estratégica entre Washington y Pekín se entremezclan en una negociación de enorme alcance.
El cierre de Ormuz y un escenario desconocido
La situación en el estrecho de Ormuz continúa deteriorándose. Los avances diplomáticos registrados en las últimas semanas no han logrado consolidarse y el paso marítimo permanece prácticamente bloqueado.
El tránsito de petroleros y buques gasísticos es mínimo y los riesgos de seguridad aumentan. Según el Centro de Operaciones Marítimas del Reino Unido, decenas de barcos han sufrido incidentes, ataques o intentos de secuestro en la zona desde el inicio de la crisis.
Ni siquiera Irán está consiguiendo exportar petróleo con normalidad. Los datos satelitales recopilados por Bloomberg indican que ningún buque ha salido de la isla de Jarg, principal terminal exportadora iraní, en las últimas semanas.
El impacto sobre el mercado energético mundial empieza a ser profundo. En estos más de dos meses de cierre, cerca de 1.000 millones de barriles de crudo y derivados han desaparecido del mercado internacional.
La consultora Eurasia estima que, incluso descontando rutas alternativas y la caída de demanda provocada por los altos precios, el déficit global ronda los 2,5 millones de barriles diarios.
Europa y Asia comienzan a sentir las primeras consecuencias
Aunque los mercados mantienen todavía cierta calma relativa, las señales de deterioro económico empiezan a multiplicarse.
En Europa, la confianza económica cae con fuerza y Francia ha registrado su mayor nivel de desempleo desde la pandemia. En Asia, especialmente dependiente del petróleo y el gas procedente de Oriente Próximo, crece el temor a un escenario de estanflación, la combinación de inflación elevada y desaceleración económica.
Países como India, Indonesia, Filipinas o Tailandia aparecen entre los más vulnerables al choque energético.
Mientras tanto, aerolíneas, industrias y gobiernos intentan adaptarse a unos costes energéticos disparados y a una incertidumbre creciente sobre el suministro global de combustibles.
Trump busca evitar una crisis política antes de las elecciones
La presión sobre la Casa Blanca aumenta a medida que se acerca el verano y el bloqueo energético amenaza con prolongarse.
El Gobierno estadounidense sigue confiando en una reapertura gradual de Ormuz, pero las negociaciones continúan estancadas y la capacidad de resistencia de Irán parece muy superior a la calculada inicialmente por Washington.
La visita de Trump a China refleja hasta qué punto la guerra ha alterado el equilibrio internacional. El presidente estadounidense llega a Pekín necesitado de ayuda diplomática de su principal rival geopolítico para intentar contener una crisis que amenaza con golpear la economía global y debilitar políticamente a su Administración.
En el trasfondo de la reunión aparece un temor compartido por gobiernos y mercados: que el mundo llegue al verano con Ormuz todavía cerrado y sin una salida clara al conflicto. @mundiario
