El arbitraje condiciona al Deportivo ante el Betis y Riazor sigue siendo una asignatura pendiente

Hay empates que valen más que un punto y empates que, al mismo tiempo, dejan preguntas. El 1-1 entre el Deportivo y el Betis pertenece a las dos categorías. El equipo de Antonio Hidalgo sobrevivió a una primera parte en la que fue claramente inferior, se levantó después del descanso hasta someter a uno de los conjuntos más sólidos del campeonato y encontró en el minuto 87, con Diego Villares, el premio a una reacción que hizo vibrar a Riazor. Pero el partido estuvo condicionado por una decisión arbitral difícil de entender y dejó además una evidencia que el entusiasmo final no debería ocultar: después de cuatro partidos como local, el Dépor solamente ha ganado uno.

La jugada que inevitablemente acompañará al recuerdo de este partido ocurrió inmediatamente después de que Cucho Hernández adelantase al Betis. El delantero colombiano disputó un balón dividido con Ximo Navarro levantando la pierna hasta la altura de la cabeza y acabó impactando con los tacos en el defensa deportivista, que sufrió una brecha. César Soto Grado no apreció inicialmente una acción merecedora de expulsión y el VAR, dirigido por José López Toca, le pidió que acudiese al monitor para revisar una posible tarjeta roja. Después de ver las imágenes, el árbitro mantuvo al goleador bético sobre el terreno de juego. 

​Cucho marcó el 0-1 y minutos después golpeó con los tacos en la cabeza de Ximo Navarro: el VAR llamó a Soto Grado, pero no hubo expulsión

Conviene distinguir entre afirmar que una decisión arbitral condicionó un partido y convertir al árbitro en explicación de todo lo sucedido. El Deportivo tuvo problemas propios, y muy serios, durante los primeros 45 minutos. Pero jugar toda la segunda parte contra diez futbolistas no es lo mismo que hacerlo contra once, especialmente cuando el equipo que debería haberse quedado en inferioridad defendió durante buena parte de ese periodo una ventaja mínima. Por eso la decisión tuvo influencia objetiva sobre las condiciones en las que se desarrolló el resto del encuentro, aunque resulte imposible saber qué habría ocurrido con una expulsión.

También existe, naturalmente, una interpretación contraria. Manuel Pellegrini sostuvo después del partido que la acción no era merecedora de roja porque Cucho fue a disputar el balón y el contacto se produjo como consecuencia de esa disputa. Esa explicación forma parte del debate arbitral. Lo que resulta indiscutible es que el VAR consideró la jugada suficientemente relevante como para enviar a Soto Grado al monitor y que, después de la revisión, el delantero continuó jugando. Riazor, que contempló las imágenes en sus videomarcadores, dictó inmediatamente su propia sentencia desde la grada.

Un Deportivo irreconocible durante media hora

Hasta esa polémica, el problema del Deportivo no había sido el árbitro, sino el Betis y, en buena medida, el propio Deportivo. Hidalgo había revolucionado el once después de la derrota frente al Sevilla. Entre las rotaciones, el virus que afectó al vestuario y la necesidad de repartir esfuerzos, presentó siete novedades. Aubameyang comenzó por primera vez un encuentro desde el banquillo y David Mella entró en el equipo titular. El resultado inicial fue un conjunto sin continuidad, incómodo con la pelota y demasiado vulnerable cuando trataba de construir desde atrás.

El Betis aceptó encantado la invitación. El equipo de Pellegrini se adueñó del balón y obligó al Deportivo a retroceder. Bartra ya pudo marcar a los cuatro minutos con una chilena que exigió la intervención de Leo Román. La posesión verdiblanca llegó a convertirse durante algunos tramos en un ejercicio de paciencia alrededor de un rival que apenas encontraba la manera de atravesar el centro del campo.

El Dépor volvió a demostrar carácter y fútbol, aunque se marcha al parón con una cuenta pendiente: solo ha ganado uno de sus cuatro partidos en Riazor

El Dépor comenzó poco a poco a respirar gracias al empuje de Quagliata y, sobre todo, cuando Mario Soriano encontró espacios para intervenir entre líneas. Pero entonces apareció otro contratiempo. Marc Casadó cayó mal y tuvo que abandonar el terreno de juego lesionado, dando entrada a Diego Villares. Parecía una desgracia más en una tarde complicada. Acabaría siendo una de esas casualidades que cambian el relato de un partido.

El 0-1 llegó en el minuto 43 y resumió buena parte de los problemas deportivistas del primer tiempo. Otra salida defectuosa permitió al Betis recuperar cerca del área y Cucho Hernández resolvió con un disparo seco ante Leo Román. Hidalgo tiene que tabajar más las salidas de balón e incluso los saques de banda; a veces no hay nadie para recibir el balón. El Betis había sido mejor y encontraba finalmente el premio a su superioridad. Apenas después llegaría la entrada sobre Ximo y la revisión que incendió Riazor. Cucho se marchó al vestuario como goleador de un Betis que ganaba 0-1 y regresó para disputar la segunda mitad. 

De dominado a dominador

Lo mejor para el Deportivo fue que no utilizó el episodio arbitral como coartada. Lo convirtió en combustible. Después del descanso apareció otro equipo: más agresivo, más adelantado, más rápido y, sobre todo, mucho más convencido de que podía discutirle el partido a un rival que había gobernado la primera parte.

