Tragedia en Texas revela el aspecto más penoso del fenómeno migratorio

Una nueva tragedia migratoria ocurrió el domingo 10 de mayo en la ciudad tejana de Laredo, cuando se encontraron seis personas muertas en un contenedor en un patio ferroviario: dos hondureños y cuatro mexicanos.

Los hondureños eran un menor de 14 años y un joven de 24, Denis Isaías Anariba Herrera.

Denis había vivido cinco años en el área de Houston y regresaba a Estados Unidos en un azaroso viaje cruzando México para reunirse con su esposa y su hija de un año en Houston, después de haber sido deportado el 24 de diciembre de 2025. Lamentablemente, el reencuentro familiar no sucedió.

Denis no murió buscando riqueza ni privilegios. Era un joven padre intentando volver con su esposa y su hija pequeña. Murió intentando heroicamente regresar con su familia.

Traficantes sin escrúpulos

La tragedia ocurrida en Laredo muestra de nuevo el aspecto más cruel de la inmigración irregular hacia Estados Unidos. Traficantes sin escrúpulos consideran a seres humanos como una mercancía. Los transportan como carga clandestina, casi siempre en condiciones riesgosas, y en no pocas ocasiones los abandonan a su suerte.

Una de las causas de tragedias como esta es, sin duda, la negligencia criminal por parte de las redes de contrabando humano. Los traficantes, conocidos como “coyotes”, lucran con la desesperación de las personas y frecuentemente exponen a migrantes a condiciones infrahumanas: calor extremo, falta de agua, hacinamiento y abandono. Para ellos, las personas a las que transportan para cruzar la frontera entre México y Estados Unidos son simplemente un negocio. Cuando ocurre una tragedia, los coyotes desaparecen y dejan atrás cadáveres y familias destruidas.

Pero la responsabilidad no se limita únicamente a los traficantes. Hay que preguntarse por qué tantas personas siguen arriesgando la vida en una travesía llena de peligros. ¿Qué puede llevar a una persona, incluso a un menor de edad, a ocultarse dentro de un contenedor, donde puede morir asfixiado o deshidratado, en un intento por cruzar la frontera? La respuesta suele ser la misma: la desesperación.

Las políticas migratorias del gobierno de Donald Trump han causado aún más desesperación. La deportación acelerada, la reducción de las vías legales para solicitar asilo, el clima de miedo permanente entre inmigrantes –tanto indocumentados como con residencia legal e incluso con ciudadanía estadounidense– no han eliminado la inmigración irregular. Lo que han hecho es empujarla hacia rutas más peligrosas. Cuando se cierran puertas legales, cuando se suspenden iniciativas y programas humanitarios, muchas personas desesperadas quedan en manos de traficantes inescrupulosos.

La historia de Denis ilustra precisamente esa realidad. Había vivido durante cinco años en el área de Houston. Tenía esposa, una hija de un año, un trabajo, una vida construida. Fue deportado e 24 de diciembre de 2025 y, como tantos otros, intentó regresar porque su hogar estaba en Estados Unidos. Para muchas personas, la inmigración no se debe a razones ideológicas o políticas. Se debe a razones de reunificación familiar.

Fronteras abiertas

Se afirma constantemente que ningún país puede mantener sus fronteras completamente abiertas, que todo Estado tiene derecho a controlar quién entra en su territorio. El que esto escribe, que nació en Cuba y ha vivido en varios países y en diversas ciudades, piensa que el mundo debe ser un lugar abierto, y que los inmigrantes dan un gran aporte económico y cultural a las sociedades que los acogen. Pero mientras los gobiernos deciden controlar y poner límites a la inmigración, debe tenerse en cuenta que existe una enorme diferencia entre una política migratoria firme y una política deshumanizante. Cuando el discurso político presenta continuamente a los inmigrantes como criminales o invasores –como sucede ahora en Estados Unidos bajo el gobierno de Trump–, se ignora la dimensión humana del fenómeno migratorio. Y cuando las medidas se enfocan únicamente en castigar y expulsar, sin atender las causas profundas ni crear alternativas legales viables, las tragedias se multiplican.

La muerte de los seis migrantes en Laredo no debe verse como un incidente aislado. Es parte de una historia de sufrimiento que se repite una y otra vez en la frontera. Cada migrante encontrado muerto en un contenedor sellado, o en la soledad del desierto, representa el fracaso de un sistema migratorio que sigue normas insensibles, ignora la realidad social y no prioriza la humanidad.@mundiario

Los invito a leer mis novelas El ocaso y La espada macedonia y mi ensayo Biden y el legado de Trump, libros publicados por Mundiediciones.