Xabi Alonso será el nuevo entrenador del Chelsea. Según ha podido saber As, el técnico tolosarra ha alcanzado un acuerdo total con BlueCo, propietario del club londinense, para firmar un contrato de cuatro años con opción a uno más. El anuncio oficial es inminente y marcará un nuevo capítulo en su carrera.
Tras el éxito en Leverkusen y la decepción en el Real Madrid, Alonso da el salto a la Premier League. Aunque muchos pensaban que su destino sería el Liverpool, finalmente será Stamford Bridge la puerta de entrada al fútbol inglés. Una decisión que refleja su ambición y confianza en el proyecto.
El Chelsea lo tenía como prioridad absoluta después de un año turbulento en el banquillo. Por allí pasaron Maresca y Rosenior sin lograr estabilidad. La directiva cree que Alonso puede sacar el máximo rendimiento de una plantilla joven y con gran potencial, tanto en lo individual como en lo colectivo.
Aunque los ‘blues’ no tienen asegurada la participación en competiciones europeas la próxima temporada, el técnico español no lo considera un obstáculo. En Leverkusen ya demostró que puede alcanzar el éxito jugando únicamente competiciones domésticas, algo que podría repetir en Inglaterra.
¿Es la elección ideal?
La decisión de Xabi Alonso de aceptar el banquillo del Chelsea huele a pólvora. No es un salto a la élite, es un salto al vacío. Porque hablamos de un club gobernado por Todd Boehly, un presidente que ya demostró ser capaz de dinamitar proyectos sólidos en cuestión de semanas. El ejemplo más sangrante fue el de Enzo Maresca, despedido tras ganar el Mundial de Clubes de la Fifa y mantener al equipo peleando de codo a codo con los mejores en Premier y Champions.
Ese movimiento fue un aviso: en Stamford Bridge no hay lógica, solo capricho. Boehly sustituyó a Maresca por el inexperto Liam Rosenior, cuya etapa fue un desastre absoluto. Su periplo condenó al Chelsea a quedarse fuera de los puestos de Champions, dejando al club hundido en la mediocridad y a la afición con la sensación de que el proyecto se había convertido en una ruleta rusa.
En ese contexto, la llegada de Alonso no es un reto ilusionante, sino una apuesta de alto riesgo. El técnico español, que a pesar de su fallido paso por el Real Madrid, se consolidó como uno de los entrenadores más influyentes de su generación, se enfrenta ahora a un entorno tóxico, donde la paciencia no existe y el margen de error es mínimo.
El Chelsea tiene recursos económicos y un magnetismo que atrae futbolistas, sí, pero carece de estabilidad institucional. Y sin estabilidad, ningún proyecto prospera. Alonso puede confeccionar una plantilla competitiva, pero si Boehly decide apretar el gatillo, todo se derrumba en cuestión de días. @mundiario