Las estadísticas explican hasta qué punto cambió el encuentro. El Deportivo terminó acumulando 21 remates por 11 del Betis y lanzó 11 saques de esquina frente a cinco. La posesión global siguió favoreciendo a los visitantes —57% frente al 43%—, pero el paisaje de la segunda mitad tuvo poco que ver con el de la primera. 

Mella dispuso de una ocasión magnífica en un mano a mano que Álvaro Valles resolvió a favor del Betis. Asp Jensen probó suerte, Giménez apareció en el juego aéreo y el Deportivo comenzó a instalarse alrededor del área visitante. Pellegrini entendió el peligro y recurrió a Isco y Bernal para intentar recuperar el control. Hidalgo respondió incorporando a Aubameyang y Luismi Cruz y, más tarde, a Yeremay y Adama. El partido se abrió definitivamente.

Entonces aparecieron los porteros. Leo Román evitó el segundo ante Abde y Valles hizo lo propio en la portería contraria, incluido un remate de Aubameyang que parecía destinado al empate. Natan estrelló además un cabezazo en el larguero. El encuentro había pasado del dominio táctico del Betis a un intercambio en el que podía ocurrir prácticamente cualquier cosa. Y ocurrió lo que seguramente más deseaba Riazor.

Villares, desde Segunda B hasta marcar en Primera

En el minuto 87, Mario Soriano levantó la cabeza y encontró la ruptura de Diego Villares. El capitán atacó el espacio y remató de cabeza para superar finalmente a un extraordinario Álvaro Valles. Era el 1-1 y era mucho más que el 1-1.

Villares representa una parte de la historia reciente del Deportivo que ningún fichaje puede comprar. Estaba cuando el club se batía el cobre lejos de Primera, atravesó los años más duros y continuó cuando el equipo volvió a crecer. Su primer gol en la máxima categoría llegó precisamente cuando atravesaba un inicio de temporada complicado y después de comenzar el partido en el banquillo. De suplente obligado por la grave lesión de Casadó a protagonista del delirio de Riazor.

El empate hizo justicia, al menos, a la extraordinaria segunda mitad deportivista. Álvaro Valles terminó convertido en uno de los mejores futbolistas del Betis, una circunstancia reveladora después de haber vivido prácticamente como espectador durante el primer tiempo. El Deportivo no consiguió completar la remontada, pero terminó el encuentro atacando y celebrando con una grada que volvió a reconocerse en su equipo. El partido reunió a 29.034 espectadores. 

Riazor tiene que dar más puntos

Y ahí aparece la otra lectura de la tarde, quizá menos emocionante pero más importante para el futuro. El Deportivo se marcha al parón internacional después de haber disputado cuatro encuentros de Liga en Abanca Riazor y haber ganado solamente uno. Para un recién ascendido, es un balance pobre.

El dato adquiere todavía mayor importancia porque contrasta con el extraordinario rendimiento conseguido lejos de A Coruña. Esa capacidad competitiva como visitante es una de las mejores noticias del comienzo de temporada, pero difícilmente puede convertirse en la base permanente del proyecto. Los equipos que regresan a Primera suelen necesitar que su estadio funcione como refugio cuando llegan los meses difíciles, las lesiones, las malas rachas o los partidos en los que la diferencia de calidad obliga a arañar puntos desde la intensidad.

Riazor reúne todos los ingredientes para desempeñar ese papel. Ante el Betis volvió a demostrarlo. Casi 30.000 personas transformaron una segunda parte adversa en un ambiente extraordinario y empujaron al equipo cuando más lo necesitaba. La identificación entre grada y jugadores continúa siendo uno de los activos más poderosos de este Deportivo. Precisamente por eso hace falta traducirla en victorias.

No se trata de exigir a un recién ascendido que domine en casa a equipos construidos para competir en Europa. El Betis llegaba a A Coruña en un excelente momento y el empate le permite alcanzar los 16 puntos, igualando uno de los mejores arranques de su historia reciente. Se trata de comprender dónde estará una de las claves de la temporada. Los magníficos resultados como visitante pueden proporcionar oxígeno; Riazor debería proporcionar estabilidad.

El Dépor llega al parón con diez puntos, una sola derrota y argumentos suficientes para pensar que puede competir en Primera. Ha demostrado que sabe ganar fuera, que puede reaccionar ante rivales superiores y que dispone de un banquillo capaz de cambiar partidos. Contra el Betis añadió otra virtud: no rendirse cuando casi todo parecía haberse puesto en contra.

También se marcha con dos advertencias. La primera pertenece exclusivamente a este domingo: una decisión arbitral de enorme trascendencia permitió que el autor del 0-1 siguiera sobre el campo después de una acción que el propio VAR consideró merecedora de revisión. La segunda importa mucho más porque afecta a toda la temporada: Riazor todavía no es el fortín que el Deportivo necesita.

La tarde acabó con Villares celebrando frente a una grada entregada y con la sensación de que el empate sabía casi a victoria. Está bien que así sea. Hay puntos que construyen confianza. Pero cuando vuelva la Liga, el siguiente paso deberá ser transformar esa comunión entre el equipo y Riazor en algo mucho más prosaico y decisivo: puntos. Porque para permanecer en Primera no basta con que Riazor emocione. Tiene que ganar partidos. @mundiario