Un amor verdadero,

Por:  Héctor E. Contreras.

Jeremías 31:3 y Oseas 11:4.

Existen muchos escritos sobre el amor y aún, en este tiempo, vivimos en un mundo que busca ardientemente encontrar ese amor. La Real Academia lo define de esta manera: “Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser”. A mi entender, el amor va mucho más allá del sentimiento intenso que dice la RAE. No es un sentimiento; el amor nace de la profundidad del alma, del corazón y llega a nosotros como un fuego abrasador que quema nuestro interior. La definición del verdadero amor la encontramos en los siguientes versos: “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor, no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará”, I-Corintios 13:4-8. Nuestra sociedad confunde amor con sensualidad. A diferencia de la sensualidad, el tipo de amor de Dios es canalizado hacia otros, no hacia nosotros mismos, lo que significa egoísmo. Esta clase de amor va en contra de nuestras inclinaciones. Es posible practicar este amor, sólo si Dios nos ayuda a poner a un lado nuestros deseos e instintos carnales, al grado que podamos dar amor sin esperar nada a cambio. Cuanto más nos parezcamos a Cristo, más amor podremos compartir con los demás. Es la definición del amor del que habla el apóstol Pablo a la Iglesia de los Corintios, en los versos 6 y 7, que dicen: “Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser”. Al final, todo se acabará, pero el amor que nace de Dios, nunca termina. ¡Bendito sea Dios!

“Jehová se manifestó a mí hace mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia”, Jeremías 31:3. Aunque estas palabras, pronunciadas por el mismo Dios y dirigidas a su pueblo Israel, no es menos cierto que nosotros en este tiempo podemos apropiarnos de ellas. Porque la misericordia de Dios llega hasta nosotros.

Dios alcanza a su pueblo con amor misericordioso, motivado por un amor profundo y eterno. Está dispuesto a hacer lo mejor para nosotros, si tan solo se lo permitimos. Después de muchas advertencias sobre el pecado, este recordatorio del grandioso amor de Dios, es un respiro de aire fresco. En lugar de pensar en Dios con pavor, si observamos con cuidado, veremos la forma tan tierna que nos acerca a Él. Como a Israel ayer, hoy también podemos gozar de este inmenso amor, mostrado en la cruz por su Hijo Jesucristo. Su Hijo murió por nosotros, debido al inmenso amor de Dios. “Su amor no termina, su gracia no se acaba; un límite no hay al poder de Jesús, pues de sus inmensas riquezas en gloria, abundan sus dones, abunda su amor”. Estrofa de una canción que hace mucho cantaba acerca de lo que es el amor de Dios, para con nosotros. 

“Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor, y fui para ellos como los que alzan el yugo de sobre su cerviz y puse delante de ellos la comida”, Oseas 11:4. Dios siempre había suplido las necesidades de su pueblo, pero el pueblo no quería conocerlo, y no mostraba ningún interés en darle las gracias a su Libertador. La ingratitud es una falla humana común. Por ejemplo: ¿Cuándo fue la última vez que le diste las gracias a tus padres por cuidar de ti? ¿ A tu pastor, al cura párroco de tu barrio por su entrega en servirte a ti?  ¿Cuándo fue la última vez que le enviaste un presente aún sea a un maestro de tus hijos en la escuela, el colegio, por la dedicación de éste para con tus hijos? Muchas de las bendiciones que disfrutamos son el resultado de un gesto de amor y con este gesto, estoy seguro, tendríamos un mundo mejor. Te invito a buscar las acciones ocultas que puedan haberte sido de bendición, y da gracias por los que con su amor han hecho que el mundo de hoy sea mejor, porque sería guiado por Dios mismo, en el amor que es en Cristo Jesús, nuestro Señor y Salvador, por quien hemos alcanzado misericordia.

“Con cuerdas de amor los atraje … .y puse delante de ellos la comida”. La disciplina de Dios a veces implica orientación y a veces alimentación. En ocasiones la cuerda está tensa, otras veces está floja. Pero siempre es amorosa, y su objetivo es siempre el bienestar de los que ama. Cuando tengas que disciplinar a tus propios hijos, estudiantes, empleados o miembros de tu organización, no seas rígido. Debes variar tu método de acuerdo a las metas que estás buscando alcanzar, siempre con la de nuestro Dios. 

En cada caso, pregúntate: ¿Necesita dirección esa persona o necesita alimento? Estas preguntas te indican, que en tí está actuando el amor de Dios que es en Cristo Jesús. 

“Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda plenitud de Dios”, Efesios 3:14-19. La gran familia de Dios incluye a todos los que han creído en Él en el pasado, los del presente y los que lo harán en el futuro. Todos somos una familia porque tenemos a un mismo Padre. El amor de Dios es total. Este amor llega a todo el mundo. La longitud del amor de Dios nos sigue a través de nuestras vidas. La profundidad del amor de Dios llega a lo más profundo del desaliento, la desesperación y aún la muerte. La altura de este amor se eleva a la cumbre de nuestra aclamación y júbilo. Cuando te sientas excluido o aislado, recuerda que nada te apartará del amor de Dios. El amor de Dios es inconmensurable, según la declaración de los siguientes versos: “Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”, Romanos 8:38-39. Antes, en este mismo capítulo, versos 35 y 37, el apóstol declara: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudeza, o peligro, o espada? Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó”. A esto podemos llamarlo “Un amor verdadero”.  

Que este amor perdure en nuestras vidas, en nuestros corazones, desde ahora y para siempre. Bendecidos sean, amados del Señor.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here