Taiwán saca fuego y músculo militar frente a China para impresionar a un Trump dubitativo

La decisión de Taiwán de realizar por primera vez ejercicios de fuego real con los sistemas lanzacohetes HIMARS en la costa occidental de la isla constituye mucho más que una simple maniobra militar. La demostración representa un mensaje cuidadosamente calculado dirigido tanto a Pekín como a Washington en un momento en que el Estrecho de Taiwán se ha convertido en uno de los principales focos de tensión geopolítica del planeta.

Las fuerzas terrestres taiwanesas efectuaron una treintena de lanzamientos desde las proximidades de Taichung, simulando un escenario de apoyo de fuego entre distintas regiones de la isla frente a una hipotética agresión exterior. Aunque los proyectiles utilizados fueron versiones de entrenamiento de alcance reducido, el significado político y estratégico del ejercicio supera ampliamente sus efectos militares inmediatos.

El sistema HIMARS, desarrollado por la empresa estadounidense Lockheed Martin, se ha convertido en uno de los símbolos de la guerra moderna debido a su combinación de movilidad, precisión y capacidad de supervivencia. Su notoriedad internacional aumentó tras su empleo por parte de Ucrania contra las fuerzas rusas, donde demostró una notable eficacia para atacar objetivos estratégicos a gran distancia mientras evitaba la localización enemiga gracias a las conocidas tácticas de «disparar y desplazarse».

Para Taiwán, la incorporación de este armamento forma parte de una transformación doctrinal impulsada durante los últimos años. Frente a la imposibilidad de igualar el enorme volumen de recursos militares de China, Taipéi ha optado por una estrategia asimétrica basada en sistemas móviles, precisos y difíciles de destruir. El objetivo no es competir directamente con el Ejército Popular de Liberación, sino elevar considerablemente el coste de cualquier operación militar china contra la isla.

La elección del escenario tampoco es casual. La costa occidental taiwanesa es precisamente la zona que mira directamente hacia el continente y donde numerosos analistas consideran que podrían producirse eventuales intentos de desembarco en caso de conflicto. Que los HIMARS hayan sido desplegados allí por primera vez supone una demostración pública de que Taiwán pretende convertir esas áreas potencialmente vulnerables en espacios fuertemente defendidos.

La importancia de esta maniobra se entiende mejor a la luz de la creciente modernización militar china. Diversos informes estadounidenses sostienen que Pekín ha dedicado décadas a desarrollar capacidades específicas relacionadas con una posible operación sobre Taiwán. Entre ellas figuran ataques masivos con misiles, bloqueos navales, campañas aéreas y, en el escenario más extremo, una invasión anfibia a gran escala.

Las declaraciones realizadas en años anteriores por responsables de inteligencia estadounidenses, que señalaron que Xi Jinping había ordenado a las fuerzas armadas chinas estar preparadas para una eventual operación contra Taiwán hacia 2027, han alimentado aún más las preocupaciones en Taipéi. Aunque ello no implica necesariamente una decisión política de lanzar una ofensiva, sí refleja la prioridad estratégica que la cuestión taiwanesa ocupa para Pekín.

Ante ese contexto, la isla ha acelerado su programa de rearme. El presupuesto de defensa continúa aumentando y el Gobierno taiwanés busca elevar el gasto militar hasta niveles históricamente elevados. La adquisición de HIMARS forma parte de una inversión más amplia destinada a reforzar las capacidades de respuesta rápida y de ataque de precisión.

Sin embargo, la dimensión política del ejercicio es igualmente relevante. Taiwán sigue pendiente de la aprobación definitiva de un paquete de armamento estadounidense valorado en miles de millones de dólares. La cuestión se ha complicado después de que el presidente Donald Trump mantuviera contactos con Xi Jinping y señalara que las ventas de armas a Taiwán constituyen una importante herramienta de negociación en la relación bilateral entre Washington y Pekín.

Esa incertidumbre explica por qué el lanzamiento de los HIMARS también puede interpretarse como un mensaje hacia Estados Unidos. Taipéi busca demostrar que está dispuesto a asumir una mayor responsabilidad en su propia defensa y que las inversiones militares estadounidenses tienen una aplicación práctica inmediata en el fortalecimiento de la capacidad disuasoria de la isla.

El concepto de disuasión se encuentra precisamente en el centro de toda esta estrategia. Taiwán sabe que difícilmente podría derrotar militarmente a China en una confrontación abierta y prolongada. Su objetivo es convencer a Pekín de que cualquier intento de emplear la fuerza tendría unos costes humanos, militares, económicos y políticos tan elevados que acabarían resultando inaceptables.

Por ello, la imagen de los HIMARS disparando frente a las aguas del Estrecho posee una enorme carga simbólica. No se trata únicamente de probar un nuevo sistema de armas, sino de transmitir la idea de que la isla está reforzando su capacidad para resistir, responder y complicar cualquier cálculo militar adversario.

La maniobra refleja además una tendencia más amplia que está transformando el equilibrio estratégico en Asia-Pacífico. Mientras China incrementa sus capacidades militares y mantiene la presión sobre Taiwán mediante patrullas aéreas y navales casi diarias, Estados Unidos continúa fortaleciendo su apoyo a la isla dentro de una competencia geopolítica que trasciende ampliamente el propio Estrecho. @mundiario