Wes Streeting rechaza a Starmer e incendia a la cúpula laborista por apelar el regreso a la UE

El Partido Laborista británico atraviesa uno de los momentos más delicados desde su regreso al poder. Las pérdidas en las elecciones locales, el avance de Reform UK y la creciente sensación de desgaste del Gobierno de Keir Starmer han provocado que sectores internos comiencen a actuar como si la sucesión ya estuviera en marcha. En ese contexto, Wes Streeting decidió dejar de insinuar y pasar directamente a la ofensiva.

Durante la conferencia del ala “blairista” Progress, Streeting confirmó que participaría en una eventual carrera por el liderazgo laborista y lanzó el mensaje que más tensión ha provocado dentro del partido: “En primer lugar, abandonar la Unión Europea fue un error catastrófico. Nos ha dejado menos ricos, con menos poder y con menos control que en cualquier momento desde antes de la revolución industrial”.

La frase no fue accidental. Supone una ruptura frontal con la estrategia que Starmer ha mantenido desde que asumió el liderazgo laborista: evitar cualquier debate sobre el regreso a la Unión Europea y limitarse a proponer una relación más pragmática con Bruselas sin tocar las llamadas “líneas rojas” del Brexit, como volver al mercado único o a la unión aduanera.

La intervención de Streeting refleja un cambio de clima político dentro del Reino Unido. Durante años, tanto conservadores como laboristas intentaron cerrar la discusión europea bajo la idea de que el Brexit era un asunto “resuelto”. Sin embargo, la combinación de bajo crecimiento económico, crisis del coste de vida, problemas comerciales y tensiones geopolíticas ha devuelto el debate europeo al primer plano.

Streeting fue mucho más allá de una simple crítica histórica. Planteó abiertamente un horizonte de reintegración europea: “Necesitamos una nueva relación especial con la UE, porque el futuro del Reino Unido está en Europa y, algún día, de regreso en la Unión Europea”.

Ese posicionamiento tiene una enorme carga política porque cuestiona el equilibrio que Starmer intentó construir desde la oposición. El actual primer ministro había apostado por un enfoque extremadamente cauteloso, consciente de que muchos votantes laboristas en regiones industriales respaldaron el Brexit en 2016. Reabrir la discusión podría implicar perder apoyo en circunscripciones decisivas.

Streeting, sin embargo, parece haber concluido que la prudencia dejó de ser rentable políticamente. Su entorno sostiene que la excesiva moderación del Gobierno es precisamente una de las causas de la caída de popularidad del laborismo.

Un desafío directo a Keir Starmer

La gravedad política del movimiento no radica solo en la cuestión europea. Lo verdaderamente explosivo es que Streeting verbalizó públicamente algo que hasta ahora muchos diputados comentaban solo en privado: la posibilidad real de sustituir a Starmer.

El exministro criticó duramente la gestión interna del partido y acusó al liderazgo de haber sofocado el debate ideológico. “El debate se veía como división y se apagaba”, afirmó, en una señal inequívoca de que el conflicto ya no es únicamente electoral, sino también estratégico y doctrinal.

Streeting sostiene que el laborismo llegó al poder “sin preparación suficiente en demasiadas áreas” y cuestionó varias de las decisiones más impopulares del Gobierno, incluido el recorte de ayudas para calefacción durante el invierno, una medida que generó un enorme coste político para Downing Street.

El momento elegido tampoco es casual. El laborismo afronta una elección parcial decisiva en Makerfield, donde el alcalde del Gran Manchester, Andy Burnham, intenta regresar al Parlamento británico. Si Burnham logra imponerse, muchos dentro del partido consideran prácticamente inevitable una batalla abierta por el liderazgo.

Una sucesión que ya parece inevitable

La disputa que comienza a emerger no es solo personal. Refleja modelos distintos sobre qué debe ser el Partido Laborista en la próxima década.

Andy Burnham representa una línea más centrada en el control público de sectores estratégicos, la reindustrialización y un discurso enfocado en las clases trabajadoras. Su experiencia municipal recuperando el control del sistema de autobuses de Manchester se ha convertido en el ejemplo que utiliza para defender una mayor intervención estatal en energía, agua y transporte.

Burnham, sin embargo, ha intentado evitar una confrontación tan frontal sobre Europa como la de Streeting. Reconoció que existe “un caso” para volver a la UE a largo plazo, aunque aclaró que “no estoy defendiendo eso en esta elección parcial”.

Lisa Nandy, actual secretaria de Cultura, también criticó el momento elegido por Streeting para reabrir la discusión europea. “No entiendo realmente por qué este enfoque repentino sobre Europa”, afirmó. Aunque reconoció compartir la idea de que el Brexit fue un error, defendió que el Gobierno ya trabaja para reparar daños sin “reabrir los argumentos circulares” del pasado.

La reacción de Nandy revela el temor existente en parte del laborismo: que el debate europeo vuelva a dividir al electorado progresista y reactive las fracturas territoriales y culturales que marcaron la política británica desde 2016.

Oficialmente, Keir Starmer sigue siendo el líder laborista y primer ministro. Pero el comportamiento de sus potenciales sucesores muestra que muchos dentro del partido ya operan bajo otra lógica. Streeting habla como candidato. Burnham construye una plataforma nacional. Angela Rayner deja abiertas sus opciones. Y varios diputados laboristas comienzan a asumir que la cuestión no es si habrá una disputa por el liderazgo, sino cuándo. @mundiario