Zelenski pide auxilio para el invierno, pero Trump ya “no está seguro” de darle los misiles Patriot

El presidente Volodímir Zelenski solicitó formalmente a su homólogo estadounidense, Donald Trump, un «paquete invernal» de emergencia compuesto por 300 misiles interceptores Patriot para evitar el colapso total de la red eléctrica de Ucrania frente a los bombardeos rusos. Durante una reunión privada en el Despacho Oval de la Casa Blanca, el mandatario ucraniano precisó que la escasez de munición antiaérea es crítica debido a que las oleadas de Moscú —que emplean misiles de crucero Kh-101 y balísticos a una frecuencia de tres a cinco ataques masivos al mes— han dejado a ciudades como Kiev al borde del apagón permanente.

Aunque la Administración Trump aprobó otorgar licencias para que Ucrania fabrique localmente proyectiles de los modelos PAC-2 y PAC-3 en alianza con firmas como Lockheed Martin y RTX, Zelenski advirtió de que la producción nacional tardará entre uno y cinco años en materializarse, por lo que requiere el envío inmediato de 100 interceptores mensuales durante el periodo de frío extremo. No obstante, la Casa Blanca matizó la viabilidad del suministro exprés debido a que los inventarios del Pentágono sufren un fuerte déficit global tras el consumo de casi un tercio de las reservas de Patriot en el conflicto armado entre Estados Unidos e Irán.

Sin embargo, apenas unos días después de que ambos mandatarios escenificaran un acercamiento en la Casa Blanca y de que desde Kiev se interpretara que existía una disposición estadounidense a facilitar la fabricaciónde estos interceptores, Donald Trump ha introducido un importante matiz que cambia el escenario. En declaraciones recogidas por el Financial Times, el presidente estadounidense aseguró que todavía «no está seguro» de conceder esa licencia y que su Administración continúa estudiando la cuestión.

El cambio de tono ha reabierto la incertidumbre sobre uno de los proyectos estratégicos más importantes para Ucrania desde el inicio de la invasión rusa.

Según informaciones publicadas por Axios y otros medios estadounidenses, Zelenski trasladó a Trump que Ucrania necesita alrededor de 300 misiles interceptores Patriot para garantizar la protección de sus infraestructuras eléctricas frente a los ataques rusos previstos durante los próximos meses.

La petición no responde únicamente a una necesidad militar inmediata. Durante los dos últimos inviernos, Rusia ha convertido el sistema energético ucraniano en uno de sus principales objetivos estratégicos mediante campañas coordinadas de bombardeos dirigidas contra centrales eléctricas, subestaciones, líneas de alta tensión y plantas de generación.

Los Patriot representan actualmente la herramienta más eficaz de la que dispone Ucrania para interceptar misiles balísticos rusos, especialmente modelos como los Iskander o determinados misiles hipersónicos cuya destrucción resulta extremadamente compleja con otros sistemas occidentales. Por ese motivo, la disponibilidad de interceptores se ha convertido en un recurso crítico cuya reposición preocupa tanto a Kiev como a sus aliados.

La promesa que ahora queda en el aire

Tras la reunión mantenida recientemente en Washington, Zelenski afirmó públicamente que Trump había aceptado avanzar hacia un modelo de coproducción de interceptores Patriot en territorio ucraniano mediante un sistema de licencias. El propio mandatario ucraniano explicó posteriormente que ya había mantenido contactos con representantes de las compañías estadounidenses Lockheed Martin y RTX (antigua Raytheon), fabricantes del sistema Patriot, con el objetivo de explorar esa posibilidad.

La producción nacional supondría para Ucrania un cambio estratégico de enorme alcance. Reduciría su dependencia del suministro exterior, permitiría acelerar la reposición de interceptores y facilitaría una mayor autonomía industrial en plena guerra. Sin embargo, la realidad técnica resulta mucho más compleja.

Los especialistas del sector de defensa recuerdan que fabricar un misil Patriot no consiste únicamente en ensamblar componentes. Gran parte de la tecnología permanece protegida por estrictos controles estadounidenses sobre exportación de armamento, especialmente los sistemas de guiado, sensores y software que convierten al PAC-3 en uno de los interceptores más avanzados del mundo.

Además, incluso si Washington autorizara la transferencia tecnológica, diversos expertos calculan que levantar una cadena completa de producción podría requerir entre uno y cinco años.

La principal novedad política ha llegado con las recientes declaraciones del presidente estadounidense, quien, al ser preguntado sobre la posibilidad de conceder licencias para fabricar Patriot en Ucrania, respondió que aún no existe una decisión definitiva. «No estoy seguro», afirmó Trump antes de añadir que Washington estudia la cuestión porque se trata de un sistema «extraordinario» cuya tecnología requiere un elevado nivel de protección.

El presidente estadounidense también recordó que Estados Unidos mantiene tradicionalmente una política muy restrictiva respecto a la cesión de licencias para determinados equipos militares de alta sensibilidad, un matiz que supone una diferencia significativa respecto al optimismo mostrado por Kiev tras la reunión bilateral. Esto no implica necesariamente un rechazo definitivo, pero sí refleja que la decisión continúa abierta y sometida a múltiples evaluaciones políticas, industriales y estratégicas.

La escasez también afecta a Estados Unidos

Otro elemento que explica la cautela estadounidense es la propia disponibilidad de interceptores. Diversas informaciones publicadas durante las últimas semanas señalan que el Pentágono ha incrementado notablemente el consumo de munición antimisiles debido a los enfrentamientos en Oriente Próximo, especialmente tras la escalada con Irán y la necesidad de proteger bases estadounidenses y aliados regionales.

Esa situación ha reducido las reservas disponibles y obliga a Washington a priorizar cuidadosamente el reparto de un armamento cuya producción anual continúa siendo limitada, un factor clave considerando que Trump ya había reconocido anteriormente que Estados Unidos también necesita preservar parte de su propio inventario. En ese contexto, conceder tecnología para fabricar Patriot fuera del país implica una decisión que trasciende el apoyo a Ucrania y afecta directamente a la política industrial y de defensa estadounidense.

Para Ucrania, el debate va mucho más allá de recibir un nuevo lote de misiles. La estrategia impulsada por Zelenski busca construir una base industrial capaz de producir parte del armamento occidental dentro del propio país, reduciendo así los tiempos de suministro y aumentando la resiliencia frente a una guerra que ya supera ampliamente los cuatro años.

El Gobierno ucraniano también estudia otras alternativas, incluida la adaptación de determinados misiles nacionales para desempeñar funciones similares a las de los interceptores Patriot, aunque los especialistas advierten de que esa vía presenta importantes limitaciones técnicas.

No obstante, cada nueva oleada de misiles obliga a Ucrania a consumir interceptores de alto coste cuya reposición depende casi exclusivamente de sus socios occidentales. @mundiario