Crisis total en el Real Madrid tras caer ante el Atlético con Vinicius hundido

El coliseo del Metropolitano volvió a erigirse en la pesadilla recurrente de un Real Madrid que navega sin brújula por el campeonato doméstico. La escuadra dirigida por José Mourinho hincó la rodilla por dos tantos a uno frente a un Atlético de Madrid implacable en las áreas. Las dianas de Alejandro Grimaldo desde los once metros y del canadiense Jonathan David dejaron noqueado al cuadro de Chamartín en una batalla de trincheras. Más allá del condicionante táctico que supuso la expulsión de Dean Huijsen, el conjunto merengue evidenció grietas estructurales alarmantes que van mucho más allá de un marcador puntual.

El mal endémico de este vestuario reside en una alarmante incapacidad competitiva para sostener el pulso durante los segundos actos de los encuentros. La falta de empaque colectivo condena a los blancos a vagar por un laberinto de incertidumbres en cuanto el rival incrementa la agresividad en los duelos. Mourinho asiste con evidente perplejidad al derrumbe físico y táctico de un plantel diseñado para mandar, pero incapaz de replegar con rigor cuando el cronómetro aprieta. El desplome de la medular y las desconexiones atrás transforman cada repliegue en una ruleta rusa inadmisible para la jerarquía del escudo.

En mitad de ese naufragio de ideas, el preparador portugués tomó una decisión drástica que retumbó en los cimientos del coliseo colchonero al sentar a Vinicius Júnior. Con el marcador en contra y la necesidad imperiosa de recortar distancias con un hombre menos, el señalado de la tarde fue el atacante brasileño. El técnico luso disponía de alternativas diversas para reajustar el dibujo, pero prefirió prescindir de su cromo mediático más rutilante. La sustitución constató una realidad palmaria que el madridismo no puede maquillar: su paso por el choque vecinal fue una intrascendente travesía por el desierto.

El crédito del astro carioca se evapora a marchas forzadas en los despachos nobles de Concha Espina ante la falta de rentabilidad sobre el césped. Reducir su momento de crisis a una mera sequía realizadora supondría un análisis simplista y desenfocado de la decadencia de su fútbol actual. La alarma real brota de una alarmante deficiencia física que le impide arrancar con potencia, desbordar en carrera o trazar aquellas diagonales eléctricas que descosían defensas enteras. Su incapacidad manifiesta para desequilibrar en el uno contra uno convierte su presencia en un tapón estéril para las transiciones.

A esa falta de chispa con el balón en los pies se añade un desinterés defensivo que desquicia a la caseta en las tardes de barro y brega liguera. A sus veintiséis años, en plena madurez teórica de su carrera, el atacante parece haber involucionado hacia aquella versión bisoña e imprevisible del curso 2018. Aquella desconexión táctica y su falta de criterio en los metros calientes han regresado para desesperación de un entrenador que no regala indultos por currículum. Cuando la estrella renuncia a morder en la presión colectiva, el engranaje defensivo de Chamartín queda expuesto sin remedio alguno.

El abismo competitivo del ataque merengue

La urgencia por rescatar la mejor versión del extremo se convierte en una cuestión de supervivencia inmediata para el proyecto del técnico de Setúbal. El Real Madrid carece actualmente de alternativas en vanguardia capaces de asumir el liderazgo emocional y la cuota de intimidación que demanda el escudo. Si la referencia ofensiva no recupera la voracidad competitiva, la campaña amenaza con despeñarse prematuramente en todas las competiciones oficiales. Mou necesita recuperar al futbolista diferencial que tiranizaba las zagas continentales, so pena de afrontar una travesía durísima en el banquillo del Bernabéu.

El vestuario blanco asiste con resignación a una dinámica corrosiva donde las viejas jerarquías ya no alcanzan para intimidar al eterno enemigo ciudadano. El Atlético de Simeone castigó cada una de las flaquezas merengues con un orden marcial y una suficiencia física que avergüenza a la hinchada visitante. La superioridad rojiblanca no fue una cuestión meramente táctica, sino de espíritu combativo en cada balón dividido sobre el tapete. Mientras los locales se arrojaban al verde como guerreros solidarios, los de Mourinho exhibían una indolencia impropia de una cita de semejante envergadura.

La afición empieza a inquietarse ante la sangría de puntos y la alarmante falta de pegada mostrada en las grandes citas del calendario. El derbi de la capital acostumbra a ejercer de termómetro implacable para evaluar las costuras de la plantilla antes de que sea tarde para rectificar. Las miradas apuntan directamente hacia la parcela física y la gestión del esfuerzo de unas estrellas que parecen rendir a medio gas. En Chamartín la paciencia cotiza a la baja y el crédito acumulado en el pasado reciente no bastará para amortiguar la tormenta.

El calendario no ofrecerá un segundo de tregua para recomponer el desaguisado y cicatrizar las heridas abiertas en el feudo de San Blas. La afición del Santiago Bernabéu aguarda en su templo con el ceño fruncido y la memoria fresca, dispuesta a fiscalizar cada movimiento sobre el césped con la máxima exigencia. El público perdonará una noche aciaga de fútbol espeso, pero jamás tolerará la apatía y la rendición incondicional de quienes visten la camiseta blanca. Los futbolistas señalados deberán dar un golpe de orgullo de inmediato si pretenden frenar el linchamiento popular.

El desenlace del campeonato se antoja una quimera inalcanzable si la caseta madridista no espabila y asume que el talento sin sacrificio es papel mojado. El examen del Metropolitano ha dejado al descubierto a un rey desnudo que fía toda su suerte a individualidades desfondadas y desconectadas de la causa colectiva. José Mourinho tiene por delante la titánica tarea de sacudir las conciencias de un vestuario aburguesado antes de que el fuego devore la temporada. El futuro del club pasa ineludiblemente por meter en vereda a sus primeros espadas o sentarlos en la grada sin contemplaciones. @mundiario