La política exterior de Costa Rica acaba de quedar sacudida por una ausencia que, en principio, podía parecer protocolaria. La presidenta Laura Fernández no estuvo el martes 22 de septiembre en Nueva York en la reunión del Escudo de las Américas encabezada por Donald Trump y, dos días después, destituyó de forma inmediata a su canciller, Manuel Tovar. La explicación oficial es concreta: el ministro no le comunicó que estaba convocada una reunión de alto nivel a la que, según la Presidencia, debía acudir personalmente.
Fernández calificó la actuación de Tovar de “negligencia” y sostuvo que había producido un “gran daño de carácter estratégico”. La presidenta incluso aprovechó un acto con la embajadora estadounidense, Melinda Hildebrand, para disculparse por no haber acudido y reiterar su compromiso con la iniciativa impulsada por Washington. “Hay errores que no se pueden pasar por alto”, afirmó para justificar el cese.
La pregunta política que queda abierta es inevitable: ¿fue simplemente un fallo de comunicación entre Presidencia y Cancillería o la ausencia ante Trump adquirió tal importancia que Fernández entendió que podía afectar la relación de Costa Rica con Estados Unidos?
El llamado Escudo de las Américas es una iniciativa de cooperación regional promovida por la Administración Trump para coordinar esfuerzos contra el narcotráfico, el crimen organizado y otras amenazas transnacionales. Costa Rica forma parte del proyecto desde su lanzamiento en marzo, cuando Trump puso en marcha la denominada Coalición Anticárteles de las Américas.
La reunión del 22 de septiembre se celebró aprovechando la presencia de numerosos mandatarios y delegaciones en Nueva York por la Asamblea General de Naciones Unidas. Trump encabezó el encuentro junto a miembros de su Administración, mientras representantes latinoamericanos abordaron cuestiones relacionadas con seguridad regional, narcotráfico, minería ilegal, tráfico de personas y armas y lavado de dinero.
La Casa Blanca presenta el Escudo de las Américas como una pieza central de su política de seguridad para el hemisferio. Trump ha vinculado la iniciativa con su estrategia contra los cárteles y con una mayor coordinación entre Estados Unidos y gobiernos latinoamericanos.
Para Costa Rica, la cuestión tiene una importancia adicional. El país atraviesa un fuerte deterioro de la seguridad asociado al narcotráfico y Fernández ha convertido la lucha contra el crimen organizado en una de las prioridades de su Gobierno. En ese contexto, la Presidencia considera que estar presente en una reunión de este nivel no era un asunto meramente ceremonial.
El problema que dejó fuera a Fernández
Aquí aparece una de las decisiones más polémicas de la mandataria de Costa Rica. La gobernante había anunciado formalmente desde el pasado 21 de julio, durante una entrevista en el programa El Octavo Mandamiento (Canal OPA), que había decidido no acudir personalmente a la Asamblea General de la ONU en Nueva York, alegando que su prioridad absoluta era permanecer en suelo costarricense para liderar proyectos de inversión y atender la crisis de seguridad interna. Sin embargo, modificando temporalmente su agenda local, Fernández realizó un viaje oficial a Colombia el 22 de septiembre, donde sostuvo una reunión bilateral con el presidente Abelardo de la Espriella orientada a coordinar planes contra el narcotráfico.
Esta coyuntura coincide con la tormenta política en San José tras la destitución fulminante de su ministro de Relaciones Exteriores, Manuel Tovar. La oposición y diversos analistas señalan la paradoja de que se destituya al canciller en el marco de una gira internacional que él encabezaba justamente porque la gobernante había declinado asistir.
Tovar Rivera sí se encontraba en Nueva York liderando la delegación de Costa Rica durante la Semana de Alto Nivel de la 81ª Asamblea General de las Naciones Unidas. De hecho, el martes 22 de septiembre, el entonces canciller participó activamente en la sesión del Escudo de las Américas, una mesa de cooperación contra el narcotráfico hemisférico convocada por el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, donde se sentó junto a mandatarios clave como Javier Milei (Argentina), Daniel Noboa (Ecuador) y Luis Abinader (República Dominicana). Sin embargo, la polémica estalló porque a este foro estratégico regional asistió el propio presidente de Estados Unidos, Donald Trump, convirtiéndose en la cumbre principal del mecanismo.
El Ejecutivo costarricense sostiene que este ocultamiento de información le impidió a la señora presidenta coordinar su agenda para participar presencialmente en la sesión al lado de Trump, causándole un «grave daño estratégico» a la política exterior del país. Esta supuesta omisión fue el detonante directo para que Fernández ordenara la destitución fulminante de Tovar pocas horas antes de que este tuviera que pronunciar el discurso oficial de Costa Rica ante el plenario de la ONU.
