Old Trafford volvió a vestirse de gala para escuchar el himno de la Champions League dos años después. En una velada de reencuentro europeo, el Manchester United certificó un cómodo triunfo por cuatro a cero frente al Sabah azerí, en un duelo que no exigió la versión más brillante de los locales pero sí una efectividad contundente.
El conjunto dirigido por Michael Carrick arrancó el choque con calma, dominando la posesión sin precipitarse ante la estructura defensiva rival. Tuvo que transcurrir casi media hora para ver la primera gran ocasión del choque, que acabó convirtiéndose en el primer tanto de la noche tras un desajuste visitante.
Un error en la salida de balón de Parris permitió una rápida transición mancuniana que culminó Matheus Cunha. El atacante brasileño remató en el primer palo un envío medido de Dorgu para mandar la pelota al fondo de las mallas y romper la igualdad en el electrónico de Old Trafford.
El Sabah amagó con reaccionar minutos después en una acción aislada donde Mickels no logró precisar su cabezazo ante la portería de Lammens. Sin embargo, la respuesta del equipo inglés antes de tomar el camino hacia los vestuarios resultó definitiva para el desenlace del choque.
Bruno Fernandes y Benjamin Sesko vieron portería en el tramo final del primer tiempo con dos zarpazos casi consecutivos. Estas dos dianas dejaron el enfrentamiento visto para sentencia antes del descanso, provocando la tranquilidad absoluta en el banquillo y en la grada local.
La solvencia de los de Carrick para certificar los primeros tres puntos
Durante la segunda mitad, la tónica del partido apenas sufrió variaciones respecto a lo visto en el acto inicial. El Manchester United administró su ventaja con solvencia y redujo las revoluciones del encuentro, limitando al máximo las opciones ofensivas del cuadro azerí.
Superada la hora de juego, Lisandro Martínez cerró la cuenta goleadora aprovechando una acción a balón parado. Fernandes colgó el esférico al área, Zirkzee peleó la pelota en el remate y el central argentino solo tuvo que empujarla sobre la línea tras una indecisión del meta Pokatilov.
En los compases finales del choque, el atacante visitante Mickels rozó el gol del honor con un disparo certero desde fuera del área. El lanzamiento obligó a emplearse a fondo a Lammens, quien palmeó el esférico por encima del travesaño para mantener su portería imbatida.
Con este contundente resultado, el club de Manchester suma sus tres primeros puntos en el casillero de la fase de grupos. La victoria permite a los británicos iniciar con pie firme su andadura en la máxima competición continental y ganar confianza de cara a los próximos compromisos.
La afición Red Devil celebró el triunfo en una jornada que certifica el retorno del equipo a la élite europea. El proyecto liderado por Carrick cumple en su primera prueba exigente y enfoca ya su atención en el calendario liguero antes de la siguiente cita continental.
¿Fin de la crisis?
El amanecer del curso futbolístico en el Teatro de los Sueños está muy lejos de parecerse a un cuento de hadas. Tras tres jornadas de transitar por la Premier League con más dudas que certezas, el Manchester United dirigido por Michael Carrick apenas ha logrado rascar cuatro escuálidos puntos que lo hunden en una tibieza insostenible, reflejada en una undécima posición que sabe a poco menos que a calvario en la aristocracia inglesa.
El último manotazo a la ilusión llegó en forma de empate agónico ante el Everton, regalado tontamente por una desconexión defensiva imperdonable que se sumaba al sonrojo inaugural frente al Hull City. Esa preocupante irregularidad había instalado una pátina de urgencia en el ambiente, convirtiendo el estreno europeo en un examen de supervivencia extrema para un Carrick que ya empezaba a notar el aliento hirviendo de una prensa implacable y de una grada anhelando el regreso de los viejos días de gloria bajo el mandato de Sir Alex Ferguson.
Sin embargo, la siempre redentora máxima competición continental acudió al rescate para inyectar una dosis providencial de oxígeno y disipar temporalmente los nubarrones que amenazaban con arrasar Old Trafford antes de tiempo. Un ejercicio de jerarquía en Europa devolvió la sonrisa a la parroquia Red Devil, aunque en el fútbol moderno las treguas son efímeras y el margen para el error es un lujo que ningún grande puede permitirse.
Y es que el calendario, caprichoso y feroz donde los haya, no entiende de resacas europeas ni de treguas anímicas. El próximo desafío se presenta en el horizonte con olor a pólvora pura: un derbi de Mánchester en el que los pupilos de Carrick deberán medir sus fuerzas frente a un Manchester City coliderado por un Enzo Maresca que marcha lanzado, exhibiendo un colmillo afilado y unas sensaciones formidables en sus últimos cruces domésticos.
Amanecerá y veremos, reza el dicho popular, pero la realidad es que el gigante mancuniano camina sobre el alambre con una red demasiado frágil. Salir indemne del pulso contra el vecino colosal exigirá mantener la tensión competitiva intacta y demostrar que el balsámico oasis europeo no fue un simple espejismo en medio de la tormenta. @mundiario
