CUANDO TRABAJAMOS EN SILENCIO.

 

Mateo 6:1-4 y 16-18.

Po el Pastor:  Héctor E. Contreras.   hector.contreras26@gmail.com

 

Como pastor, guía espiritual y en ocasiones consejero, son muchas las personas que se me acercan buscando dirección y orientación,  no solo espiritual, sino en otros ámbitos de la vida diaria. Ahora bien, lo más impactante del ministerio que Dios me ha dado para servir, lo más importante de todo lo que ofrezco, es la oración. Soy un bendecido del Señor cuando alguien me llama para el servicio como siervo del Dios Altísimo. La oración es el recurso más poderoso que existe para cualquier persona que tema a Dios, porque nuestro Señor siempre tiene la respuesta para la intercesión delante de su altar santo. La oración es algo único entre Dios y la persona; por tanto, por eso digo que es imposible que Dios no preste atención a lo que llevamos delante de Él, siempre para beneficio de nuestras vidas y para de esta forma, si se obtiene lo que se pide, esto nos lleva a exaltar su grandeza, su nombre y por ende, ser agradecidos. 

 

Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres; de cierto que ya tienen su recompensa. Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público”, Mateo 6:2-4. En estos versos sobresale la palabra “hipócrita”, es una palabra que a nadie en absoluto le gusta que le digan. Hipócrita, del griego “hipokrites”, era utilizada mucho en los tiempos del Señor para los días bíblicos y los actores se cubrían el rostro con una máscara, incluyendo un dispositivo interno para amplificar la voz, describiendo así un diálogo que era llamado “Hupokrinomai”, que es igual a réplica o contestar. En otras palabras, la hipocresía no es más que un acto teatral. El verso uno de este capítulo dice: “Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos”.

 

Cuando Jesús dice “no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha”, quiere significar que nuestros motivos para dar deben ser puros. Es fácil dar con motivos mixtos, hacer algo en favor de alguien si nos va a beneficiar en alguna manera. Para dar se debe evitar todo artificio y dar solo por la satisfacción de dar y así responder al amor de Dios. ¿Cuál es tu motivación al dar? ¿Buscas ser reconocido, alabado, exaltado por dar algo? Nunca tal acontezca en tu vida.

 

Es muy fácil dar por reconocimiento y alabanzas. Para asegurarnos de que nuestros motivos no sean egoístas, deberíamos realizar nuestras buenas obras quieta y silenciosamente, sin esperar recompensa. Jesús dice que debemos revisar nuestros motivos en cuanto a la generosidad. Nuestras obras nunca deben ser egocéntricas, sino teocéntricas, y no para hacernos lucir bien, sino para exaltar a Dios. La recompensa que Dios promete no es material y nunca se da a los que la buscan. Hacer algo solo para que seamos reconocidos, no es un sacrificio de amor. Cuando se te presente la oportunidad de realizar una buena obra, debes preguntarte: ¿Haría esto aunque nadie lo supiera?

 

Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él”, Colosenses 3:17. “Hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús”, significa dar honor a Cristo en cada aspecto y actividad de nuestro diario vivir. Como hombre o mujer de Dios, debes representar a Cristo siempre, donde quiera que vayas o en lo que digas o hagas. ¿Qué impresión tiene la gente de Cristo cuando lo ven o hablan con usted? “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo, no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros”, Filipenses 2:3-4. La ambición puede arruinar una congregación, un grupo, aún a empresas, pero la humildad genuina puede edificarlas. Ser humilde significa tener una clara perspectiva de nosotros mismos. Esto no debe llevarnos a que debamos derrumbarnos, sino fortalecernos en el poder de su gracia en cada uno de nosotros. Ante Dios somos pecadores, salvos solo por su gracia; pero somos salvos y por tanto, tenemos gran valor en el reino de Dios. Debemos apartar el egoísmo y tratar a los demás con respeto y mucho amor. 

Considerar los intereses de los demás como más importante que los nuestros nos une a Cristo Jesús, quien fue el verdadero ejemplo de humildad. Nuestra labor en favor de los demás, debe ser en silencio, solo entre Dios y nosotros. 

 

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”, Efesios 2:8-10. Cuando alguien le da un regalo, diría usted: ¡qué hermoso regalo! ¿cuánto le debo? No, la palabra apropiada es: “Gracias”. Podemos llegar a ser cristianos al confesar a Jesucristo, solo por la gracia y misericordia de Dios, nunca como el resultado de algún esfuerzo, habilidad, elección sabia o acto de servicio a otros de nuestra parte. Sin embargo, como gratitud de este regalo,  buscamos servir y ayudar a otros con amor y benevolencia y no simplemente para agradarnos a nosotros mismos. Ninguna acción u obra nos puede ayudar para obtener nuestra salvación. La intención de Dios es que nuestra salvación resulte en obras de servicio. No somos salvos para nuestro propio beneficio, sino para el de Él, el de Dios, para glorificar su glorioso nombre. 

 

Cuando ayunes, no seáis austeros, como los hipócritas; porque ellos demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan; de cierto os digo que ya tienen su recompensa”, Mateo 6:15-16. El ayuno es no tomar alimentos con un propósito; este puede ser la oración, o simplemente, en ocasiones, por salud. ¿Sabías esto? Muchas veces debemos abstenernos de tomar ciertos alimentos por razones de salud, llevando nuestros cuerpos al sacrificio con la finalidad de recibir sanidad de alguna dolencia. En mi experiencia cristiana, son muchas las ocasiones en que me he visto en la necesidad del ayuno y la oración, porque la unificación de estos elementos espirituales son armas poderosas en Dios para salir airosos en cualquier situación. Ahora bien, la enseñanza de nuestro Señor Jesucristo es que no lo hagamos como algo personal que nos lleve a exhibir lo que hacemos a los demás, nunca tal acontezca. Recordemos siempre que, nuestro obrar debe ser con intención y propósitos de servir a Dios. 

 

Concluyendo dejo con ustedes el siguiente testimonio, el cual espero sirva de soporte de lo escrito más arriba, veamos: Charles Spurgeon y su esposa vendían los huevos que sus gallinas ponían y se negaban a regalar ni siquiera una unidad y decían: “si los quieren, tienen que pagar”. Los vecinos y amigos les bautizaron con el mote de: “Codiciosos y avaros”. Al pasar el tiempo, la que fue esposa por muchos años del evangelista, Spurgeon, falleció y fue entonces que descubrieron que con la venta de los huevos ellos cubrían las necesidades de dos ancianitas viudas. De sus labios nunca salió una palabra de lo que hacían. 

Que la bendición del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo viva en cada vida, ahora y siempre. ¡Sean bendecidos grandemente

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