El fútbol vive permanentemente atrapado entre la memoria y el presente. Los números parecen ofrecer certezas, las estadísticas construyen relatos y los precedentes alimentan supersticiones colectivas, pero los partidos decisivos suelen escapar precisamente a toda lógica acumulada. Eso es lo que ocurre este domingo en el estadio José Zorrilla, donde el Real Valladolid y el Deportivo de La Coruña vuelven a encontrarse en Segunda División quince años después con algo mucho más importante que una simple victoria en juego: el posible regreso del Deportivo a la élite del fútbol español.
La historia, desde luego, sonríe al conjunto castellano. Los gallegos han visitado Valladolid en 49 ocasiones entre Liga y Copa, y el balance resulta claramente favorable a los blanquivioletas: 30 victorias locales y 12 empates. En Segunda División, además, el dominio pucelano es todavía más evidente. Diez triunfos vallisoletanos, dos empates y solo tres victorias deportivistas dibujan un escenario incómodo para quienes miran el fútbol desde el refugio de las estadísticas.
Pero quizá precisamente ahí resida el atractivo emocional de este partido. Porque el Deportivo no viaja a Valladolid únicamente para desafiar una tradición deportiva adversa. Viaja para intentar cerrar una de las travesías más dolorosas de su historia reciente.
Los precedentes favorecen claramente al Real Valladolid, pero el fútbol acostumbra a derribar las certezas históricas cuando aparecen las grandes noches
Durante demasiado tiempo, el club coruñés ha vivido atrapado entre la nostalgia del Súper Dépor y la crudeza del fútbol moderno. Descensos, crisis institucionales, dificultades económicas y temporadas en categorías impropias de su pasado convirtieron a una de las grandes referencias del fútbol español en una especie de símbolo melancólico de lo efímero que puede resultar el éxito deportivo. Por eso este encuentro trasciende ampliamente el valor de tres puntos.
La última visita deportivista a Zorrilla en Segunda se produjo en 2011 y terminó con un empate sin goles marcado por la polémica de un tanto anulado a Javi Guerra. Después llegaron años de trayectorias cruzadas en Primera División, donde también el Valladolid mantuvo una notable superioridad como local. En la máxima categoría, los pucelanos solo han perdido dos veces ante el Deportivo en 27 encuentros disputados en casa.
El dato no es menor. Desde aquel primer enfrentamiento liguero en 1948 hasta el último duelo en Primera en 2013, Zorrilla ha sido tradicionalmente un territorio incómodo para el conjunto gallego. Incluso la Copa del Rey refleja ese patrón: cuatro victorias vallisoletanas y un empate en cinco enfrentamientos.
La memoria futbolística está llena de episodios que alimentan esa sensación de dominio histórico. Desde el contundente 8-2 de finales de los años cincuenta hasta el 4-0 de 1961, pasando por las victorias consecutivas de finales de los setenta o el último triunfo en Primera con aquel gol de Javi Guerra tras asistencia de Patrick Ebert. Son capítulos de una rivalidad intermitente, marcada muchas veces por las diferentes trayectorias de ambos clubes, pero que este domingo adquiere una dimensión completamente distinta.
Porque cuando un equipo se juega el ascenso, el pasado pesa menos de lo habitual. El fútbol modifica su naturaleza en este tipo de escenarios. La ansiedad, la presión ambiental y la conciencia de estar ante una oportunidad histórica convierten cualquier precedente en un elemento casi decorativo. Y probablemente el propio Valladolid lo sabe.
El Valladolid domina ampliamente los duelos en Zorrilla ante el Deportivo. El equipo coruñés afronta una oportunidad histórica para regresar a Primera
El conjunto castellano también afronta el partido bajo una enorme presión competitiva. Mantener el prestigio de Zorrilla y evitar que un rival histórico celebre un ascenso en su estadio añade una carga emocional extra a un encuentro ya condicionado por la tensión clasificatoria.
Para el deportivismo, en cambio, el viaje posee un componente casi generacional. Hay aficionados que crecieron viendo al Deportivo competir contra el AC Milan, el Manchester United o el Arsenal FC y que han pasado después más de una década transitando por categorías alejadas de aquella dimensión europea. El posible regreso a Primera simbolizaría mucho más que una mejora económica o deportiva: representaría una cierta reparación emocional para una ciudad que convirtió al club en parte de su identidad colectiva.
Quizá por eso este domingo la historia importe menos de lo habitual. Los viejos resultados seguirán ahí, como parte del patrimonio sentimental de ambos clubes, pero el fútbol rara vez concede privilegios por lo ocurrido décadas atrás. Ni el 8-2 de otra época marcará goles ahora ni los precedentes impedirán que el Deportivo sueñe. Porque hay partidos que pertenecen al archivo y otros que terminan construyendo una época nueva. Y en A Coruña existe la sensación de que este puede ser uno de ellos. @mundiario
