Ucrania celebra la devolución del oro incautado por Hungría: ¿inicio de una distensión real?

La reciente devolución por parte de Hungría del oro y el efectivo incautados a un banco estatal ucraniano no es solo un gesto administrativo: representa un giro político con implicaciones más amplias en la relación bilateral con Ucrania. En un contexto marcado por tensiones persistentes, los vetos en la Unión Europea y acusaciones cruzadas, este episodio apunta a una posible desescalada que conviene analizar en profundidad.

El origen del conflicto se remonta a marzo, cuando las autoridades húngaras interceptaron un convoy vinculado al banco estatal ucraniano Oschadbank cerca de Budapest. La operación terminó con la incautación de 40 millones de dólares, 35 millones de euros y 9 kilos de oro, además de la expulsión de siete ciudadanos ucranianos.

Desde Kiev, la reacción fue inmediata y contundente. El incidente fue calificado como una acción ilegal y una forma de presión política. Budapest, por su parte, justificó la medida alegando sospechas de blanqueo de capitales. En ese momento, el choque diplomático evidenció el deterioro acumulado entre ambos gobiernos y las tensiones por el corte del suministro del oleoducto Druzhba.

Las autoridades fiscales y de aduanas (NAV) del gobierno en funciones ejecutaron la orden de liberación de los activos tras una llamada telefónica a los abogados de la parte ucraniana.

El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, atribuyó directamente la posibilidad de este retorno a la inminente llegada al poder de Péter Magyar, agradeciendo su disposición para normalizar las relaciones y confirmó la restitución de los activos: El mandatario fue explicito en su agradecimiento y lo calificó de “un paso importante en las relaciones con Hungría”.

Ucrania reclamaba estos activos tras meses de bloqueos bajo la administración del primer ministro saliente Viktor Orbán. Tras la estrepitosa caída del partido Fidesz y la consolidación del movimiento Respeto y Libertad (TISZA), Budapest ha ejecutado una operación logística de alta seguridad para devolver los lingotes depositados en el Banco Nacional Húngaro, un gesto que el propio Magyar calificó como un “imperativo moral para la reconstrucción de la soberanía ucraniana”.

Esta histórica devolución no solo busca resarcir las tensiones bilaterales por la cuestión de las minorías en Transcarpatia y el apoyo a Rusia, sino que posiciona a la nueva Hungría como un aliado estratégico en el flanco oriental de la UE, rompiendo definitivamente con el anterior alineamiento prorruso y desbloqueando los fondos europeos que permanecieron congelados durante la gestión anterior.

El tono del mensaje no es menor. Más allá del contenido, introduce una narrativa de cooperación que contrasta con la dureza de las semanas anteriores. La devolución no solo cierra un expediente, sino que redefine el marco político en el que se desarrolla la relación bilateral.

El cambio de liderazgo en Budapest

Uno de los factores clave para entender este movimiento es el relevo político en Hungría. La salida de Viktor Orbán tras 16 años en el poder y la llegada de Magyar han alterado el equilibrio diplomático.

Orbán había mantenido una postura especialmente tensa con Kiev, utilizando su capacidad de veto dentro de la Unión Europea para bloquear las ayudas y ralentizar procesos clave como la integración ucraniana. Bajo su mandato, el incidente del convoy se interpretó también como un auténtico instrumento de presión.

Péter Magyar, en cambio, ha planteado explícitamente la necesidad de “abrir un nuevo capítulo en las relaciones bilaterales”, lo que sitúa la devolución de los activos como una primera señal tangible de ese cambio de rumbo.

El conflicto no puede entenderse sin considerar el factor energético. La disputa coincidió con la interrupción del flujo de petróleo a través del oleoducto Druzhba por ataques rusos, una infraestructura clave que suministra crudo para Hungría y otros países de Europa Central.

El bloqueo húngaro a un préstamo europeo de 90.000 millones de euros para Ucrania estuvo directamente vinculado a esa interrupción. Solo tras la reanudación del suministro y el cambio político en Budapest se desbloqueó la ayuda.

Esto sugiere que el episodio del oro y el efectivo no fue un hecho aislado, sino parte de una negociación más amplia donde energía, financiación y política exterior se entrelazaron.

La devolución de los activos y el levantamiento del veto húngaro en la UE apuntan a una distensión incipiente, pero no necesariamente consolidada. Persisten cuestiones estructurales, como los derechos de la minoría húngara en Ucrania o las diferencias estratégicas respecto a Rusia.

Sin embargo, el tono ha cambiado. El reconocimiento por parte de Zelenski del “enfoque constructivo” de Hungría indica una voluntad de recomponer puentes, al menos en el corto plazo. @mundiario