Ese punto es fundamental porque la destitución se construye precisamente sobre él. La versión oficial no sostiene que Tovar actuara contra la política exterior del Gobierno, sino que no trasladó a la presidenta una información que le habría permitido cambiar su agenda y asistir personalmente.
Pero hay un dato que introduce una zona de incertidumbre. CR Hoy publicó este jueves que Tovar ya había informado públicamente el 17 de septiembre, en declaraciones al Miami Herald, de que estaba prevista una reunión de alto nivel del Escudo de las Américas en Nueva York. El entonces canciller incluso explicó algunos de los asuntos que se abordarían.
Eso no permite concluir que Fernández hubiera recibido personalmente la invitación ni que Tovar hubiera cumplido con el protocolo interno de comunicación. Pero sí significa que la existencia de la reunión no era completamente desconocida en el ámbito público.
Para la opinión pública y la oposición en San José, los antecedentes de esta crisis debilitan significativamente el relato oficial de la Casa Presidencial. Especialistas en política internacional señalan que este escenario revela dos posibles realidades en el núcleo del Poder Ejecutivo: o bien existía una grave desconexión y falta de seguimiento en los canales de comunicación interna entre Zapote y su delegación diplomática (que ya había adelantado la reunión), o bien la Casa Presidencial instrumentalizó políticamente la cita de Nueva York como un pretexto para justificar el despido fulminante de Tovar. Esta última hipótesis cobra fuerza en los círculos políticos costarricenses, donde se argumenta que el cese responde más bien a diferencias de fondo, recelos por el excesivo protagonismo internacional del canciller o pugnas internas de poder dentro de la línea de continuidad del oficialismo.
#Nacionales | 👉 El mismo día en que Donald Trump encabezó una reunión del Escudo de las Américas con mandatarios y delegaciones del continente en Nueva York, Laura Fernández visitó una tienda de ropa en Colombia. pic.twitter.com/8oUFnCCYG6
— CRHoy.com (@crhoycom) September 24, 2026
¿Quedar mal ante Trump?
La expresión “quedar mal ante Trump” resume una lectura política, pero no puede darse por demostrada como la motivación personal de Fernández. Lo que sí está documentado es que la presidenta consideró su ausencia suficientemente importante como para destituir al responsable de la Cancillería y que posteriormente pidió disculpas a la representante diplomática estadounidense.
La escena resulta especialmente significativa. Fernández recibió ese mismo jueves material de seguridad proporcionado por Estados Unidos —dos lanchas para el Servicio Nacional de Guardacostas y vehículos todoterreno— y aprovechó el acto para reiterar el compromiso costarricense con el Escudo de las Américas.
El mensaje político parece claro: Costa Rica quiere que Washington interprete la ausencia como un problema de gestión y no como un distanciamiento de la iniciativa estadounidense. Eso explica por qué la reacción de Fernández ha sido tan rápida y por qué la relación con Trump ocupa un lugar central en la explicación del despido.
Pero también hay otra lectura posible, que debe mantenerse como hipótesis y no como hecho. La destitución puede interpretarse como una manera de trasladar la responsabilidad política de la ausencia presidencial al canciller en un momento en que la Administración costarricense intenta reforzar su relación con Washington. La oposición ha planteado precisamente dudas sobre si existe algún elemento adicional detrás de la decisión, aunque no se ha aportado públicamente una prueba que confirme una causa distinta. (El País)
La salida de Tovar tiene además una dimensión interna. No era un ministro recién llegado a la política exterior. Había sido ministro de Comercio Exterior durante el Gobierno de Rodrigo Chaves y pasó después a la Cancillería con Fernández. Su destitución rompe, por tanto, con una figura vinculada al núcleo político del oficialismo anterior.
Y el momento escogido añade tensión. Tovar fue cesado mientras se encontraba en Nueva York y cuando estaba previsto que representara al Gobierno costarricense ante la Asamblea General de Naciones Unidas. La salida dejó además en suspenso quién asumiría inmediatamente determinadas funciones diplomáticas. Fernández designó de manera interina a la ministra de Comercio Exterior, Indiana Trejos.
El propio Tovar evitó responder públicamente con ataques contra la presidenta. En su mensaje de despedida agradeció la oportunidad de haber servido como canciller y subrayó la importancia de la semana de alto nivel de Naciones Unidas, incluida la candidatura de la costarricense Rebeca Grynspan a la Secretaría General de la organización.
La crisis llega además después de un acercamiento particularmente estrecho entre San José y Washington. Tovar se había reunido con el secretario de Estado, Marco Rubio, el 16 de septiembre, pocos días antes de la reunión del Escudo de las Américas. Costa Rica también ha adoptado posiciones coincidentes con Washington en distintos asuntos de seguridad, aunque mantiene diferencias en otros, como la permanencia en la Corte Penal Internacional. @mundiario
