Por Aik Ambiorix.
EL AUTOR ES GERENTE DE PRENSA HISPANA.MIEMBRO DE LA FUNDACIÓN VERDÉES.
Hoy quiero invitarles a reflexionar sobre una tragedia que ha conmovido a toda América Latina. Venezuela enfrenta uno de los momentos más dolorosos de su historia reciente tras el devastador doble terremoto ocurrido el pasado 24 de junio.
El balance oficial continúa aumentando. Hasta este momento, las autoridades reportan más de 3,800 personas fallecidas, alrededor de 16,700 heridos y casi 18,000 personas que han perdido sus hogares. Centenares de edificios colapsaron y miles de familias permanecen en refugios temporales o viviendo entre los escombros, mientras la ayuda humanitaria intenta responder a una crisis de enormes proporciones.
Pero detrás de cada cifra hay una historia. Hay padres que perdieron a sus hijos, niños que quedaron huérfanos, adultos mayores que lo perdieron todo y familias que hoy no saben dónde dormir ni qué comer. Además de la destrucción material, existe una creciente preocupación por la falta de agua potable, alimentos, medicamentos y el riesgo de enfermedades en los refugios.
Ante una tragedia de esta magnitud, desaparecen las diferencias políticas, ideológicas o sociales. El dolor humano no distingue banderas ni fronteras. Cuando una madre llora la pérdida de un hijo, ese dolor es universal.
También debemos sacar una enseñanza. La vida puede cambiar en cuestión de segundos. Hoy tenemos un hogar, un empleo y la compañía de nuestros seres queridos; mañana, un desastre natural puede arrebatarnos todo. Por eso debemos valorar más a nuestra familia, fortalecer la solidaridad y prepararnos mejor para enfrentar las emergencias.
La mejor respuesta ante una desgracia es la unidad. Los gobiernos, las organizaciones internacionales, las iglesias, las empresas y los ciudadanos debemos colaborar sin condiciones para llevar alimentos, agua, medicinas, atención médica y esperanza a quienes más lo necesitan.
Que la tragedia de Venezuela nos recuerde que somos una sola comunidad humana. Nadie está exento de enfrentar una catástrofe. Lo importante no es solamente cómo reaccionamos cuando nos toca sufrir, sino también cómo respondemos cuando el dolor golpea a nuestros hermanos.
Desde esta tribuna radial expresamos nuestra solidaridad con el pueblo venezolano y hacemos un llamado a la esperanza. Porque después de los escombros siempre puede comenzar la reconstrucción, y después del dolor siempre puede renacer la fuerza de un pueblo decidido a levantarse nuevamente.