Josué 6:12-16.
Por el Pastor: Héctor E. Contreras hector.contreras26@gmail.com
Alemania Oriental levantó una pared de hormigón armado de 43 kilómetros que recorría toda la ciudad. Estaba formado por dos paredes paralelas con torres de vigilancia y separadas por una franja que la llamaban “Franja de muerte”. Era vigilada con perros de ataque, minas, alambres de púa y varios obstáculos diseñados para prevenir el escape. Los soldados de la Alemania Oriental tenían orden de disparar a matar si veían a un fugitivo. Se dice que, entre el año 1961 al 1989, más de 5000 personas lograron escapar; también perdieron la vida unas 140 al intentar el escape. Dice la historia, que la noche del 9 de noviembre de 1989, Gunter Schabowski, funcionario del partido de Berlín Oriental anunció inminentes reformas de viajes en respuesta a las protestas iniciadas por el pueblo, siendo abiertas las puertas por la confusión que reinaba en los guardias que cubrían sus fronteras. Se dice que en menos de un mes después de aquella revuelta del pueblo, la RDA colapsó completamente, llevando a la reunificación del pueblo alemán en el año 1989.
“Y Josué se levantó de mañana, y los sacerdotes tomaron el arca de Jehová. Y los sacerdotes, llevaban las siete bocinas de cuerno de carnero, fueron delante del arca de Jehová, andando siempre y tocando las bocinas; y los hombres armados iban delante de ellos, y la retaguardia iba tras el arca de Jehová, mientras las bocinas tocaban continuamentes”, Josué 6:12-13. Dice este mismo capítulo que, durante seis días hicieron lo mismo; rodear la ciudad, tocar las trompetas y nada más. Anteriormente, el líder escogido por Dios para guiar al pueblo a la conquista de esta ciudad, Josué, había ordenado al pueblo a estar en silencio, veamos lo que dice Josué: “Y Josué mandó al pueblo diciendo: Vosotros no gritaréis, ni se oirá vuestra voz, ni saldrá palabra de vuestra boca, hasta el día que yo os diga: ¡Gritad!, entonces gritaréis”, Josué 6:10. ¡Cuán difícil es estar callado, estar en silencio! ¿Por qué razón pidió Josué silencio al pueblo? El tenía la experiencia del pasado, mientras el pueblo cruzaba el desierto de las quejas y murmuraciones que se levantaron en contra del líder de entonces, Moisés.
En su mente anidaba el recuerdo de 40 años de castigo en su recorrido en el desierto candente debido a la rebeldía del pueblo. David escribió lo siguiente: “Guarda silencio ante Jehová, y espera en Él. No te excites en manera alguna a hacer lo malo. Porque los malignos serán destruidos. Deja la ira, y desecha el enojo; No te excites de manera alguna a hacer lo malo. Porque los malignos serán destruidos, Pero los que esperan en Jehová, ellos heredarán la tierra”, Salmo 37:7-9. En estos versos están parte de los muros que nosotros mismos debemos derribar; guardar silencio, en ocasiones hablamos mucho, no excitarse en hacer lo indebido, dejar a un lado la ira, desechando el enojo, procurando no hacer lo indebido; es decir, hacer lo malo y por último, esperar en Dios.
La directriz de Josué sobre mantenerse en silencio, constituye una advertencia para nosotros en este tiempo. Cuando confrontes grandes retos, no permitas que tus labios pronuncien palabras incrédulas. No te atrevas a pronunciar palabras desmoralizadoras. ¡Las palabras pueden atar y desatar, de ahí la orden de guardar silencio! No podemos decidir lo que vemos o escuchamos, pero la renuncia a manifestar la duda o temor inclinará nuestros corazones hacia lo que Dios puede hacer por nosotros. “Si neciamente has procurado enaltecerte, O si has pensado hacer mal, Pon el dedo sobre la boca. Ciertamente el que bate la leche sacará mantequilla, Y el que recio se suena las narices sacará sangre; Y el que provoca la ira causará contienda”, Proverbios 30:32-33. Sinceramente, mis amados del Señor, sin duda alguna, la ira suscita violencia, ya sea verbal o física.
“Al séptimo día se levantaron al despuntar el alba, y dieron vuelta a la ciudad de la misma manera siete veces; solamente este día dieron vuelta alrededor de ella siete veces. Y cuando los sacerdotes tocaron las bocinas la séptima vez, Josué dijo al pueblo: ¡Gritad! Porque Jehová os ha entregado la ciudad”, Josué 6:15-16. La estrategia no convencional sugerida por Dios incluía caminar en silencio y esperar. Esta peculiar marcha, repetida día tras día, sin aparentar resultados a la vista, constituía una prueba a la obediencia y confianza de parte del pueblo. También era una evidencia del poder de los símbolos utilizados en los servicios a Dios, como demuestra con el desfile del arca y el continuo toque de las trompetas.
“Espera en Jehová, y guarda su camino. Y Él te exaltará para heredar la tierra; Cuando sean destruidos los pecadores, lo verás”, Salmo 37:34.
“Entonces el pueblo gritó, y los sacerdotes tocaron las bocinas; y aconteció que cuando el pueblo hubo oído el sonido de la bocina, gritó con gran vocería, y el muro se derrumbó. El pueblo subió luego a la ciudad, cada uno derecho hacia adelante y la tomaron”, Josué 6:20. Quiero recordar a los lectores de estos mensajes, lo siguiente: Después de cruzar el río Jordán, los israelitas comenzaron la conquista de Canaán. Jericó fue la primera ciudad en caer. Después Israel sufrió su primera derrota por causa de la desobediencia de un hombre. Luego de quitar aquel pecado del centro de su comunidad, vuelven a atacar, y esta vez salen victoriosos. Pronto se ven atacados desde el norte y el sur por grandes y poderosos reyes, pero estos son derrotados porque Dios estaba con Israel, su pueblo. La maldad no se puede tolerar en la tierra prometida, ni se puede tolerar en nuestras vidas. Como el pueblo hebreo ayer, te invito a que te deshagas de todas las murallas que te impidan tener una relación íntima con Dios por medio de Jesucristo su Hijo y así puedas llegar al lugar donde te has propuesto llegar, no por tus propias fuerzas, sino con el poder del Espíritu Santo de Dios.
En las alemanias desunidas, hubo un hombre que originó la estampida de una hacia la otra; luego de esto, el pueblo se rebeló y dio inicio para derribar las murallas que las dividían, tomando en sus manos mandarias y martillos para tratar de tumbar lo que separaba a ambos pueblos. En el caso del pueblo de Dios, Israel y su líder, me surgen algunas preguntas: ¿Fueron los toques de cuernos y bocinas, las vueltas que dio el pueblo durante los primeros seis días y las siete vueltas en el séptimo día, el grito del pueblo al recibir la orden de Josué que derrumbaron las murallas de Jericó? Ninguno de estos acontecimientos tuvieron que ver con la caída de los muros de la ciudad. ¡Fue el poder de Dios! Mis amados del Señor. Es lo único que te puede transformar a su imagen y semejanza, su poder. El título de este mensaje trata sobre murallas a derribar y en nosotros existen muuuuchas murallas que debemos derribar por nosotros mismos, nunca por nadie más.
Orgullo, soberbia, desobediencia, altivez, pasiones desordenadas, carnalidad, idolatría, hechicería, celos, ira, contiendas, envidias, homicidios, borracheras, orgías, mentiras y muchas cosas más.
Todas estas son murallas que tienes que derribar en tu vida, para que puedas lograr la plena libertad que viene de Dios por medio de Cristo Jesús.
En el salmo 18, su autor, que es David, escribió lo siguiente: “Jehová me ha premiado conforme a mi justicia; Conforme a la limpieza de mis manos me ha recompensado”, Salmo 18:20. La declaración sobre “mi justicia”, no son palabras de arrogancia, sino de inocencia e integridad, tomando en cuenta el mal recibido por el rey Saúl.
“Con el misericordioso te mostrarás misericordioso, Y recto para con el hombre íntegro. Limpio te mostrarás para con el limpio, Y severo serás para con el perverso”, Salmo 18:25-26. Estos versos nos indican que, uno es guiado por el mal camino en el pensamiento, a sospechar y sacar conclusiones erróneas y sobre esta base uno mide, pesa y dibuja el desagrado de Dios sobre su vida, así uno nunca llega a conocer al Dios de David. Para David todo era brillantemente claro. ¿Cómo puedo ver mis situaciones, mis semejantes, mis hermanos, incluso a Dios? La mancha oscura que vemos en nuestras situaciones a menudo refleja una mancha oscura similar en nuestro propio corazón. Esto no sucedía en el corazón de David, por eso Dios pudo unirse a él completamente en su gran poder. David fue llevado de victoria en victoria. “En cuanto a Dios, perfecto en su camino”, Salmo 18:30. En David no existía la queja, tampoco la insatisfacción.
“Contigo desbarataré ejércitos, Y con mi Dios, asaltaré muros”, Salmo 18:28. Los alemanes derribaron el muro de la vergüenza ellos mismos, las murallas de Jericó fueron derribadas por el poder de Dios y David proclama que con su Dios desbaratará ejércitos y asaltará los muros. Te invito a saltar los muros que estorban tu andar, en el nombre de Cristo Jesús
En tí está la decisión de deshacerte de los muros que te impiden avanzar; puedes hacerlo por tí mismo, por tu propia decisión, confesando a Jesucristo como tu Señor y Salvador, despojándote de todo y lanzándote a los brazos de tu Salvador. Contrario al pueblo alemán, que inició el derribo de las murallas por sí mismo. En Dios sólo tienes que guardar silencio, esperar en Él, para que en el nombre de Jesús derribes todo impedimento.
Dios está por tí, solo debes guardar silencio y esperar, porque Él tiene la respuestas que esperas.




